La "pulga" mendocina que lucha por el tratamiento hormonal que mejoró a Messi

El pequeño gigante Ian, pasa a los rivales con su destreza, pero no en altura. Por eso, necesita acceder al tratamiento hormonal para poder crecer. Crédito: Marcelo Aguilar
El pequeño gigante Ian, pasa a los rivales con su destreza, pero no en altura. Por eso, necesita acceder al tratamiento hormonal para poder crecer. Crédito: Marcelo Aguilar
Pablo Mannino
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19 de julio de 2019  • 23:59

MENDOZA.- "Es una pulga", se escucha en la tribuna. Con la camiseta volando entre su pantalón, que apenas deja ver el número, corre tras la pelota, a lo Messi . La pisa, gambetea, quiebra la cintura y sigue corriendo. Deja atrás a uno, dos y tres rivales. Prueba al arco y hace el gol. Abrazos y sonrisas.

A los 9 años, Ian Uriel Vargas sorprende en las canchitas de los torneos infantiles mendocinos, recién dando sus primeros pasos con la casaca de Godoy Cruz Antonio Tomba. Con sus jueguitos, pasa a los chicos, pero ya no en altura. Mide menos que su hermano, dos años más chico, y que sus compañeros de la 2010, una categoría menor. Sus condiciones futbolísticas sorprenden pero también sus dificultades para crecer. Y él sueña con su ídolo, el crack de la Selección y el Barcelona. También con seguir en el Expreso cuyano o llegar a River, algún día.

Ian, luego de terminar de jugar un torneito de invierno en Mendoza. Crédito: Marcelo Aguilar
Ian, luego de terminar de jugar un torneito de invierno en Mendoza. Crédito: Marcelo Aguilar

Así las cosas, este pequeño luchador de la redonda, pelea también para ganar la otra batalla: la desnutrición infantil que padeció desde que estuvo en la panza de su mamá. El diagnóstico es Retraso de Crecimiento Intrauterino (RCIU), una afección en la que el bebé no logra el peso normal durante la gestación, aunque se debe esperar a que cumpla al menos los tres años para determinar el padecimiento y empezar a delinear acciones médicas. Ian mide poco más de un metro y pesa 19 kilos, prácticamente lo recomendado para un chico de seis años.

Junto a sus padres, quienes aún hoy intentan mejorar la situación económica familiar y conscientes de lo ocurrido, no bajan los brazos para cambiar la dura realidad que les toca vivir. Por eso, desde hace un año comenzaron a consultar por el tratamiento hormonal de crecimiento que hizo Messi cuando era niño y recién a comienzos de este mes, luego de varios estudios, lograron un importante avance: la orden médica para realizarlo.

La orden médica, con el diagnóstico de Ian, y el pedido para iniciar el tratamiento hormonal con Somatotropina.
La orden médica, con el diagnóstico de Ian, y el pedido para iniciar el tratamiento hormonal con Somatotropina.

La orden médica, con el diagnóstico de Ian, y el pedido para iniciar el tratamiento hormonal con Somatotropina.
La orden médica, con el diagnóstico de Ian, y el pedido para iniciar el tratamiento hormonal con Somatotropina.

Sin embargo, a pesar del aval profesional, sienten que todo está lejos y piden ayuda, sobre todo para que se aceleren los plazos, ya que no cuentan con obra social; sólo poseen la cobertura del programa oficial Incluir Salud, que debería actuar de igual forma, como lo establece el Plan Médico Obligatorio (PMO), para este tipo de casos. Por eso, en definitiva, la decisión la debe tomar el Ministerio de Salud de la Nación, en base al informe elaborado por el Hospital Pediátrico Humberto Notti.

Alejandra Sosa, mamá de Ian, lucha para que su hijo pueda acceder al tratamiento.
Alejandra Sosa, mamá de Ian, lucha para que su hijo pueda acceder al tratamiento.

"Mi sueño es jugar en River, y me gusta mucho Messi", contó, tímidamente, el pequeño a LA NACION. "Mi hijo ama jugar a la pelota. El quiere superarse día a día y haremos todo lo posible para lograr sus sueños, aunque vemos muchas dificultades y demasiados trámites para iniciar el tratamiento", expresó Alejandra Sosa, junto al papá de Ian, Enrique Vargas, quienes viven en la comuna de Tunuyán, a más de 90 kilómetros de la capital provincial, y no tienen empleo formal; realizan tareas en el campo, aunque Enrique padece desde hace años una discapacidad física que le impide realizar trabajos de fuerza.

En diálogo con LA NACION, Elsa Ayub, la médica del Servicio de Endocrinología Infantil que atiende al pequeño Ian, contó acerca de la importancia del tratamiento y que se aguarda lo que disponga Nación. "Es un tratamiento con Somatotropina que le va a venir muy bien, ya que es un niño con huesos más chicos, con unos dos años de retraso óseo, por eso mientras antes se haga mejor. De ser así, tendrá unos cinco años con inyecciones diarias, hasta que se cierre su cartílago de crecimiento. Se trata de dar respuestas a niños que no crecen, por ser lentos en crecer, y algunos responden muy bien. En el caso de Ian, por sus cualidades deportivas sería una gran ayuda que pueda concretarlo", explicó la especialista, quien reconoció que se trata de un tratamiento costoso pero que está incluido en el PMO.

De acuerdo a datos del sector farmacéutico, se estima que cada dosis que necesita inyectarse el pequeño tiene un costo de entre 2.000 y 3.500 pesos por día. Esto equivale a unos 100.000 pesos mensuales, aunque los valores también dependen de las contrataciones a gran escala que realiza el Ministerio. Actualmente, en Mendoza, en sus diferentes variantes y necesidades orgánicas, están bajo tratamiento con hormona de crecimiento unos 65 chicos, de los cuales la mitad no posee cobertura en salud. De ahí la importancia de la decisión de Nación. La práctica consiste en inyecciones diarias que se efectúan antes de irse a dormir, ya sea en brazos, piernas, abdomen o glúteos.

Desnutrición congénita

Los signos de alerta fueron percibiéndolos de a poco, hasta que las diarreas se convirtieron en permanentes. Los papás del pequeño Ian aseguran que las consultas médicas iniciales no lograban orientarlos. Recién a los cuatro años advirtieron que nada estaba bien. Fue cuando descubrieron que el niño tenía salido el intestino.

Ian, a los cuatros años, cuando empezó a jugar al fútbol con su hermano Thiago, en la comuna de Tunuyán. La hermanita también, siempre presente.
Ian, a los cuatros años, cuando empezó a jugar al fútbol con su hermano Thiago, en la comuna de Tunuyán. La hermanita también, siempre presente.

"Los médicos relacionan mis problemas de desnutrición y de genética en los huesos con lo que le pasa a Ian. Aseguran que se los transmití en el embarazo. Me dicen que gracias a Dios no ocurrió con mis otros tres hijos", contó Alejandra, quien a pesar de reconocer las dificultades económicas para llevar un plato saludable a su mesa, siempre intentaban alimentarlo con leche y yogur "pero nos dimos cuenta que su cuerpo no resistía nada".

Asimismo, luego de intervenciones y nuevos estudios también se determinó la presencia de celiaquía. Esto, significa además un nuevo regimen alimentario, y por ende mayores costos, difícil de afrontar. "Tenemos todos los cuidados posibles pero se nos hace cuesta arriba. Por eso, siempre es bienvenida la colaboración y agradecemos a todos, aunque se hace difícil la ayuda oficial", contó Alejandra, quien asegura que desde el 2017 vienen tramitando una pensión, sin resultados a la vista.

En pleno partido, Ian busca despegarse del rival y asistir a sus compañeros.Crédito: Marcelo Aguilar
En pleno partido, Ian busca despegarse del rival y asistir a sus compañeros.Crédito: Marcelo Aguilar

Mientras, en los últimos torneitos de invierno, Ian sigue haciendo de las suyas. Los entrenadores destacan las cualidades del chico al igual que los papás más "experimentados", como Oscar Giacomelli, un ex jugador de primera y DT de clubes mendocinos, quien tiene a uno de sus hijos como compañero de Ian. El hombre se mostró sorprendido por el juego del pequeño y apostó a que pueda lograr el tratamiento. "Es una buena oportunidad y un ejemplo para ponerse la mano en el corazón y poder darle una solución a este crack, que seguramente podremos disfrutar a futuro, por sus condiciones. Todos los deportistas de Mendoza tenemos que apoyar estos casos, sobre todo porque se trata de un niño que ama el fútbol, que viene de una familia humilde y de gran corazón", señaló.

Ian, junto a su hermano Thiago, y sus compañeritos del equipo de la 2010 del Tomba.
Ian, junto a su hermano Thiago, y sus compañeritos del equipo de la 2010 del Tomba.

Así las cosas, la familia Vargas no baja los brazos, y apuesta a la solidaridad y el apoyo oficial para poder seguir soñando y darle la posibilidad a su hijo, mientras descose la pelota, de crecer como sus compañeritos, quienes se asombran, como los grandes, de las jugadas del pequeño gigante.

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