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Se siente cómodo en su flamante departamento de Caballito. Se siente a gusto un poco alejado a la vorágine del juego de la pelota, junto con Noé, su novia y un grupo de amigos. Tiene espacio y tiempo para dejar en un rincón su mágica zurda, la de San Lorenzo líder del Apertura junto con Independiente, y añorar aquella infancia en su Comodoro Rivadavia natal. "Jugábamos a la pelota, la única que teníamos, en las calles de tierra, vestidos hasta con bufanda, porque el viento, allá, es impresionante", cuenta Pablo Barrientos, la necesaria cuota de ingenio en un equipo serio, práctico y efectivo. "Llegué a los 13 años a Buenos Aires y, la verdad, no lo podía creer: las luces, las avenidas, todo. Pero salíamos poco, porque casi todo el día estábamos en la pensión del club", aporta, con nostalgia, el Pitu Barrientos. Pitu, por Pitufo, porque jugaba en un equipo de barrio vestido de azul, y era el más chico de un conjunto de adolescentes.
"Tenemos hambre de gloria. Llegaron refuerzos de experiencia, que nos hicieron entender que no podemos conformarnos. Que no podíamos quedarnos estancados", cuenta Barrientos, un día después del triunfo por 1 a 0 contra Estudiantes, en La Plata. El amigo íntimo de Ezequiel Lavezzi en tiempos recientes y de Jorge Ortiz, desde épocas pasadas. "San Lorenzo va a dar pelea hasta el final. Y la gente puede entusiasmarse porque estamos muy bien", sostiene el hábil volante, que hizo todas las inferiores como clásico N°10 y que admira a Román Riquelme.
"Ojalá que me parezca unos minutos algún día", expresa, con timidez, el protagonista que ahora corre y juega por el sector izquierdo, un ejemplo de los modernos equipos que viven sin enganche.
Su propia historia le exige espacio a San Lorenzo. Se suelta más, abandona por un rato la timidez, mientras cuenta, sentado en un sillón del living, algunos secretos de la torta que cocinó minutos atrás. "Me cuesta cocinar, me cuesta lavar la ropa. Por suerte, cuando viene mi mamá hace lo suyo", dice, con una sonrisa, mientras espera con ansiedad un próximo doble día franco para volar al Sur, en donde mamá Carmen, una ex empleada doméstica, y papá Hugo, un ex empleado de una petrolera, lo esperan, como una bendición de todos los viernes, con los clásicos platos, como el cordero patagónico y los mejillones a la provenzal.
"Ya estoy adaptado a Buenos Aires; la primera vez que vine, parecía que había llegado a otro país. Pero en San Lorenzo me hicieron sentir cómodo; los hinchas, los jugadores, todos. Es un grande en serio y merece estar en la lucha por el título siempre. Vamos a tratar de lograrlo", cuenta Barrientos, entre mate y mate, el pibe fanático del Play Station, el hermano menor de Hugo, el volante de Instituto.
"Existe una unión muy linda en el plantel. Y este arranque nos da tanta responsabilidad como confianza. San Lorenzo es candidato; primero, porque es un grande y después, porque es un equipo que puede crecer mucho más", señala Barrientos, mientras le hace una gambeta al estudio del primer año de historia, una cuenta pendiente que San Lorenzo responde enviando profesores particulares a la concentración.
"Ojalá que algún día pueda terminar el secundario: ése es un sueño. El otro, obvio, es salir campeón con San Lorenzo de este torneo. Creo que encontramos la madurez justa", cuenta el jugador, uno de los más ocurrentes del plantel, que sigue ensayando gambetas, con su mágica zurda, como aquel día que se puso su primera camiseta, la de Jorge Newbery, su club de la infancia, antes de los primeros pasos grandes en la Comisión de Actividades Infantiles. Por Víctor Hugo Doria, tuvo su aventura desde el Sur hacia la lejana Buenos Aires. Hasta el Bajo Flores, precisamente.
Se siente cómodo, está a gusto en el calor de su hogar, cuando la pelota no aparece en escena. Aunque, cuando surge, la pasión lo descoloca. "El fútbol es mi vida. Por eso quiero dejar todo por San Lorenzo, por pelear cosas importantes", cuenta Barrientos, el sello de distinción del puntero azulgrana.
2 años casi pasaron del debut de Barrientos en la primera división: fue ante Estudiantes, el 30 de septiembre de 2003. ¿El resultado? Fue triunfo por 1 a 0, como anteayer, en La Plata
José Saturnino Cardozo no comenzó con el pie derecho en el fútbol argentino. Anteayer, en el match ante Estudiantes, el delantero sufrió una contractura en el gemelo izquierdo y le dejó su lugar a Hernán Peirone, a los 39 minutos del segundo tiempo. Según una versión, por los síntomas de dolor, el paraguayo habría sufrido un desgarro. Hoy, después de algunos estudios, se confirmará la gravedad de la molestia. Si Cardozo, efectivamente, está desgarrado, se perderá el clásico del domingo próximo contra Independiente y estaría tres semanas fuera de las canchas. El plantel volverá hoy, a las 9.30, a las prácticas, en el Bajo Flores.


