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Vivía intensamente. Y sus amigos imaginan que así debería estar viviendo ahora, con 46 años cumplidos y muchos proyectos, algunos concretados y otros en vías de desarrollo. Establecido en Biarritz con su mujer, Mary, y sus hijos, Faustino, Justo y Santiago, y yendo cada tanto de vacaciones a Buenos Aires. Pero un arrebato demencial le truncó la vida y le desvaneció los sueños en la madrugada del 19 de marzo de 2022, mientras caminaba por las calles de París, tras una acalorada discusión en un bar. Federico Martín Aramburú fue asesinado a tiros en aquella fatídica jornada y por estas horas se desarrolla en la capital francesa el proceso del que sus familiares y amigos esperan haga justicia.
Justicia por Fede, como rezaba la bandera desplegada el sábado pasado en todas las canchas del Top 14 de URBA y en el test match entre los Pumas y Australia en Mendoza. Justicia para que los responsables paguen y que, al menos, Federico pueda descansar en paz, ya que nada ni nadie podrá devolverlo a los brazos de su mujer, al cariño de sus hijos, a los besos de sus padres y de sus hermanos (Isidro, el mayor, y Rosario, la menor)... A los abrazos de sus amigos.
Federico Thomann, ex jugador del Club Atlético de San Isidro e íntimo amigo de Martín Aramburú, lo definió en una frase para LA NACION: “Se dice que se juega como se vive. Bueno, Fede jugaba como vivía... A full. Y eso se reflejaba en la cancha”. Oscar Murgier, otro de sus grandes amigos, ex jugador de CASI y actual entrenador de su plantel superior, ahondó en el tema: “No le alcanzaban las 24 horas del día... Vivía al mango”. Los tres compartieron buena parte de sus vidas. Los Federico eran de la camada 1980, y ‘Junior’, de la 1981. “Pero nos llevábamos muy bien y ambas camadas se fusionaron en una: la ’80/’81”, precisó Murgier.
Federico Martín Aramburú nació en La Plata el 20 de enero de 1980 y era hincha de Estudiantes. Llegó a CASI siendo un chiquilín, de la mano de un amigo de su padre. Hizo completas las divisiones infantiles y juveniles, hasta que llegó al plantel superior. “Desde muy chico se veía que era distinto”, evocó Thomann, héroe del último campeonato obtenido por el club de San Isidro, en 2005. “Siempre se comprometió con el equipo y permanentemente buscaba la manera de hacer que el otro diera el máximo también. Siempre fue capitán, y también referente. En todos los lugares donde estuvo”, señaló. “Un líder nato. Líder positivo. Disfrutaba de cada momento”, añadió Murgier.

Fuerte físicamente, el wing o centro se destacaba también por su mentalidad. “Fede era grandote, pero no gigante. Era rápido, no velocista. En cambio, su cabeza era muy fuerte”, detalló Junior. Cuando se proponía algo, no paraba hasta cumplirlo. Poseía un alto poder de convencimiento. Porque respaldaba con los hechos lo que pregonaba. “Se planteó ser campeón en la M-19, nos convenció a todos y fuimos campeones, con él siendo clave en el último partido, contra Champa. ¡Teníamos una presión...! Y él se hizo cargo y jugó como si nada”, rememoró Murgier. “Las dotes de líder vinieron más de grande. Y las mostró en todos lados. Hasta en el seleccionado”, apuntó Thomann, aludiendo a los Pumas.
Con el correr del tiempo, el objetivo pasó a ser jugar en la primera de CASI. En 2003, las cebras jugaron una semifinal del torneo de URBA frente a Alumni, que alistó a Rafael Carballo y Miguel Avramovic, dos jugadores seguidos por emisarios del club Biarritz que los vieron jugar aquel día. En ese partido, Martín Aramburú hizo dos fantásticos tries. Y tanto impresionó a los franceses que ellos decidieron contratar al back de la Academia y desistir de los hombres de Alumni.
Federico no se conformó con sobresalir en el club de toda la vida y entonces apuntó a los Pumas. Y llegó al conjunto nacional. Se convirtió en el Puma número 623 de la historia. Después, soñó estar en un mundial. Y también viajó a la gran cita. Pero no frenó en eso su ambición: además quería ser titular. Y fue titular. Su nombre y su apellido están grabados en los corazones de los fanáticos albicelestes de este deporte como uno de los gladiadores del histórico tercer puesto en la Copa del Mundo Francia 2007.
Su jerarquía y sus ganas de vivir una experiencia profesional lo llevaron a Biarritz Olympique. No le resultó fácil dejar todo en Buenos Aires, pero tomó la decisión y hacia el Viejo Continente partió en julio de 2004. “Cuando me fui de la Argentina no tenía un conocimiento real de lo que me esperaba. Me costó dejar el CASI e interrumpir mi carrera de Derecho. Mi único objetivo, entonces, era adaptarme al rugby profesional. No sabía si iba a estar un año o si no me sentiría cómodo y a los dos meses iba a volver”, comentó largo tiempo atrás a LA NACION.
En Biarritz fue campeón en las dos temporadas en que defendió la camiseta: 2005 y 2006. Luego actuó dos años en Union Sportive Arlequine Perpignan, y otras dos en US Dax, también de Francia. Y en junio de 2010 firmó un contrato de tres años con Glasgow Warriors, de Escocia. Pero al cumplir los dos primeros interrumpió el vínculo para regresar a Argentina y retirarse en CASI.

Como persona era especial. “Tenía mucha empatía. Siempre ponía primero al otro”, resaltó Thomann. “No por casualidad llegó adonde llegó. Su presencia no pasaba inadvertida. Tenía una intensidad... Una vez, ya grandes, me llamó porque quería sacar un vino. Por entonces mi viejo laburaba en la industria del vino. Y de esa charla sacamos finalmente un vino. Es que cuando se le metía algo en la cabeza... Compartí todo con él: la amistad, el club, un proyecto laboral. Y la verdad, es un dolor muy grande que no esté”, concluyó el otro Federico.
Martín Aramburú vivió intensamente. Hace cuatro años y medio lo asesinaron y ahora se pide “Justicia por Fede”, ese ser que siempre pensaba en el otro antes que en él mismo.


