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Estrenó técnico Independiente, el brasileño-uruguayo Jadson Viera, pero debió conformarse con un 0 a 0 intenso, que pudo ser peor si el pibe Juan Miguel Arrayago no ponía en marcha el turbo para rechazar en la línea una pelota que entraba sin remedio. Fue superior durante muchos minutos Independiente Rivadavia, pero una vez más no pudo darse el gusto de vencer a su homólogo en Avellaneda. Fue empate y no estuvo mal, ni en el desarrollo ni en el resultado.
La intención de vislumbrar las novedades que pudiera presentar el Rojo después de su primera semana de trabajo duró un cuarto de hora. En principio, porque plantó sobre el césped la misma alineación que había elegido la dupla Matheu/Tuzzio en su breve interinato ante Lanús. Después, porque a partir de los 15 de esa primera mitad, la Lepra mendocina se acomodó mejor y fue cerrando los circuitos de pase y las ganas de mandar en el juego con que el local había arrancado el partido.
En ese ratito, Independiente quiso mostrar un rostro más agresivo que de costumbre, aunque confundió el significado del término. En el fútbol y sobre todo cuando se habla de atacar, agresividad implica movilidad, atrevimiento e inteligencia para encontrar y aplicar las mejores soluciones en los momentos oportunos. Los de Viera apenas si le añadieron un punto más de vértigo a la hora de soltar la pelota, pero carecieron de precisión y astucia para transformar las aproximaciones al área rival en ocasiones de peligro.
Hubo algo más de profundidad de la habitual en Mateo Pérez Curci y una jugada aislada en la que Santiago Montiel sorprendió llegando al fondo por izquierda (el centro horizontal cruzó el área chica sin que nadie lo tocara). Ahí mismo se evaporó el “efecto gaseoso” del inicio, tan poco preocupante que se convirtió casi en una invitación para que el conjunto de Alfredo Berti asumiera el control del juego.
Sólidos atrás para ganar los duelos individuales; bien distribuidos en el medio Leonard Costa, Tomás Bottari y José Florentín para garantizar la recuperación a través de la presión constante (que en realidad comenzaba más arriba con Alex Arce y Maximiliano Salas), ajustar la salida y pisar con decisión el área de Rodrigo Rey; y con la sagacidad de Matías Fernández para descubrir espacios vacíos a los costados de Iván Marcone y hacerse imperceptible a la hora de recibir el balón; Independiente Rivadavia comenzó a encontrar grietas y desajustes en la defensa local.
A los 21′ se produjo la acción clave del partido. Fernández peinó un saque largo del arquero Bolcato, Salas recibió a espaldas de Santiago Arias y tocó al medio para dejar a Arce mano a mano con Rey. El paraguayo la picó con calidad y el retroceso del pibe de 17 años salvó sobre la misma raya lo que era un gol inexorable. Fue, sin dudas, la jugada más importante de la noche, un rechazo luego de una carrera a toda velocidad que parecía improbable cuando Arce definió.
¡¡EL PIBE ARRAYAGO EN MODO BOMBERO!! El juvenil defensor de 17 años de Independiente se lució con una enorme salvada en Avellaneda, para evitar el 1-0 de Alex Arce, luego de una fantástica asistencia de Maxi Salas. pic.twitter.com/Gw7j9RksL0
— SportsCenter (@SC_ESPN) August 22, 2026
60 segundos después, un derechazo de Fernández se fue cerca del ángulo superior opuesto. Y a los 25, otra vez tuvo su chance el número 10 de la Lepra: recibió de Salas, fue limpiando el camino a puro enganche y Rey le tapó el disparo con la rodilla.
Al Rojo le costó una enormidad dar respuesta a esa superioridad de la visita. Su máximo logro fue no pasar más sustos mayores, pero siguió costándole un Perú hallar soluciones más allá de mitad de cancha. Básicamente, porque el balance de ganancias y pérdidas en los enfrentamientos individuales, ya sean a ras del suelo o por el aire, continuó siendo muy deficitario. La incomodidad con la que Lautaro Millán pudo ejecutar el único remate del local dentro del área en la primera parte fue una buena muestra de las dificultades del local para despertar un “¡Uhhh!” en las tribunas. Iban 44 minutos de juego.
Quizás por algunas indicaciones que pudiera haber dado el nuevo técnico local; tal vez por el cansancio acumulado el martes ante Fluminense por Copa Libertadores (y la frustración de la eliminación), la Lepra fue bajando la intensidad a medida que avanzaba el reloj. Y sin la energía que es argumento principal de sus éxitos, el conjunto mendocino debió conformarse con aguantar el empuje final del Rojo.
El ingreso del chileno Maximiliano Gutiérrez a los 25′ (las posibilidades de que migre al Dínamo de Moscú siguen latentes) le dio a los de Viera el plus de peligrosidad del que habían carecido hasta entonces. La primera pelota que tocó lo dejó en posición ideal para el remate, que se le fue alto; enseguida lo dejó a Millán mano a mano con Nicolás Bolcato, que le ganó la partida. Y en cada arranque aplacó el enojo de la gente ante la impotencia ofensiva del equipo.
La última, un cabezazo de Kevin Lomónaco ya en tiempo de descuento que Bolcato desvió volando abajo contra el palo izquierdo, aun sin ser tan espectacular como la de Arrayago, se ocupó de empardar también las llegadas con olor a gol y justificar un empate que, analizado con frialdad, pocos podrán discutir. Al final, los insultos contra la Comisión Directiva a modo de canto unificado coparon el ambiente durante algunos segundos. Nada nuevo bajo la luna de Avellaneda.
¿Que le vino mejor a la Lepra para pasar página después de la caída en la Copa? Puede ser. ¿Que tuvo sabor a poco para Independiente, deseoso de enderezar del todo su marcha y estrenar el casillero de victorias del nuevo técnico? Seguro. Pero en el fondo, ambos saben que el 0 a 0 le cayó perfecto al partido.



