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Sucedió hace solo un puñado de días. Sofía Cairó llegó al predio donde el Club Mariano Moreno está mudando sus instalaciones subida a una autobomba de los Bomberos Voluntarios de Moreno. Allí la recibieron más de 500 personas, la mayoría nenas y adolescentes, que se reunieron para agasajar a la hija predilecta de este club ubicado casi al final del conurbano bonaerense. La bandera argentina como capa, la medalla dorada de campeona del mundo de hockey en su pecho, la sonrisa instalada en su rostro y su generosidad para saludar a cada uno que se le acercaba daban la sensación de que se trataba del andar de una superheroína.
Pero las emociones siguen para Cairó, porque este lunes se convirtió en el Cenard en la abanderada argentina para los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que se desarrollarán del 12 al 26 de septiembre. Tras recibir la bandera de manos de Mario Moccia, presidente del COA y del Enard, la jugadora mencionó: “Llevar la bandera argentina es un orgullo enorme y una alegría representar al país de esta manera”.
La abanderada femenina vinculó además este reconocimiento con el presente de Las Leonas y con el trabajo de todas las jugadoras que formaron parte del ciclo: “Venimos de un Campeonato del Mundo increíble. Que yo esté acá con la bandera es un reconocimiento para todo el equipo, para Las Leonas y para todas las que fueron parte del proceso, así que agradecerles a ellas también. Estoy muy contenta, creo que estamos viviendo una locura y todavía no caemos”.

“Para mí Sofía Cairó es hoy una de las mejores jugadoras del mundo”, dijo Fernando Ferrara, el entrenador de las Leonas en una entrevista a LA NACION luego de la consagración en el Mundial ante Países Bajos el sábado 29 de agosto, otro día histórico para el hockey sobre césped nacional. Su opinión del líder de la selección es una afirmación compartida.
“Sin dudas fue la mejor jugadora de la final y me animo a decir que la más destacada de Argentina en todo el torneo”, respondió a LA NACION ante la consulta, la periodista y ex integrante de Las Leonas, Mercedes Margalot, que relató cada uno de los encuentros argentinos del Mundial desarrollado en Países Bajos y Bélgica. “Es una jugadora inteligente, sencilla, polifuncional que comenzó jugando como lateral y terminó brillando como volante”, apuntó la aguerrida exdefensora.
Lo sorprendente de Cairó no solo radica en su vertiginosa evolución, en su despliegue cuando atraviesa una cancha impulsada por una zancada arrolladora y con la bocha imantada al palo, o por su tranquilidad para resolver shotouts en situación de extrema presión, como fueron las definiciones por el tercer puesto en los Juegos Olímpicos de París o la final del Mundial 2026. No: su verdadero superpoder subyace en esa historia paciente y silenciosa que construyó desde muy chica partiendo de un modesto club del conurbano, donde comenzó a jugar a los seis años.
Resulta increíble y al mismo tiempo maravilloso que, desde ese espacio casi invisible, llegó hasta la cúspide de este deporte. Además, hay un rasgo único y que convierte a Sofía en algo excepcional: continúa jugando en el club que la vio nacer, cuando la enorme mayoría de los deportistas de elite han dado sus primeros pasos en pequeñas instituciones de barrio, pero al destacarse, situación que muchas veces ocurre a temprana edad, dieron el salto a un espacio competitivo de primer nivel que los albergó y los potenció.

“Muchos padres que ven condiciones en sus hijas me dicen que quieren cambiarlas a un club de primera porque les gustaría que sus hijas compitan en el primer nivel para desarrollarse, suponiendo que ése es el camino para llegar a ser Leona. Y ante esos planteos el caso de Sofi Cairó es un claro ejemplo que con mucho trabajo y entrenamiento, eso no es mandatorio”, afirma Mercedes Margalot.
Cada vez que puede, y cuando tiene un micrófono enfrente, Sofía se encarga de decir que el Club y Biblioteca Mariano Moreno es su casa, el lugar donde están sus amigos, el sitio donde se siente feliz y que nunca se le pasó por la cabeza aceptar alguna de las muchas propuestas que tuvo para jugar en un equipo de primera. “Este club es el lugar que me formó, donde me enseñaron valores, donde está mi familia y nunca quisiera irme de acá. Soy la jugadora y la persona que soy gracias a este club y es algo de lo que estoy muy agradecida. Me identifico mucho y siento que es parte de mi familia”, le dijo a LA NACION la jugadora que debutó en primera división cuando tenía 16 años, cuando el club del oeste militaba en Primera D.
Hoy Mariano Moreno participa en el torneo de Primera C luego del ascenso en 2019 y se ubica segundo en busca del ascenso. Cairó se suma a sus compañeras del club cuando su agenda de entrenamiento con la selección argentina se lo permite, casi siempre en canchas de arena, lo que representa un contraste importante frente a la superficie “de agua”, que es donde se desarrolla este deporte en el primer nivel. Pero este escenario de supuesta desventaja no es un freno para la campeona del mundo. “Si Sofi está en la cancha no la pueden marcar y además nosotras nos sentimos invencibles. Es casi seguro que ganamos”, sostuvo una de las jugadoras del primer equipo, durante el agasajo a la campeona del mundo, y los números avalan su mirada. En esta temporada, la Leona participó en 14 de 20 encuentros y, cuando firmó planilla para jugar en el conjunto rojiblanco ganó en diez ocasiones, empató en tres y perdió solo en una.
El sentido de pertenencia de Sofía sorprende a propios y ajenos. Una semana después de ganar el Mundial, y luego de tan solo siete días que estuvieron cargados de entrevistas y agasajos, se volvió a calzar la remera roja y blanca y se apuntó al partido que Mariano Moreno le ganó a Hindú en Don Torcuato, con el agregado de anotar uno de los goles que les dio el triunfo 2-1.
Cuando Sofía habla de su club, las palabras “familia” y “amigos” aparecen cada dos frases. Sus apellidos son parte de la historia del club. Su abuelo materno, Edgardo Zanotto, fue presidente y miembro recurrente en innumerables comisiones directivas. Lo mismo que sus tíos maternos, que jugaron en el equipo de primera de rugby y también fueron entrenadores. Su madre vistió la camiseta del equipo de hockey y fue capitana durante 25 años, igual que sus tías; y su padre fue jugador de primera de rugby. Este legado nunca fue un peso para ella y, lejos de asumir la tradición familiar como un mandato incómodo, tomó la posta y se adueñó de la escena. Hoy la identidad de toda la familia se revirtió y dejaron de ser quienes eran, para convertirse en “la mamá, el papá, o la tía… de Sofía Cairó”.
Si bien es cierto que la enorme mayoría de las jugadoras de las Leonas surgen de los clubes de Primera A, Sofía hizo un recorrido diferente y rompió con la tradición. El primer paso para mostrar sus cualidades fue en 2016, cuando tenía 13 años y la Asociación de Buenos Aires realizó una convocatoria masiva para conformar la selección juvenil provincial e invitó a dos jugadoras de cada club a una prueba: “Éramos como 300 chicas y en ese momento pensé que era imposible que alguien nos viera, pero al rato de estar jugando se me acercó un entrenador y me preguntó mi nombre y mi club. A la semana siguiente volvieron a llamarme y en esa segunda oportunidad ya éramos muchas menos”, explica Sofía, que a partir de allí fue parte de las distintas instancias juveniles del seleccionado de Buenos Aires.
En 2019, mientras disputaba la final del torneo nacional Sub-18 con la selección bonaerense, el actual entrenador de las Leonas, Fernando Ferrara, que en ese momento estaba a cargo de las Leoncitas, puso su mirada en esa mediocampista alta y con enorme despliegue físico, y la convocó a la selección juvenil nacional.
A partir del llamado de Ferrara se convirtió en uno de los pilares de ese equipo y participó en varios torneos internacionales apuntando al Mundial de Sudáfrica, que inicialmente estaba agendado para 2021 y que por la pandemia se corrió al año siguiente.
El primer gran torneo con la selección mayor fueron los Juegos Panamericanos de Santiago 2023. Sofía ya era parte del plantel que disputaba la Pro League, donde eran 22 jugadoras, pero para la cita en Chile convocaron a 16 y dos suplentes. Ella fue parte de ese equipo que ganó la medalla de oro a metros del Estadio Nacional de Santiago de Chile y que obtuvo el pasaje a los Juegos de París en 2024, donde Las Leonas volvieron con la de bronce tras superar a Bélgica por el tercer puesto.
En la cita olímpica tuvo un rol determinante, porque además de sumar muchos minutos en la cancha tuvo la responsabilidad de ejecutar el shotout definitivo que les otorgó a Las Leonas la medalla de bronce. Pero la consagración definitiva se dio en el pasado Mundial de Países Bajos y Bélgica 2026. Redondeó una destacada actuación durante todo el torneo, que se coronó con un partido perfecto en el encuentro final, que remató convirtiendo el shotout definitivo. Cuando convirtió, salió festejando eufórica con los brazos abiertos, para luego ser abrazada por sus compañeras. Lo que siguió fue una larga fiesta celeste y blanca, entre familiares y amigos. Hasta cantaron el himno por su cuenta, sin que sonara por los altavoces del estadio, frente a la desazón de los miles de hinchas naranjas que esperaban el cuarto título mundial consecutivo de “La Oranje”.
“Fui muy tranquila a ejecutar el penal porque lo entrenamos muchísimo. Además, tenemos un gran analista de video que estudió a la arquera y nos dijo lo que hacía. Ferrara me marcó que ella estaba muy atenta a lo que hacía la jugadora luego de girar; entonces me pidió que me tomara un segundo antes de tirar y que la mire. Eso me sirvió mucho porque fue lo que hice y me salió bien”, relata Cairó. “Ahora, cuando vuelvo a mirar el movimiento me resulta shockeante, porque nunca lo hice antes. Me salió así en el momento”.

Cuando le preguntan sobre su futuro, Sofía destaca que el plan es continuar este año jugando en Mariano Moreno, pero por primera vez desliza la posibilidad de vestir una camiseta que no es la de su club: “Me gustaría vivir la experiencia de jugar en el exterior. Probablemente en Países Bajos o en Bélgica que son dos de las mejores ligas”.
El contraste que provoca ver a Sofía Cairó transitar la banda de una carpeta azul brillante con la camiseta de las Leonas frente a la modesta cancha de arena de su club, que en cada sesión de entrenamiento se convierte en una especie de “tetris” donde muchas veces se divide y se reparte entre las diferentes divisiones para aprovechar la única superficie que tiene el hockey de la institución, es un verdadero abismo. Pero al mismo tiempo es una declaración de principios a la que ella no renuncia y una manera de decir a quien quiera oírla, que desde la humildad de un club social donde todo se hace a pulmón, también se puede. Hasta llegar a lo más alto.
Lo que Sofía provoca en cualquier chiquita que juega al hockey, seguramente es admiración por su destreza, su entrega y su calidad técnica. Pero al mismo tiempo, su historia, y sobre todo la sencillez generosidad con la que la habita, es un espejo donde reflejarse. Una suerte de Cenicienta del hockey que, a fuerza de dedicación y mucho trabajo, terminó calzándose ese zapato de cristal que abrazó con fuerza y no soltó más. Su trayectoria es todo un mensaje para las miles de jugadoras jóvenes que integran clubes de primera. Sí, con esfuerzo y entrenamiento, llegar a ser una Leona es un sueño posible.

