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A todo o nada. Eduardo Coudet se juega gran parte de su futuro esta noche en el Monumental. Tras el empate sin goles en Bogotá, River definirá desde las 21.30 la serie de octavos de final con Independiente Santa Fe de la Copa Sudamericana, mientras Vasco da Gama ya espera en la llave de cuartos. Sin más tiempo ni margen y con solo un partido ganado entre los últimos ocho, será una cita absolutamente determinante para el cuestionado entrenador millonario. Ganar se transformó en una obligación ineludible para proyectar el futuro.
“He hablado de tiempos y si veo que no se dan los resultados yo no le voy a hacer ni mal a River ni al hincha. Lo voy a intentar. Si no me sale, me haré responsable de que no me fue bien. Tenemos que empezar a ganar, sin excusas y asumiendo la responsabilidad. Esto va a cambiar. Si no lo revierto enseguida… diré que me fue mal”. Esas palabras utilizó Coudet hace 18 días tras la derrota con Tigre, que fue la cuarta al hilo en las primeras cuatro fechas del torneo local y la sexta consecutiva en AFA, récord histórico negativo para el club. Tras ese día, logró tomar aire con la victoria por 2-0 ante Argentinos, pero luego llegaron los empates 0-0 con Santa Fe en Bogotá y el increíble 2-2 ante Vélez en un Monumental que volvió a hablar: hubo silbidos para los jugadores y reprobación para el entrenador tras un segundo tiempo preocupante en el que su lectura de partido y los reflejos para mover el banco quedaron bajo la lupa.
Esa hostilidad del hincha también se explica porque hoy el Millonario es el 29° equipo del torneo -tiene 4 puntos y solo supera a Aldosivi-, no está entre los ocho que ingresan a los playoffs en su grupo y tampoco se ubica en zona de clasificación a copas internacionales en la tabla anual. Sumado a eso, fue eliminado de la Copa Argentina por Aldosivi con un duro 3-1 en el primer partido del semestre y arrastra las derrotas en el superclásico con Boca en abril y en la final del Clausura en mayo frente a Belgrano. Un combo letal. Una sucesión de cachetazos que además se potencian con el rendimiento de un equipo que sigue sin poder encontrar una identidad de juego, aún después de un mercado de pases agresivo con nueve refuerzos, quince salidas y setenta millones de dólares gastados para incorporar jugadores de renombre y calibre.
Para esta noche, Coudet sabe que además ya no tiene más cartas para esperar, ya que podrá contar por primera vez con su equipo “ideal”: tanto Gonzalo Montiel, como Marcos Acuña y Sebastián Driussi volverán a la titularidad luego de recuperarse de sus respectivas lesiones y ser citados ante Vélez. La única baja que no está entre los 20 citados es Lautaro Rivero, quien sufrió una contractura en el isquiotibial izquierdo en la práctica de este martes y quedó desafectado. Así, el equipo que se perfila para jugar cuenta con Santiago Beltrán en el arco; Montiel, Martínez Quarta, Otamendi y Acuña en la defensa; Moreno de volante central; Freitas, Andrada y Almada en la línea de creación dentro del posible 4-1-3-2; y Correa y Driussi, quien le ganaría la pulseada a Rafa Borré para tener su primera titularidad tras un desgarro de 35 días. Un equipo que por sus nombres está en condiciones de jugar, imponerse y ganar.
Pese al clima de definición que se espera en el Monumental, de acuerdo a lo que pudo saber LA NACION, hoy la comisión directiva que encabeza el presidente Stefano Di Carlo, más la mesa chica de fútbol que integran el secretario técnico Enzo Francescoli y el director deportivo Pablo Longoria, apoyan y respaldan totalmente al entrenador. Ningún dirigente piensa en un cambio ante un mal resultado ante el conjunto colombiano. Entienden que el plantel recién se completó hace dos semanas, que la pretemporada no se dio en las mejores condiciones, reconocen los errores cometidos con la renovación del plantel y apuntan a que la evolución futbolística llegará en el corto plazo. El propio Di Carlo lo respaldó hace dos semanas: “A Coudet lo veo bien, con fuerza. Hablamos diariamente con él y los referentes y encontramos unión, determinación y convicción. Esto es tiempo y se da vuelta”.
Chacho fue elegido en marzo, fue uno de los grandes actores del mercado por su insistencia y sus contactos asiduos para poder incorporar los jugadores que sumó a su plantel, tiene contrato vigente hasta diciembre de 2027 y recién en diciembre aparece una cláusula que permite a ambas partes interrumpir el vínculo de manera unilateral y sin compensación económica.
Desde ahí también se entiende la postura de la comisión directiva. Pero la voluntad y la postura del DT es lo que puede marcar el quiebre ante una derrota. Porque de aquella recordada frase de “esto es Vietnam” tras la derrota con Boca a hoy pasaron cuatro meses y el presente es extremadamente más complejo. Aunque renovó la plantilla, los resultados son mucho más negativos, los tiempos se han acortado enormemente y el cuestionamiento general apunta a su conducción por la falta de rendimiento de un equipo que hoy tiene mucho más material. Hasta desde su postura verbal se volvió a la defensiva. Un síntoma del momento.
Contra todo pronóstico, River en agosto parece jugarse el año. Ganar es una obligación. Mejorar, también. Pero en este contexto el resultado se transformó en la demanda prioritaria ante la adversidad. Necesita construir desde una victoria que lo impulse. Porque el margen parece volverse insostenible con una posible nueva eliminación a cuestas. Por eso el equipo del Chacho tendrá que romper la pared, vencer a Independiente Santa Fe, dejar atrás la crisis y resetearse para volver a ser.

