Una autocrítica liviana

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26 de noviembre de 2002  

Los dirigentes de Independiente no realizaron una autocrítica directa sobre el caos que se vivió anteayer en Avellaneda, antes, durante y después del encuentro ante Boca. En una especie de mea culpa, las autoridades reconocieron que se ocuparon demasiado de las elecciones de la entidad y que descuidaron otros temas. Sin embargo, rechazaron con firmeza la posible suspensión del estadio de la doble visera.

“Me parece absurdo que se hable sobre una eventual sanción para Independiente. Nosotros cumplimos con todas las cuestiones de seguridad. La invasión en el campo de juego debe ser controlada por la policía; para eso le pagamos. Pero también es bueno decir que en el terreno hubo muchos dirigentes de Boca, cuando nosotros le habíamos dado 75 ubicaciones de protocolo”, manifestó Fernando Sciaccaluga, vicepresidente segundo de la entidad de Avellaneda.

El dirigente no profundizó demasiado en las explicaciones ni en las precisiones, aunque sí reconoció algunas culpas del club por motivo de las elecciones. “No puedo constatar lo de la bosta –desparramada en la tribuna visitante–. En ese caso se hará la investigación pertinente y después se tomarán las medidas que correspondan. Aunque, para ser sinceros, debo reconocer que muchos dirigentes estábamos con la mente puesta en las elecciones y que, quizá, hayamos descuidado algunos asuntos”, reconoció.

En el medio del remolino de jugadores, árbitros, micrófonos, cámaras e intrusos, el director técnico de Boca, Oscar Tabárez fue agredido. “El chico detenido es un empleado que trabaja en el estadio. Quizá tuvo un exabrupto con algún integrante de la delegación de Boca. No sé..., pero no me puedo responsabilizar por el incidente”, finalizó Sciaccaluga.

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