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River no para de perder. Todo lo que estuvo a su alcance, lo perdió. Perdió el superclásico, la final con Belgrano, un partido decisivo con Aldosivi (luego no ganó un partido más) por los 16avos de final de la Copa Argentina y quedó eliminado por penales contra Independiente Santa Fe por los octavos de final de la Copa Sudamericana. No está entre los ocho primeros en el torneo Clausura (penúltimo, en realidad) y no le alcanza su actualidad ni para la Sudamericana 2027.
Pierde hasta cuando no juega: si hay una posibilidad remota, declina. El 2026 es la peor plataforma para el próximo año, ahora sin entrenador formal, con la renuncia de Eduardo Coudet (nunca comprendió el contexto) y con el arribo interino (cuatro meses, aunque nunca se sabe) de Leonardo Ponzio, que hasta ayer era un nexo institucional y deportivo entre la primera división, la reserva y las divisiones juveniles.

Es un símbolo de la era dorada de Marcelo Gallardo, tiene carnet, pero nada de experiencia en este tipo de desafíos. Y va a tener a cargo el plantel que vale unos 150.000.000 de dólares, de lo mejor de esta parte del mundo, no tan lejos de Flamengo y Palmeiras, con adquisiciones de unos 70 millones, caso Ángel Correa, Thiago Almada y Nicolás Otamendi, solo por citar tres casos recientes.
El gigante de Núñez, a diferencia de otros casos, se inclina por la buenas formas. Los modales. Mientras otros clubes suelen despedir a los entrenadores bajo las sombras, en una medianoche de vestuario o en una estación de servicio, River esconde esas miserias en gestos supuestamente nobles. Luego de ser despedido, Martín Demichelis recibió una suerte de homenaje en un 1-0 sobre Sarmiento con un golazo de Franco Mastantuono, todos entre lágrimas.
El segundo y errático (en todos los órdenes, económico y deportivo) ciclo del Muñeco tuvo un video en las redes a modo de adiós y un triunfo emotivo contra Banfield por 3 a 1. Ahora, luego del aplazo definitivo de los hinchas, un hall en llamas (y actitudes desafiantes, de los de adentro y de los de afuera), Coudet se sentó al lado de Stéfano de Di Carlo, el presidente y Enzo Francesoli, el manager, para saludar a los hinchas por última vez. Gestos públicos que no maquillan la actualidad... de los últimos cuatro años. River pierde, más allá de la cortesía de la imagen.
“Gracias de corazón”, le dice el presidente, en público, en una conferencia de prensa de diez minutos reales (de 15 a 15.10, con puntualidad japonesa), sin preguntas y, casi, casi sin respuestas. El dirigente, de 37 años, se muestra de traje, con la habitual cortesía y en el centro de la elegante sala de conferencias, en la que había unos 160 trabajadores de prensa. Muchos, claro, nada tienen que ver con la vida de River.
Chacho, que extravió la alegría de cuando era aquel 8 sensacional que se destacó en el Monumental, se mostró de remera negra y gorrita. Enzo, el más serio, seguramente el más afectado. El que no dijo ni una palabra. Y que queda en el centro del debate: los que no se enamoraron de sus gambetas, los que no lo convirtieron en el último gran ídolo antes de la era Gallardo, se preguntan cuál es su función. O la de Pablo Longoria, tan ausente en una tarde de anuncios como Ponzio.
“Fue un punto de inflexión”, asume Coudet. “Esto es fútbol y a veces las cosas terminan así”, describe. “En este club hay que ganar y jugar bien. En los últimos partidos aparecieron cosas buenas y pensábamos que lo íbamos a sostener, pero no se nos dio. No le echamos la culpa a la desgracia, a la mala suerte, pero vienen sucediendo muchas cosas. Ayer fue un partido para golear y no lo hicimos”, sostiene.
Un rato antes, Di Carlo lo felicita y le da una invitación al futuro. “Nos ha expresado en una conversación privada su voluntad de dar un paso al costado”, argumenta. “Un hombre de la casa”, llega a decir. Y confirma que Ponzio va a ser el entrenador este domingo contra Banfield. “Tiene todas las aptitudes”, entiende. Se levantan y se van por una puerta lateral, antes de un abrazo informal.
El ambiente es de velorio, si se permite la desafortunada metáfora. Un puñado de palabras, silencio angustiante y rápidamente, los móviles en vivo (9 cámaras en directo) contando que tal vez Ponzio, si gana y gana, se quede más allá de 2026.
El Mundo River (en redes, en el estadio, en mesas de café), se inclinan por el aura de Ramón Díaz, a punto de cumplir 67, el segundo máximo ganador como DT de la historia y de diferencias ideológicas con esta conducción. Con la anterior y con la anterior. Hernán Crespo tiene trabajo reciente, Gabriel Milito no se va de México, Pablo Aimar es un sueño, Santiago Solari es una hipótesis. Los nombres son tantos que hasta aparece un campeón del mundo.
Lionel Scaloni no confirmó si sigue en la selección.
El frío, la humedad y el tono gris de Buenos Aires colaboran con la nostálgica imagen de River. Enseguida, sale un comunicado:
“River Plate informa que Leonardo Ponzio asumirá como entrenador interino del plantel profesional y este jueves por la tarde estará al frente de la práctica.
COMUNICADO OFICIAL
— River Plate (@RiverPlate) August 27, 2026
River Plate informa que Leonardo Ponzio asumirá como entrenador interino del plantel profesional y este jueves por la tarde estará al frente de la práctica.
Capitán y uno de los grandes referentes del Club en los últimos años, conquistó 17 títulos en dos… pic.twitter.com/x17RPBzcU8
“Capitán y uno de los grandes referentes del Club en los últimos años, conquistó 17 títulos en dos ciclos y doce años como jugador.
“El cuerpo técnico estará conformado por Marcelo Escudero y Christian Manfredi como ayudantes de campo y los preparadores físicos Cristian Segura y Nicolás Paolorossi.
Al rato, el León dirige su primera práctica. Están todos, menos los que fueron apartados meses atrás, otro de los dramas de River de los últimos meses. Como Chino Martínez Quarta (¿tiene una oferta del exterior?) y Rafael Santos Borré, los últimos apuntados por los hinchas.

Hay menos movimiento en Núñez. De hecho, se suspenden la presencia en el Monumental de los que pagan el servicio “full” de la visita al Museo y la travesía completa, que vale unos 63.000 pesos. En el local interno -según aseguran-, las camisetas se siguen vendiendo como pan caliente.
Las oficiales, las que usan los jugadores, salen unos 230.000 pesos. Y unos 25.000 pesos para agregar el nombre. Montiel, Otamendi, Almada y Correa están entre las preferencias. Eso sí: los precios parecen de Europa, aunque en este caso el asunto económico excede a River.
Chacho dejó Alaves, fue presentado el 4 de marzo pasado y dirigió a River durante 176 días y 27 partidos, con 13 triunfos, 6 empates y 8 derrotas, con 36 goles a favor y 22 en contra. Una efectividad del 55,5% que lo ubica apenas por encima del 54,26% que consiguió el Muñeco en su segundo ciclo (35 triunfos, 32 empates y 18 derrotas en 85 partidos), de un año y medio.
La última vez que River se sintió River fue con Martín Demichelis, que logró tres títulos, le ganó dos veces a Boca, convirtió el Monumental en una misión imposible y jugó, en el prólogo de su travesía, un fútbol de alto vuelo. Fueron 52 victorias, 18 empates y 17 caídas, con una efectividad del 66,66%.
La reconstrucción empieza con urgencias: 2026 está casi perdido, pero todavía el mazo tiene una mano. Un plantel fabuloso con un conductor de paso, que pone en juego el afecto. Nada menos.




