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MONTEVIDEO.- Diego Maradona llegaba a la capital uruguaya con la ilusión de agasajar a un amigo y sentir otra vez la alegría de jugar al fútbol, pero el destino le reservaba un imprevisto trago amargo. Poco después de bajar del avión que lo trajo desde San Pablo, donde comentó Palmeiras-Boca para la TV, Guillermo Cóppola le dio la noticia de la muerte del cantante Rodrigo, con quien Diego compartió momentos en Cuba, días atrás, y a quien conocía desde hace doce años.
El golpe instaló una expresión sombría en su rostro. Uno de los primeros en acompañarlo en el momento triste fue Carlos Aguilera, justamente el destinatario del partido homenaje hecho anoche, en el estadio Centenario, al que Maradona le aportó su presencia. El Pato, junto con Nelson Gutiérrez, lo fue a recibir al aeropuerto de Carrasco poco después de las 13. Sólo mejoró el semblante del astro cuando el almuerzo lo reunió con su esposa Claudia, su hija Giannina y Cóppola.
Todo derivó en un cambio de planes: Maradona y sus allegados tenían pprevisto viajar anoche a Buenos Aires en un avión privado, tras la cena en el hotel Sheraton posterior al encuentro. "Quería estar en la despedida de un gran tipo, una gran jugador y un gran amigo. No es el día ideal, porque se mató un amigo a quien quería muchísimo y vamos a jugar en su memoria. A Rodrigo le gustaba mucho el fútbol. Yo no tenía pensado volver a Buenos Aires hasta fin de año, pero esto me lleva a ir a la Argentina, porque mi corazón me dice que tengo que estar con él. Hace poco, Rodrigo me contó que presentía su propia muerte y que me protegería desde el cielo", dijo después.
Pese a la tristeza, cumplió con el compromiso de amistad que lo trajo aquí. Alrededor de 18000 personas en las tribunas del Centenario conjugaron dos satisfacciones. Una, agasajar a su ídolo, el Pato Aguilera, de 36 años, que actuó para Peñarol en un encuentro ante un combinado de estrellas. La otra, ver en acción a Maradona que, tal como ocurrió en Munich, hace un mes -en la despedida a Lottar Matthaeus- fue el otro polo de atracción.
No acompañó el clima, es cierto -llovió intermitentemente antes del partido-, pero la presencia de Diego alcanzó para ponerle calor a la noche, especialmente con esa sutileza en forma de tiro libre con la que estampó el 2 a 2. Allí nació el "Olé, olé, olé, Diego, Diego..." que sonó aquí igual que en cualquier parte.
Y Maradona se dio un gusto especial: jugar por primera vez al lado de Enzo Francescoli, una de las figuras -junto con Gutiérrez, Juan Ramón Carrasco e Ivo Basay, entre otros- del Equipo de Estrellas. Sus kilos de más -algunos por encima de los que mostró en Alemania- no le impidieron participar bastante del juego y buscarse frecuentemente con Enzo. Y una ovación de pie ("Diego querido, no te vayas nunca más" gritó la gente) lo despidió cuando dejó el césped, a los 17 del segundo tiempo.
Aguilera -pasó por Peñarol, Nacional y River Plate (Uruguay), Independiente Medellin, Racing nuestro país, Universidad Autónoma de Guadalajara, Genoa y Torino- hizo dos goles en el 6 a 2 final de Peñarol y tuvo la despedida que quería. Coronada, claro, con un largo abrazo con su admirado Maradona.


