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El 30 de abril de este año, exactamente 42 días antes del comienzo del Mundial, Gianni Infantino anunció ante el 76.º Congreso de la FIFA que se presentaría a la reelección en 2027. La tarde anterior había inaugurado la Concacaf House, una activación temporal para hinchas y visitantes pensada para mostrar la identidad de las 41 asociaciones que integran esa confederación a través del fútbol, la cultura y distintas actividades interactivas. El corte de cinta junto a Victor Montagliani, presidente de Concacaf, dejó una foto que entonces parecía sintetizar la cercanía política entre ambos. Infantino era, a esa altura, el único candidato declarado a gobernar el fútbol mundial por un nuevo período. Poco más de tres meses después, su continuidad por primera vez parece correr peligro.
La “carta abierta a la familia del fútbol” publicada este lunes de manera conjunta por la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) representa un nuevo golpe a sus aspiraciones. Entre las tres reúnen 136 de las 211 asociaciones con voto en FIFA, el 64,5%. Si lograran unir esos votos detrás de un solo candidato, alcanzarían la mayoría en una elección mano a mano. Y, en medio de la crisis, hasta empezó a mencionarse una alternativa todavía más extrema: la convocatoria a un Congreso Extraordinario.
Después de aquel congreso de Vancouver, 50 de las 55 asociaciones miembro de UEFA habían enviado cartas respaldando la candidatura de Infantino. Las únicas cinco que quedaron al margen de ese apoyo fueron Alemania, Rumania, Noruega, Dinamarca y Suecia. Inglaterra, Gales, Serbia y Finlandia, entre muchas otras que ahora tomaron distancia del presidente de la FIFA, sí le habían dado inicialmente su aval. Serbia, por ejemplo, formalizó su adhesión el 25 de mayo y la retiró el 3 de agosto; Noruega, en tanto, ya pidió abiertamente su dimisión.
Para el 17 de julio, todavía durante el Mundial, más de 200 de las 211 federaciones habían enviado cartas de apoyo. Sin embargo, episodios como la decisión de la FIFA de suspender la sanción que debía cumplir el estadounidense Folarin Balogun luego de su expulsión ante Bosnia, lo que le permitió jugar el partido siguiente ante Bélgica tras una intervención de Donald Trump, y, sobre todo, la intención de abrir a capitales privados hasta un 20% de una nueva sociedad que concentraría buena parte de los negocios comerciales del organismo, con Thrive Eternal, un fondo impulsado por la firma fundada por Joshua Kushner, hermano del yerno del presidente de Estados Unidos, entre los potenciales inversores, terminaron por quebrar la relación con las conducciones de tres de las seis confederaciones.
“Cuando la confianza se rompe mediante el engaño, cuando un individuo se coloca por encima del colectivo que le confió la autoridad, ese deber ha sido abandonado”, sostiene el texto firmado por Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA; Salman bin Ibrahim Al Khalifa, titular de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC); y Victor Montagliani, presidente de Concacaf. Y la presión sumó este lunes otro capítulo: la Asociación Transparencia y Democracia en el Deporte, encabezada por el español Miguel Galán, presentó una denuncia ante la Comisión de Ética de FIFA por distintos episodios de la gestión de Infantino, entre ellos FFE y el caso Balogun.
An open letter to the football family from AFC, CONCACAF and UEFA: ⬇️https://t.co/8sjedkOyJA pic.twitter.com/OvskyoggYv
— UEFA (@UEFA) August 10, 2026
La Concacaf nuclea también a la federación estadounidense, que, si bien no aparece como firmante de la carta de este lunes -el documento lleva las rúbricas de los presidentes y secretarios generales de las tres confederaciones-, sí se sumó a Canadá, la Unión Caribeña de Fútbol y la Unión Centroamericana de Fútbol para reclamar “cambios significativos” que permitan “fortalecer la gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas” de la FIFA.
El miércoles pasado, en Rabat, Infantino convocó una “reunión de crisis” de la cúpula administrativa de la FIFA. Allí se reconocieron errores en la forma de llevar adelante el proyecto, se admitió que el Consejo y las 211 asociaciones podían haberse sentido excluidos del proceso, se ofrecieron disculpas mediante una carta y ordenó una revisión interna cuyo informe deberá ser presentado al Consejo. Sin embargo, no fueron invitados representantes de las federaciones -por ejemplo, la AFA- ni miembros del Consejo de la FIFA, el órgano político integrado por 37 dirigentes: el presidente, ocho vicepresidentes y otros 28 representantes. Entre los vicepresidentes están justamente Čeferin, Salman y Montagliani.

Si bien las federaciones no necesariamente terminan votando en bloque -la Federación Mexicana de Fútbol Asociación, por ejemplo, se desmarcó públicamente de la posición de Concacaf y respaldó a Infantino-, el escenario cambió por completo en pocas semanas. El respaldo institucional más sólido proviene de África: la CAF, que con 54 miembros es la segunda confederación más numerosa detrás de la UEFA, ratificó de manera unánime su respaldo a la reelección. El bloque está presidido por Patrice Motsepe y cuenta con dirigentes de peso como el marroquí Fouzi Lekjaa, Hany Abo Rida, de Egipto; Hamidou Djibrilla, de Níger, y Ahmed Yahya, de Mauritania.
La Conmebol, la menos numerosa de las seis confederaciones con apenas diez votos (entre ellas, Argentina), se mantuvo del lado de Infantino y varias de sus federaciones salieron directamente a respaldarlo. Argentina envió la semana pasada una carta en la que marcó que la idea es seguir trabajando bajo su liderazgo; también Paraguay, Ecuador y Bolivia expresaron su apoyo. Oceanía, en cambio, hoy no puede computarse como un bloque de once votos a favor: la OFC todavía no tomó una posición común y Nueva Zelanda cuestionó con dureza el proyecto privatizador de Infantino.
El estatuto de la FIFA permite que un mismo presidente tenga hasta tres mandatos de cuatro años, sean consecutivos o no. Infantino ya transitó tres etapas al frente del organismo: asumió en 2016 y fue reelegido en 2019 y 2023. Sin embargo, el período entre 2016 y 2019, cuando completó el mandato de Joseph Blatter tras su salida en medio del escándalo de corrupción que sacudió a FIFA en 2015, no ingresa en el cómputo. Por eso, si vuelve a ganar en 2027, estará habilitado para cumplir un último período hasta 2031, cuando habrá permanecido más de 15 años al frente del fútbol mundial.
Para competir contra Infantino también hay que cumplir una serie de requisitos. El candidato debe haber desempeñado un papel activo en el fútbol durante al menos dos de los cinco años anteriores a su postulación -como jugador o dirigente de FIFA, una confederación o una asociación, entre otras funciones-, conseguir el respaldo escrito de al menos cinco federaciones y superar el control de elegibilidad de la FIFA. Las candidaturas deben presentarse con una anticipación mínima de cuatro meses: como la elección se realizará el 18 de marzo de 2027 en Marruecos, el plazo vence el 18 de noviembre.
Hoy, Infantino sigue siendo el único candidato, aunque ya circulan varios nombres: Victor Montagliani, presidente de la Concacaf, evalúa desafiarlo; Aleksander Čeferin, titular de la UEFA, se convirtió en su principal adversario político; Salman bin Ebrahim Al Khalifa, presidente de AFC y vicepresidente senior de la FIFA, ya perdió contra él en la elección de 2016; Nasser Al-Khelaifi, presidente de PSG, es uno de los dirigentes que algunos sectores europeos ven como una posible opción de consenso, y Lise Klaveness, presidenta de la federación noruega y una de las voces más críticas de las últimas semanas, también comenzó a ser mencionada como alternativa.
Hay otra vía: que se logre destituir a Infantino a través de un Congreso Extraordinario. Para eso, se precisaría el aval de la quinta parte de los 211 países integrantes de la FIFA: 43. Si bien la UEFA, con sus 55 asociaciones, podría llegar por sí sola a ese número, luego se necesitaría la mitad más uno de los votos para sacar a Infantino, por lo que también debería sumar aliados de otras confederaciones. De conseguir las firmas necesarias, el proceso tampoco sería inmediato: el estatuto establece que el Congreso debe realizarse dentro de los tres meses siguientes al pedido.
En apenas tres meses, Infantino pasó de tener una reelección casi asegurada a enfrentar la mayor crisis política de su gestión. Por primera vez los números no le cierran. Y ahora deberá salir a buscarlos.

