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El samurai que cocina: Tagliafico, un capitán deconstruido para la selección

Junto a Carolina, su novia, en París, en una de las escapadas de la rutina futbolística.
Junto a Carolina, su novia, en París, en una de las escapadas de la rutina futbolística. Fuente: LA NACION - Crédito: Instagram
Andrés Eliceche
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5 de marzo de 2019  • 01:44

"¿No leíste nada sobre el tema? Hacelo, vas a ver qué interesante", sugiere el entrevistado sobre el tema que más lo atrapó en sus horas libres de las últimas semanas. "Se trata", amplía, "del código de ética de los samurais. Lo llaman Bushido, lo vas a encontrar también como El camino del guerrero. Es una filosofía de vida surgida en Japón que apunta a educar personas buenas, humildes y con principios. Hacen foco en la justicia, la disciplina... ". La invitación hecha a distancia por el capitán de la nueva selección argentina obliga, al menos, a bucear en algunas nociones; inspirado en el budismo, el confucionismo y el maoísmo, el Bushido persigue ser consecuente con siete virtudes: justicia, coraje, benevolencia, respeto, sinceridad, honor y lealtad.

—¿Y se puede ser fiel a esos principios en el mundo en que vivimos?

—Se puede, sí. Yo lo intento.

Es la hora de la cena en Ámsterdam después de un día que pareció un regalo de la primavera en pleno invierno: el termómetro superó los 12 grados, un dato que mandó a la calle a los habitantes de esa ciudad cosmopolita. Algo más de un año de estancia allí le da autoridad a Nicolás Tagliafico para apreciar ese sol inusual, mientras termina de hablar por teléfono con LA NACION y planea con Carolina, su novia, el paso siguiente: el menú de la cena. "Qué querés comer? ¿Milanesas? Bueno, haremos milanesas. Lo más sanas posibles, con una ensaladita. Solamente hay que animarse, con Youtube se puede casi todo", razona con sencillez este hombre que sin buscarlo le quita el halo inalcanzable que rodea al tipo de futbolista que se mueve en esas alturas, promovido convenientemente por el star system. Porque se puede cocinar, leer sobre filosofía, sacar a pasear al perro y, como parte de un todo, prepararse para jugar un partido decisivo contra Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Eso que le ocurrirá por primera vez hoy, con la camiseta de un club, Ajax, que también es el santo y seña de una manera identitaria de entender el fútbol.

—Es un momento fuerte: estos partidos contra Real Madrid representan algo que imaginaste mucho...

—Ojalá que de acá en adelante venga esta clase de partidos para mí, significaría que estoy en la elite. Es uno de los partidos más importantes de mi carrera. Pero no quiero ir a admirar el Bernabéu, quiero ir a conquistarlo.

—En el partido de ida te anularon un gol que tendrás fijado en la cabeza.

—Cuando hacés un gol y se anula por el VAR, te frustrás. Pasaron como dos minutos entre una cosa y la otra... Además no es que hago goles todos los días, y encima al Real Madrid. Cobraron obstrucción de un compañero mío, una jugada muy fina. Esta claro que Real Madrid tiene un peso, una historia...

—Ya son muchas emociones para tu primera Champions ...

—Dos goles en mi primer partido (a AEK Atenas), una patada que me dio Müller en la cabeza contra Bayern Munich, este gol a Real Madrid anulado... Y escuchar el himno del torneo antes de los partidos, que te pone la piel de gallina. Ojalá sea la primera de muchas.

—¿Qué es lo que más te gusta de Ajax?

—Lo que me impacta es su idiosincrasia. A veces salgo del entrenamiento y veo nenes de 7 años tocando de primera, perfilándose para recibir la pelota. Nuestro plus es que jugamos igual en todas las canchas. La filosofía de Ajax es inalterable, no cambia de acuerdo al entrenador. Hoy no es el Ajax histórico, el que fue un ícono mundial en distintos momentos, pero mantiene la idea. Hoy se piensa más en formar jugadores que en armar un equipo para pelear la Champions porque no se puede competir con los clubes que tiene presupuestos altísimos.

Tagliafico celebra un gol ante AEK Atenas, su primero en la Champions. Esa noche marcó dos.
Tagliafico celebra un gol ante AEK Atenas, su primero en la Champions. Esa noche marcó dos. Fuente: Reuters

—¿Ya ocupás el lugar que te propusiste?

—Me siento bien, aunque el idioma holandés es complicado. Eso hace que hoy no sienta el rol de líder que tenía en Independiente. Soy de los más grandes del plantel, soy titular, pero el liderazgo es diferente, lo puedo ejercer por el contagio pero no por la comunicación. Me gustaría mejorar mi nivel de inglés para comunicarme de una manera más clara. Voy a buscar un lugar para estudiarlo. Me gustaría hablar fluido con un compañero, tener palabras, hacerme entender. Es lo que me falta para complementar lo bien que estoy.

El concepto lo pinta: Tagliafico no se contenta solo con estar. Le pasa ahora a los 26 años, en ese vestuario multicultural del club más popular de Holanda, como le pasó cuando era un chico de 20 recién cumplidos y se fue a transitar a Murcia su primera experiencia lejos de casa. "Era la primera vez que me iba a vivir solo, me abrió la cabeza. Antes dormía mal y comía mal, ese año en España me sirvió para aprender. Yo trato de escuchar mucho para mejorar. Acá llegué y me adapté rapidísimo, en parte por todo lo que había incorporado antes", traza una lógica línea de tiempo que empezó a dibujarse en Rafael Calzada (al sur del Gran Buenos Aires, donde creció) y tuvo en Banfield su espacio de formación antes de escalar hacia Independiente, con el que ganó prestigio y una Copa Sudamericana como capitán.

En el medio de todo ese recorrido que ahora lo tiene aclimatado en la fascinante Ámsterdam vivió su ingreso a la selección mayor, en la que ya llegó a un hito: haber jugado su primer Mundial. Casi sin rodaje en la etapa previa a Rusia (debutó en un amistoso ante Brasil en Melbourne en 2017, no jugó en las Eliminatorias y recién se incorporó al plantel tres meses antes de aterrizar en Moscú), la trayectoria del equipo lo descubrió como uno de los únicos cuatro futbolistas que fueron titulares en los cuatro partidos, junto a Otamendi, Mascherano y Messi. Un dato que no fue ni un consuelo para él, que tanto tiempo después revive sensaciones e intenta aproximarse a las razones de aquel fracaso colectivo. "El día de la eliminación contra Francia yo estaba muerto. Me mató también ver cómo estaban los grandes, que tenían tres finales encima y en algunos casos, como Mascherano, se estaban despidiendo de la selección. Traté de tomarlo como una experiencia, porque al final en el fútbol son más las negativas que las positivas", vuelve a aquella tarde de calor y dolor en Kazán.

Entrenamiento con la selección argentina en Manchester, en marzo de 2018.
Entrenamiento con la selección argentina en Manchester, en marzo de 2018. Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

—¿Qué tomaste de aquello?

—Los ejemplos de Francia, Bélgica e Inglaterra son para mirarlos. Incluso Holanda. Tienen estructura, una idea común, trabajo desde las bases. Esa es la manera. Nosotros veníamos con el pie izquierdo desde mucho antes. Hubo tres técnicos en las eliminatorias, nos clasificamos al Mundial en la última fecha... No estábamos pensando en salir campeones porque la realidad era otra. Y todo eso influía. Nos metimos en una burbuja negativa, fue muy difícil, y nos agarró Francia, una selección trabajada durante años, y nos eliminó.

El proceso postmundialista significó el inicio de una etapa de transición de la que no termina de establecerse cuándo terminará ni cómo. Por lo pronto, la hoja de ruta para la selección marca los amistosos contra Venezuela (22 de marzo, en Madrid) y Marruecos (26, en Tánger) como únicas escalas antes de la Copa América de Brasil, que se jugará a partir del 14 de junio y en la que la Argentina compartirá el Grupo B con Colombia, Paraguay y Qatar. Para Tagliafico, el tránsito hacia ese futuro incierto convive con una rareza: asentado como titular en la defensa del equipo que planta cada vez Lionel Scaloni, registra un paso sin ausencias por las categorías juveniles argentinas, con protagonismo en planteles Sub 15, mundiales Sub 17 (Nigeria 2009) y Sub 20 (Colombia 2011). Lo que durante la era Pekerman-Tocalli era lo natural –el paso de las camadas de una categoría a la otra–, en los últimos años se transformó en un hecho accidental, consecuencia obvia de un desmadre inconmensurable. "No se mantienen procesos, es muy difícil así", analiza; "por ahí los DT de las juveniles piensan de una manera, pero los de la mayor piensan de otra. Es una lástima. Si estuviéramos un poquito más organizados podríamos estar siempre en el top mundial. Nos falta una estructura que contenga".

Pinta de nene: Tagliafico ante Portugal, en el mundial Sub 20 de 2011, en Colombia.
Pinta de nene: Tagliafico ante Portugal, en el mundial Sub 20 de 2011, en Colombia. Fuente: EFE

—¿Confiás en que los últimos cambios en las juveniles marquen un real punto de partida?

—Siempre hay tiempo para mejorar y crecer, siempre hay esperanza. Esto lleva tiempo, y nosotros somos difíciles, queremos el éxito ya.

—En la mayor se dio un recambio fuerte, supongo que lo primero que buscan es crear un nuevo grupo de pertenencia.

—En este último tiempo somos casi siempre los mismos. Lo bueno de la selección es ir haciendo compañeros nuevos. Pero siempre hay una base que se mantiene, incluso aunque vaya cambiando la mayoría. El grupo se sostiene así, porque no va a haber de un día para el otro 30 jugadores nuevos.

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Es hoy! Vamos banda! [R][R]-[R][R]

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—El entrenador es también nuevo, con la particularidad de que nunca dirigió antes. Eso es inédito en la historia de la selección argentina...

—Scaloni fue jugador hasta hace poco, eso lo hace darse cuenta de cosas sin que se las digamos. Quiere ayudar y quiere aprender. Lo ayuda que somos jugadores líquidos, abiertos a aprender, la mayoría jóvenes. Todos podemos aprender de todos. ¿Por qué Otamendi, que trabaja con Guardiola, no puede aprender de Scaloni? ¿Y por qué Scaloni no va a poder aprender de Otamendi?

—Después de los amistosos de noviembre contra México, Icardi hizo una diferenciación entre la etapa anterior y la actual, en la que valoró más lo que se está forjando que lo que vivió antes. Vos no estuviste de acuerdo.

—No se trata de dividir. La selección argentina no es de nadie. Nosotros, cuando somos convocados, tenemos que ir y ayudar. Los jugadores pasaremos y la selección seguirá existiendo. Entonces el que está tiene que hacer lo mejor, para quedarse tranquilo el día que ya no esté. Esa es mi manera de sentirlo.

¿Por qué Otamendi, que trabaja con Guardiola, no puede aprender de Scaloni?

—¿El plantel puede crearse una burbuja y no prestarle atención a la locura en la que vive el fútbol argentino?

—No es imposible, hay que ser muy fuerte de la cabeza. El mensaje es que todos tratemos de pensar en el bien común. Todos queremos ganar, entonces la mejor manera de acercarnos a ese objetivo es que si nos va mal sigamos apostando, y si nos vuelve a ir mal, volver a creer e insistir. Si a la primera mala querés cambiar todo, te va a seguir yendo mal. No pudimos lograrlo teniendo al mejor del mundo, ¿imaginate si a él le sumás una buena estructura? Quizás no estaríamos hablando de esto.

—¿Te creíste, en un buen sentido, que ahora sos el capitán del equipo?

—En el momento que me tocó fue una noticia muy grande, porque no tenia muchos partidos en la selección. Traté de demostrar mi manera de ser, de ayudar, pero sabía que el capitán era Chiquito Romero, que no podía jugar, y que siempre está presente la figura de Leo (Messi). Pero fue impresionante vivirlo.

—¿Te predispone de otra manera?

—Es una responsabilidad enorme, trato de llevarlo como lo hacía en Independiente: dando el ejemplo. No considero que por llevar la cinta deba ser el líder, en un equipo hay muchos líderes. Lo más importante es ayudarnos entre todos.

—¿De qué capitán te nutriste?

—En mis equipos no miraba solo a los capitantes. He tenido algunos a los que no les interesaba nada, y otros compañeros que querían empujar al grupo hacia adelante aunque no lo fueran. No hay momento para dejar de aprender, ni edad. Hoy me toca este lugar, pero mañana puedo ser suplente de suplente y mi obligación será siempre sumar. No soy un motivador mediante las palabras. No voy a estar gritando, ni dando una arenga. Trato de ayudar, generar calma, hablar mucho. Soy más reflexivo que motivador. Ese rol no es mío.

—¿Están pendientes de la vuelta de Messi?

—Debe ser difícil ser Leo Messi, tener tantas presiones. Lo primero que uno quiere es llevar tranquilidad a su vida, a su familia. Pareciera que Leo nos debe algo a los argentinos, y es al revés. Creo que necesitaba su tiempo, su descanso. Lo digo por lo que imagino, no porque lo haya hablado con él. No sé si volverá, pero creo que sí porque la selección lo puede. Él quiere ganar algo con esta camiseta, siempre lo dijo. Más: creo que lo necesita.

Al otro lado del fútbol: un cocinero anti delivery y meticuloso viajero europeo

Tagliafico junto a su novia y el perro de la pareja.
Tagliafico junto a su novia y el perro de la pareja. Fuente: LA NACION - Crédito: Instagram

De lo primero que se acordó Tagliafico cuando aterrizó por primera vez en la capital de Holanda fue de un olvido: el mate. Vivía en un hotel mientras buscaba departamento, pero al curso acelerado de adaptación le faltaba ese elemento de argentinidad. Así fue que empezó a crear una red de compatriotas que ahora es un grupo de amigos. "Coincidí con un chico que me prestó el mate, y ahí nos empezamos a relacionar. Ahora nos juntamos a comer en pareja a la noche para escapar de la rutina de acá, que cenan a las 18.30. Ya agarré confianza, se llama Bruno pero le decimos Pirámide, ¡no sabés la nariz que tiene!". A las rondas ahora puede sumarse otro integrante, llegado hace menos de tres meses a la ciudad: Lisandro Magallán, su nuevo compañero en Ajax. Juntos dieron un paso matero: "Con Licha lo metimos en el vestuario del club. Preguntan de qué se trata y los animamos a probar. Tenemos un portugués que tomó, un brasileño también, pero con los holandeses es imposible", anota.

La vida puertas adentro, autoimpuesta durante el invierno, lo pone muchas veces al frente de la cocina que comparte con Carolina Calvagni, su novia, y detrás de un mandato alimentario: "En mi casa no existe el delivery, primero porque no sabemos pedir", se ríe, "y segundo porque comemos sano. Me gusta cocinar, y como Caro lleva una dieta equlibrada, con muchas verduras, yo me adapto. ¿Quién cocina más? Estamos 70/30 a favor de ella, pero dame tiempo", pide.

De todo lo que descubrieron de Ámsterdam, lo que más lo impacta es el manejo de los tiempos, tan diferentes a lo que experimentaba en la Argentina. "La calidad de vida es increíble, la gente tiene dos cambios menos que en todos lados. Y son muy respetuosos en la calle si te reconocen, no te invaden. Mi casa está siempre abierta a la familia y los amigos, pero por ahora no vienen mucho, no es tan sencillo. A mí me gusta que vengan para mostrarles lo que estoy viviendo, lo que me está pasando, para poder compartirlo con ellos. Y también para que puedan comparar", se deja llevar. En ese ida y vuelta mental enseguida salta otro termómetro, casi por decantación: "Acá no pienso en la seguridad. Salgo a la una y media de la mañana a pasear a mi perro sin pensar en nada, escuchando música, no estoy alerta en la calle por si me pasa algo. Todos en el metro van con el celular... Ahora ya ni pienso en eso, lo naturalicé".

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Mi familia Simpsons Gracias @rino_russo_

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El lector futbolero que suele ser se está tomando un respiro: dice que dejó en su casa de Argentina los libros sobre ese deporte que tanto le apasiona. Parte de un deseo de superación que, por ejemplo, lo impulsó a mirar videos de Jordi Alba para aprender a relacionarse con Messi en la cancha. Leyó, sí, la autobiografía de Johan Cruyff, el patrono de Ajax, pero acá quedaron las claves tácticas de La pirámide invertida, de Jonathan Wilson ("mi novia me habla de 4-3-3", dice, divertido), y Mis latidos, el libro que firmó Jorge Sampaoli y Tagliafico tuvo a mano durante el Mundial, aunque el pudor le impidió mostrárselo a su DT de entonces.

Lo que sí consulta son las guías de viajero, todo lo seguido que le permite el apretado calendario de Ajax. "Soy muy meticuloso, muy detallista", se define sin culpa, "calculo adónde ir de acuerdo al tiempo de viaje, las combinaciones que podamos hacer en las horas que tengamos. Tanto control a veces es positivo y a veces es negativo, pero a mí me gusta manejarme así. Entonces cuando tenemos uno o dos días libres, hacemos una escapada. El último lugar que visitamos fue Barcelona (había estado concentrado en la ciudad con la selección, antes del Mundial). Ahora tenemos dos objetivos nuevos: el sur de Italia, cuando tengamos un buen margen de días, y Londres, que no conocemos, para un viaje más corto", informa este pasajero frecuente.

—Vas a sumar Tánger, en Marruecos, cuando te toque ir con la selección...

—No sé, el técnico no dio la lista...

Temporada alta

  • Tagliafico, que llegó a Ajax en enero de 2018, está viviendo con éxito su primera temporada completa en el club: en esta 2018/'19 jugó 30 partidos entre la Eredivisie (primera división de Holanda), la copa nacional y la Champions League, y marcó 5 goles.

En el estadio de Ajax, su casa actual.
En el estadio de Ajax, su casa actual. Fuente: LA NACION - Crédito: Instagram

  • En la liga, Ajax marcha segundo detrás de PSV, en la copa se clasificó para la final (la jugará ante Willem II) y en la Champions irá esta tarde por el pase a cuartos de final ante Real Madrid, de visitante (a las 17, por ESPN2), después de haber perdido 2-1 la ida en Ámsterdam.
  • En la selección ya fue capitán tres veces, todas en la era Scaloni, y acumula 12 partidos. Todavía no marcó goles.

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