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Un repaso simple por la vida de Rivaldo Vito Borba Ferreira estremece y el resultado puede llegar a ser tan asombroso y sorprendente como la oscura historia que se oculta detrás de su espigada figura.
El análisis a la hora de investigar sus raíces y su infancia se somete a las condiciones en las que pasó su niñez. Entonces, al momento de sacar conclusiones es necesario repasar la cruel rutina que lo sometió durante sus primeros años de vida en la favela brasileña y la resignación de sus sueños que eran, al fin y al cabo, semejantes a los de miles y miles de chicos brasileños.
Aun hasta cuando el futuro, lo único que le quedaba, parecía hipotecado, salió adelante. Con talento, atributo innato, y mucho sacrificio, cualidad elogiable, burló todas las trabas que se le interpusieron en su camino: sus largas recorridas por la playa vendiendo siempre algo diferente, la muerte de su padre al tiempo en que le llegó la citación de Santa Cruz de Recife -su primer club-, los quince kilómetros que debía caminar para llegar al entrenamiento y muchos obstáculos más.
"En Paulista es difícil soñar". La frase corresponde al hombre maduro, cauto y millonario, quien sin remordimientos mira hacia atrás. Recuerda en voz alta: "Pasar hambre es algo que no me lo voy a olvidar jamás en la vida". Tal vez, haber perdido su dentadura por la falta de alimentación sirva para ilustrar esta afirmación. Rivaldo formó parte del mundillo de los marginados y esa sensación agobiante contribuyó con su sueño, el de ser una estrella. Y poco a poco lo fue logrando.
De Santa Cruz de Recife pasó a Mogi Mirim, un discreto club del Campeonato Paulista. Luego fue a préstamo a Corinthians en 1993 (en diciembre debutó en la selección mayor), para después ascender hasta Palmeiras al año siguiente.
Pero, cosa curiosa, nunca llegó a ser un ídolo y él no dio vueltas, como en la cancha: "En todo el mundo se habla mejor de mí, que en Brasil". Lejos de los flashes y las cámaras, Rivaldo no fue una super estrella desde el comienzo de su carrera como sí lo fueron Romario y Ronaldo (inevitable compararlos). Es cierto que se lo podría clasificar como un jugador no muy carismático ni mediático, y esa condición, la de ser realmente auténtico fuera del campo de juego, le jugó en contra desde sus comienzos en Brasil y también, en parte, en España, en donde actuó con un éxito rotundo en Deportivo La Coruña y en la actualidad en Barcelona (club donde también fue resistido en un comienzo).
Donde se siente más cómodo es en la cancha y cuando quedó afuera del Mundial 94 acusó el impacto. "No haber ido a los Estados Unidos fue el golpe más duro de mi carrera. Y lo de Atlanta también".
Pero ¿qué pasó en Atlanta? El entrenador Mario Zagalo optó por Bebeto, Aldair, y faltaba uno para completar el cupo de tres jugadores mayores de 23 años que eran permitidos para integrar el seleccionado, en los Juegos Olímpicos del ´96. La torcida , en su gran mayoría, pedía a gritos a Romario, pero Zagalo convocó a Rivaldo ("Rivaldo es Pelé", justificó el DT). Y Brasil cayó en las semifinales ante Nigeria por 4 a 3 con gol de Oro tras una pelota perdida en mitad de cancha por... Rivaldo. Si no existía feeling entre el jugador y los hinchas, la experiencia de Atlanta acabó con cualquier intento de reconciliación, ya que fue catapultado por la prensa y los hinchas como máximo responsable de la eliminación.
Ese año, en el ´96, partió hacia España. Llegó a La Coruña y Rivaldo experimentó un romance con sus hinchas y fue catalogado como ídolo. Y al año siguiente fue contratado por Barcelona en donde alcanzó su esplendor como futbolista y en donde tuvo encontronazos con uno de sus técnicos, el holandés Louis Van Gaal, por la posición en la que lo hacía jugar: "Tuvimos varias diferencias. Es cierto que hubo desacuerdos", admitió.
Llegaron los contratos millonarios, los autos lujosos, y ni se inmutó. "Mucha gente cambia por la plata, y cambia muy rápido. Yo no. ¿Para qué?
Le costó, pero Rivaldo hoy por hoy es la figura indiscutida de Brasil -siempre candidato- para el Mundial 2002. Es reconocido por los hinchas que alguna vez los resistieron y amado por los simpatizantes del norte de su país. Porque en Brasil existen distinciones según donde nace cada futbolista: están los del Sur, que son los ricos y los mejores , y los del Norte, que les queda el papel de pobres y humildes. Y Rivaldo nació en Pernambuco, bien al Norte. Antes del mundial de Francia 1998, él mismo lo explicó: "Si yo hubiera nacido en el Sur, hoy sería el número uno por lejos. Conmigo hay preconceptos."
Ese es Rivaldo. El jugador que deslumbra por lo impredecible de sus movimientos, la magia de su pierna izquierda y la visión del juego. El mismo que sufre por la pobreza y que pide no hablar de la fundación que preside para chicos carenciados; el mismo que confiesa y repite: "Sueño con ganar el Mundial".
A los 30 años, cierra los ojos y vuela. Como en el Camp Nou, Riazor o en algún iluminado estadio que brilla bajo los ojos del mundo entero. Y él, como si nada. Como cuando cerraba sus ojos en su precaria habitación, allá en un rincón perdido de Pernambuco.
