La final de las marcas

El partido decisivo no sólo presentará la batalla entre Brasil y Alemania; también se entablará la lucha de Nike v. Adidas, indumentaria de ambos seleccionados
(0)
28 de junio de 2002  • 10:35

SEUL.– Un nuevo round por dominar el mercado de la indumentaria deportiva tendrá lugar el domingo próximo, en Yokohama, donde Brasil se enfrentará con Alemania o, mejor dicho, Nike con Adidas. Será un clásico, aunque los enfrentamientos entre quienes hacen del deporte un verdadero negocio tiene más historia que el choque entre alemanes y brasileños, que chocarán por primera vez en una Copa del Mundo.

Esta nueva batalla de las marcas revivirá aquella realizada en 1998, cuando el equipo de las tres tiras, Francia, derrotó por 3 a 0 a los brasileños, en un desenlace tan controvertido como misterioso, porque aún no quedó claro si Nike presionó a la Confederación Brasileña de Fútbol para que incluyera a Ronaldo en el equipo, después de que la figura más representativa de la firma en el nivel futbolístico sufrió una seria descompensación la noche previa.

Será una final impensada para la gente de Adidas, que antes de la Copa del Mundo apostó todas sus fichas a la clasificación de la Argentina y de Francia para el cotejo decisivo, pero... los dos principales candidatos para ganar el título fueron eliminados en la primera rueda y cuando la firma alemana pensó lo peor, el seleccionado de su país le salvó la ropa, y de qué forma. Nadie daba un peso por los alemanes, pero allí estarán, regalándoles una sonrisa a los hinchas y, obviamente, a los gerentes de Adidas.

Con una venta de 5300 millones de dólares en 2001, la empresa creada por Adi Dassler armó su equipo de estrellas para quedarse con el Balón de Oro que ellos mismos entregarán, por ser sponsor de la FIFA, el 2 del mes próximo. Pero todas las figuras seleccionadas quedaron en el camino: Beckham, Zidane, Aimar, Del Piero, Raúl y Rui Costa verán la final por televisión, muy lejos de Japón. Nike, en cambio, tiene entre los designados a convertirse en el mejor futbolista de la Copa del Mundo a Ronaldo, Ronaldinho y a Roberto Carlos, quienes, junto con Denilson, formarán parte del cotejo decisivo.

Está claro, sin empezar la lucha por el título, el primer golpe corrió por cuenta de la firma norteamericana y los alemanes sólo confían en que el arquero Oliver Kahn, también designado entre lo diez mejores futbolistas para quedarse con el Balón de Oro, levante finalmente el trofeo. Como consuelo porque cuatro estrellas Nike estarán en la final, Adidas posará la mirada en el árbitro italiano Pierluigi Collina, cuya designación para dirigir Alemania v. Brasil sembró un abanico de dudas entre los sudamericanos, porque no consideran ético que un hombre que recibe dinero de Adidas sea el juez entre el equipo de su empresa y el de la competencia.

Desde 1995, Nike hace del fútbol un excelente negocio y, de acuerdo con los estudios realizados, se estima que la empresa con sede en Beaverton, Portland, aumentará las ventas relacionadas con el fútbol en 500 millones de dólares. Pero esa cifra resulta modesta si se la compara con los casi 10.000 millones de dólares en ventas anuales. Claro que para conseguir réditos es necesaria la inversión y Nike ya destinó 155 millones de la moneda norteamericana para promociones deportivas, un 40 por ciento del presupuesto mundial que deja en ridículo los 5 millones de dólares que se destinaron en 1994.

Cuando el Mundial finalice será el tiempo de hacer números y de definir si el Mundial fue un buen negocio o no para las representaciones de las empresas en cada país. En la Argentina y Francia, por los resultados entregados por los seleccionados de dichos países en Oriente, todos saben que el rédito quedó muy lejos de lo que se proyectó. Distinta es la posición de la representación en Turquía, que con la clasificación del seleccionado para las semifinales fortaleció su mercado. Nike, en cambio, fijó su objetivo en Brasil y el equipo de Luiz Felipe Scolari respondió con creces, pero al igual que Adidas, la firma que tiene la pipa como logo inconfundible, se encontró con una enorme plaza para explotar: Corea, que con la clasificación para las semifinales generó un fervor y un interés por la selección jamás imaginado.

Una nueva final está por comenzar y más allá de los sentimientos que envuelven a unos y a otros, el triunfo de tal o cual país marcará el comienzo de un excelente negocio para quienes hacen del fútbol una lucha silenciosa, pero que está públicamente declarada.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?