River se aprovechó de las desatenciones de Flamengo

El oportunismo le alcanzó al equipo de Gallego para ganar 2 a 1, en el Maracaná; Sarabia y Cardetti, los tantos
(0)
23 de agosto de 2000  

RIO DE JANEIRO.- Américo Gallego anticipó que la Copa Mercosur no será su prioridad. Lo obsesiona conseguir el tricampeonato local. Pero la marcha de River por el torneo continental parece dispuesta a entregarle renovadas satisfacciones, ya que anoche consiguió su segunda victoria consecutiva por el Grupo A del certamen. Con el valor agregado de que derrotó a Flamengo por 2 a 1 y por primera vez en su historia se retiró ganador del estadio Maracaná.

El sistema experimental que anoche ensayó Gallego comenzó por cumplir su misión sólo a medias durante la primera etapa. River se presentó como un equipo comprometido con la recuperación de la pelota, y a la vez bastante desatento a las incursiones ofensivas. Pero se retiró vencedor al acertar una jugada tan aislada como confusa: tras el córner de Javier Saviola se generó una sucesión de desaciertos en los intentos por rechazar la pelota, hasta que el paraguayo Pedro Sarabia remató al gol.

El entrenador millonario no paró de vociferar indicaciones para intentar sumarle solidez a su nuevo esquema. No siempre lo logró. Flamengo sostuvo una iniciativa que muchas veces contó con velocidad, pero casi nunca le adosó creatividad. Entonces, sin ideas, los cariocas avanzaron por los arrestos individuales de Adriano y de Edilson, sus delanteros, pero habitualmente entre el desorden y la ansiedad por llegar a la definición, los propios brasileños le facilitaron los despejes pocos ortodoxos a la última línea del conjunto de Núñez.

Claro que igualmente Flamengo no mereció caer es ese primer tiempo. El travesaño le negó el tanto a Edilson y una buena maniobra de Petkovic terminó con un disparo que se perdió apenas afuera del arco de Roberto Bonano. Más allá de sus confusiones colectivas y conceptuales, Flamengo nunca dejó de presionar y de obligar a River. Por eso Claudio Husain y Guillermo Pereyra estuvieron obligados a un exigente despliegue, que también los empujó a jugar al límite mismo de las brusquedades.

Idénticas posturas se mantuvieron en el comienzo de la etapa final. Es decir que River mantuvo su ordenada fortaleza defensiva, y Flamengo insistió con el ataque confuso. Pero, al menos, los brasileños ahora entendieron que debían sumarle criterio a su avance, e intentando desbordar la última línea millonaria por los costados, comenzaron a crear zozobras. Hasta que el yugoslavo Petkovic rescató un despeje corto, en el borde del área grande, y remató con ajustada sutileza para hacer esteril el vuelo de Bonano.

Y Flamengo fue por más, lógicamente. Pero se confundió en el vértigo de sus obligaciones. Entonces, pagó muy caro sus distracciones. Mal ubicado, desatento en las marcas, le facilitó un contrataque decisivo a River: Gancedo habilitó con precisión a Martín Cardetti y el Chapulín corrió hasta el gol. Husain y Pereyra se debieron esforzar aún más para sostener a River. Igualmente, la desesperada y ciega ofensiva de Flamengo bien se hubiese merecido el empate. Bonano tapó un mano a mano ante Juan, y después Trotta salvó en la línea un disparo de Reinaldo. Orden y oportunismo condujeron a River hasta un premio exagerado.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?