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No se entiende si es el final o el comienzo. No se sabe si Lionel Scaloni dirigirá en breve sus últimos partidos como técnico de la selección argentina o si estos encuentros le servirán para empezar a diagramar lo que viene. La mayoría de los contratos de entrenadores de selecciones terminan luego de una competencia. Este se estira unos meses y genera un limbo ilógico. Es de esperar que antes de diciembre, cuando finaliza el vínculo, haya una resolución.
Vale reconocer lo siguiente: el cuerpo técnico actúa como si fuera a quedarse. Y no lo hace por ese motivo sino por el bien de la selección. Inician una era que no saben si dirigirán. Antes del Mundial ya habían convocado a jugadores más con noción de futuro que de presente en ese momento: Santiago Beltrán, Ignacio Ovando, Tomás Aranda, Joaquín Freitas. Se trata de sentar las bases. Siempre. Por esa cualidad, más allá de la obviedad de los títulos, el ideal para el fútbol argentino sería la continuidad de quienes en estos años lideraron, junto a Messi en la cancha, la organización que mejor funcionó en el país. Mientras sigan con la llama encendida, claro.
No hay grandes motivaciones a la vista. Los títulos en las últimas dos ediciones parecen haberle sacado el gran interés, por lo menos hasta que se juegue, a la Copa América. No depara lo mismo que la Eurocopa del otro lado del océano. Allá, los técnicos son ratificados hasta ese torneo, que se transforma en una gran manera de validar la gestión. Existe el ejemplo de Thomas Tuchel, el alemán que dirige Inglaterra y en dos años, tras las críticas en la semifinal reciente, podrá ser juzgado nuevamente. Si la Copa América no aparece en el horizonte, el Mundial queda directamente en el más allá. Y las Eliminatorias, que Argentina ya disputaba imaginándose clasificada, ahora serían reemplazadas por una excusa para tener competencia.
Una forma de generar motivación sería ensayar una renovación. Igual a la que encaró el propio Scaloni en 2018. Messi y Otamendi no estarán, mientras que Dibu Martínez, Paredes y Tagliafico dejaron dudas sobre su continuidad. La mayoría, igualmente, podrá seguir, pero no todos necesariamente deberán seguir siendo convocados ya. Algunos podrán unirse luego, mezclarse con quienes vayan surgiendo como novedades. Estos partidos podrían servir, entonces, para darle continuidad a los que ya se mostraron (Nico Paz, Barco, el Flaco José López), volver a confiar en jugadores relegados (Dybala, Mastantuono, Soulé) o probar novedades de buena actualidad (¿Francisco Alvarez?, ¿Tobías Andrada?, ¿Franco Ibarra?).
El post Messi requiere analizar nuevas alternativas, claro. La selección se definió durante mucho tiempo desde su número 10, jugó para él y ganó sobre todo por él. Pero su retiro no fue algo que haya sorprendido por completo al técnico. Un futbolista de 39 años siempre va a estar más cerca de terminar que de continuar. En todo caso, la duda con el (ex) capitán pasa por el corto plazo. El largo no lo incluirá. Sí suena entendible que en estos días le hayan planteado la posibilidad de usar uno de los amistosos como despedida. Una historia inigualable de más de dos décadas no puede terminar con un posteo de Instagram.
Las fuentes coinciden: Scaloni todavía no decidió. Lo que debe responderse es si quiere arrancar de nuevo. Si la nueva selección podrá estar a la altura de la reciente. Cuánto desmotiva el tiempo transcurrido, cuánto sacian los triunfos conseguidos. En la AFA son optimistas. En estos días no hicieron más que descartar que existan problemas económicos con el DT. Imaginan que la próxima llegada de Scaloni al predio de Ezeiza y el calor que seguramente reciba del público le harán creer que en ningún lado estará mejor.
Pase lo que pase, algo cambiará en el cuerpo técnico: se sabe que Walter Samuel dejará de ser parte. Se terminará así una relación laboral de ocho años y medio, desde que Scaloni solicitó poder de elección de su grupo de trabajo. Sus otros ayudantes estarían abiertos a la continuidad. Sorprende que Samuel, siempre de muy bajo perfil, se independice y desee su carrera de entrenador. Sería un integrante a reemplazar. Nada, igualmente, que no ocurra en un cuerpo técnico de largo alcance en un lugar.

La semana transcurrió con la insólita demora en el anuncio de los amistosos de fines de este mes y principios de octubre. No hay novedad en este punto. El éxito de la selección no puede hacer olvidar las desprolijidades. Si se valora la refundación y el acierto en la decisión del técnico, no pueden pasarse por alto las recaídas. No es lo mismo jugar sólo contra Angola que disponer de los dos partidos en una fecha FIFA. No da igual recibir a Zambia que a algún rival calificado. Todo no está legitimado por un título y un subcampeonato mundiales. Una serie de partidos competitivos pueden servir para ensayar, por ejemplo, con un nuevo lateral por la derecha. Y no hacerlo durante el Mundial.
Si tuviese que reemplazar a Scaloni, Claudio Tapia tendría los mismos problemas que cuando decidió, en 2018, la sucesión de Jorge Sampaoli. Tal vez no sean los mismos sino más: la vara estaba baja, ahora subió como nunca. Y la lista de candidatos se redujo. Diego Placente sabe cómo debe funcionar la estructura de la selección, para muchos siempre sobrevolará el nombre de Diego Simeone (aunque más cuestionado que en su momento) y hay técnicos que últimamente ganaron prestigio y títulos como Antonio Mohamed y Eduardo Domínguez. Pero todo quedará supeditado a lo que Scaloni quiera. Si desea ir por más o si prefiere darse por hecho. Sería aconsejable para todos que lo comunique pronto. Sin embargo, nadie lo apurará. Se lo ganó, tal vez, como ningún otro en toda la historia.


