Masters de Augusta: una tormenta derribó grandes árboles rodeados por espectadores, en plena vuelta
En un hecho muy inusual, dos pinos fueron volteados cerca de la salida del hoyo 17, y un tercer ejemplar cayó en otro sector; llamativamente, nadie resultó herido; empleados trabajaron en seguida para removar los restos
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La del Masters de Augusta es quizás la semana más bucólica del golf. La cancha es propia de un cuento de hadas, entre maravillosos colores de la naturaleza, una prolijidad asombrosa y una vegetación frondosa y variada. El torneo, una maravilla, con los mejores del deporte y leyendas del pasado. El público, el óptimo: grandes masas de espectadores apasionados pero respetuosos. Nada parece poder romper ese mundillo ideal, en el que todo es bello y bueno, en el que todo funciona.
Pero la propia naturaleza puede interponerse. Este viernes, durante el desarrollo de la segunda rueda, el clima amenazó con suspender la actividad. No se quedó en amagues: primeramente, cortó el juego por un rato, 21 minutos. Luego, frenó definitivamente la jornada, que quedó a medias, sin definir los eliminados por el corte clasificatorio. Y en medio, causó un susto breve pero mayúsculo, con una situación anómala en los campos de golf.
Fuera abajooo...

En plena acción, cuando la rueda estaba siguiendo su curso entre la primera interrupción y la otra, el viento hizo algo mucho mayor que perjudicar algunos tiros al desviarlos: volteó tres árboles, y había muchos espectadores cerca de dos de ellos. El viernes fue santo para los aficionados: nadie resultó herido, a pesar del tamaño de los troncos derribados –delgados pero altísimos– y de la cantidad de gente que estaba en ese sector, el de la salida del hoyo 17.
El español Sergio García, que estaba terminando en el hoyo 16, se detuvo y miró qué sucedía; sus compañeros de grupo japonés Kazuki Higa y estadounidense Keith Mitchell se preocuparon por saber si había lastimados. La acción fue totalmente sorpresiva y el público circundante se asustó y huyó brevemente. El escaso follaje y las pocas ramas redujeron el peligro, pero el peso de semejantes pinos bien pudo lesionar a varias personas. Un tercer ejemplar cayó en otro lugar del campo, también sin consecuencias físicas para seres humanos. Pronto, empleados del Augusta National Golf Club acudieron con motosierras para seccionar y poder retirar los árboles, y así garantizar la normalidad de la actividad.
Así quedó la zona
De todos modos, esos episodios tampoco afectaron el desarrollo de la competencia en sí. Pero sí lo hizo la tormenta en general. Nubes grises grandes, que parecían llevar carga eléctrica, depositaron mucha agua sobre la cancha y la concurrencia e indujeron a la segunda y definitiva pausa en el día. En ese momento, Brooks Koepka era claro puntero, con -12 al término de su segundo recorrido en el certamen. El estadounidense ya estaba en la club house cuando a su escolta, el español Jon Rahm, le quedaban nueve hoyos por afrontar con un -9, y el sorprendente aficionado texano Sam Bennett marchaba tercero con -8 y su tarjeta del día completada.
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