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La canción “Diez años después” muchas veces sirve, gracias a su letra, para graficar ciertas situaciones o protagonistas del mundo del fútbol que, paradójicamente, vuelven a suceder o a encontrarse. La escribieron Los Rodríguez, por supuesto, pero el relato bien podría ser adjudicado, por estas horas, a Pablo Repetto, el entrenador de Independiente Santa Fe, que en la noche del miércoles eliminó a River de la Copa Sudamericana. Encaja perfecto. En 2016 fue el artífice de un batacazo todavía más grande en el Monumental.
“Si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy distinto de aquel, pero casi igual. Si la casualidad nos vuelve a juntar diez años después, algo se va a incendiar, no voy mostrar mi lado cortés”, es el inicio del tema. El técnico uruguayo dio el golpe en Núñez con el equipo de Colombia. Como lo hizo hace una década dirigiendo al por entonces humilde y casi desconocido Independiente del Valle, de Ecuador, por la Libertadores, también en octavos de final. Y si bien esa epopeya tuvo el condimento de poder contra quien era el campeón defensor, el caos que desató esta vez fue mayor: dejó a Eduardo Coudet en la puerta de salida, en medio de tantos millones de dólares gastados por la dirigencia riverplatense.
“Sabíamos que iba a ser así. Ellos eran los favoritos por muchas cosas. Jugábamos en su cancha, con su gente. Sabíamos que por momentos íbamos a tener que defender cerca de nuestro arco, pero mientras pudiéramos estar en partido, siempre íbamos a tener chance”, dijo Repetto luego del partido.
Y con respecto a la tensión que se vivió en la definición por penales, Repetto agregó: “Habíamos perdido una tanda de penales para jugar una final y el club también tenía antecedentes. A mí me tocó perder dos finales por penales”, explicó: “Habíamos perdido una tanda de penales para jugar la final. El club había perdido también antes. Y a mí me ha tocado perder dos finales en definiciones por penales y digo: ‘¡Otra más!’. Y cuando hablamos los dos, la verdad que tuvimos las dos chances, digo: ‘No puede ser’”. Esta vez la suerte en los penales estuvo de nuestro lado, pero no fue sólo eso: fue merecido por el esfuerzo, porque peleamos y porque lo quisimos durante toda la serie”.
Aquel mayo que quedó escrito para siempre dentro de las grandes historias coperas no le hizo inflar el pecho de más. En aquel momento, en el que su trabajo se mantuvo terrenal para también cargarse a Boca en la semifinal y llevar a la llamada Cenicienta hasta la final de esa edición; tampoco en la previa del cruce de anoche, en la que podría haber señalado el pasado para recordar que nada es imposible, pero prefirió sentenciar que “venir de visitante y lograr una clasificación acá, no se da todos los días”. Y es cierto. Aunque, evidentemente, en sus páginas sí ocurren.
Por los puntos que cosechó su Santa Fe en la fase de grupos de la presente Copa Libertadores (ocho), finalizando tercero y bajando al playoff de Sudamericana, y por los que obtuvo River en la primera fase de esta última (14), los caminos se unieron una vez que el club bogotano despojó a Caracas. Un solo resultado diferente de ambos, quizás, hubiera alterado las llaves, pero el destino quiso el reencuentro. Con un patrón en común respecto a 2016, más allá de que aquel se definió por el resultado global y éste, por una definición extensa de penales.

En las respectivas revanchas, ambas jugadas en Argentina, los equipos dirigidos por el técnico charrúa sobrevivieron al asedio del local. Saben sufrir, se atreven a dar ligeros sustos y consiguen los resultados que lo impulsan a la siguiente instancia. Hace diez años, el triunfo 2-0 en Quito con su Independiente del Valle terminó siendo suficiente por lo ineficaz que fue en el desquite el conjunto por entonces dirigido por Marcelo Gallardo, que solo lo venció 1-0 pese a acumular 36 remates y 12 de ellos al arco. Se recuerda la figura de Librado Azcona, el arquero que privó una y otra vez el segundo gol.
Anoche, las estadísticas no estuvieron tan alejadas. Hasta que Sebastián Driussi abrió el marcador en el segundo tiempo, River había pateado 21 veces, con siete de ellos entre los tres palos: ostentó un 78% de posesión y, en efecto, 2,27 goles esperados, según los datos de Opta. En los casi 40 minutos restantes, la cifra de River aumentó hasta 31 intentos (uno de los cinco máximos registros del club desde 2013) y 11 al arco. Pero el gol terminó siendo del visitante por el penal que convirtió Franco Fagúndez para igualar la revancha y la serie tras el empate sin goles en Bogotá. La definición desde el punto penal ya es historia.

“Sentimos que habíamos ganado la Libertadores”, contó hace un año respecto de aquella clasificación de 2016. Y, a la vez, aquello fue un gran punto de partida, como continúa la canción mencionada. Desde entonces, la figura de Pablo Repetto fue apreciada con mayor admiración y perseguida para conducir diversos clubes sudamericanos: en 2023 estuvo cerca de la dirección técnica de otro Independiente, el de Avellaneda.
Toda la frustración que vivió en su época de jugador encontró su sentido, entonces, al despojar a aquel poderoso River, muy diferente al del presente, al que igualmente respetó hasta minutos después de eliminarlo: “Ellos eran los claros favoritos. Porque es River, su plantel, su historia, regresaban algunos jugadores. Todo eso da una trascendencia mayor, pero no nos hace avanzar una fase extra”.
"ELLOS ERAN LOS FAVORITOS... POR MUCHAS COSAS..." las primeras palabras de Pablo Repetto (DT de Santa Fe) tras eliminar a River de la CONMEBOL #Sudamericana. pic.twitter.com/XRegKx8PCU
— SportsCenter (@SC_ESPN) August 27, 2026
El montevideano debió culminar abruptamente su carrera con 26 años. Era lateral de su amado Fénix cuando se fracturó tibia y peroné y debió ser operado por duplicado, debiendo estar fuera de las canchas por un año y medio: la primera, por la lesión; molestias posteriores lo sometieron a estudios de ultrasonido que le quemaron tejidos y debió repetir la cirugía. Retornó, pero jugó poco, rescindió el contrato y en Villa Teresa le puso fin a sus sueños de jugador.
Entonces, más allá de estudiar Economía y realizar el curso de entrenador al momento del retiro, Repetto se hizo DT a la fuerza: enseguida, Fénix le ofreció iniciar en las divisiones juveniles. Seis años después asumió en el primer equipo, al que ascendió a primera. Luego, las experiencias cortas en Cerro y Blooming -de Bolivia-, y una más extensa en Defensor Sporting: esa última lo catapultó a los cuatro años en Independiente del Valle.
Sin embargo, tras dejar Ecuador con un nombre ganado, su camino tuvo un giro extraño: aceptó dirigir a FC Baniyas, de Emiratos Árabes Unidos, donde la estadía culminó antes de los tres meses. Volvió a este lado del mundo para comandar a Olimpia, de Paraguay, pero la experiencia fue aún peor, siendo cesanteado tras apenas seis encuentros.
Regresar a Ecuador fue vital, pero para hacerse cargo de Liga de Quito. El proyecto viajó por los carriles apuntados, con un ciclo de cuatro años y tres títulos locales. Tras un total de diez años en el exterior, 2022 decidió transitarlo en su tierra. Como DT de Nacional, al que consagró campeón uruguayo dirigiendo nada menos que a Luis Suárez.
“Ahora tenemos otra serie con Vasco da Gama. También van a ser favoritos ellos, no tanto que sea como River, pero confiamos que podemos y vamos a pelear, vamos a pelear”, afirmó Repetto con la mira en los cuartos de final.
Lo que logró en un par de meses con Independiente Santa Fe ya fue más significativo que lo hecho previamente al mando de Santos Laguna, de México, y Atlético Nacional, de Colombia. La Supercopa cafetera, pero sobre todo ser nuevamente el verdugo de River, al que el club de Bogotá eliminó por primera vez en su historia, son las marcas que el uruguayo vuelve a dejar en el fútbol sudamericano.




