Los Pumas y los mensajes racistas de Matera, Petti y Socino: un manchón que amenaza con más problemas y nubarrones en el futuro

Crédito: AP Photo/Rick Rycroft
Alejo Miranda
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1 de diciembre de 2020  • 13:48

El lunes había terminado con cierta paz para los Pumas. A través de un comunicado, el capitán Pablo Matera se disculpó por la tibieza del homenaje que le habían realizado a Maradona. Un buen paso para empezar a calmar las aguas y poner la cabeza en el partido del sábado, el último de un año convulsionado para el rugby argentino. Ya entrada la madrugada en Sydney, todo se alteró en el búnker del seleccionado. La orden: que los jugadores revisen cada una de sus redes sociales y eliminen cualquier mensaje comprometedor. La bomba ya había estallado. En Twitter se viralizaron posteos de la cuenta certificada de Matera que databan de 2012, de tinte xenófobo, misógino y racista. Chistes de mal gusto, condenables por donde se los mire. Impropios de un capitán de los Pumas y aun de cualquier miembro de un seleccionado nacional. Enseguida, los grandes medios se hicieron eco y el tema tomó estado nacional. La caza alcanzó a Guido Petti Pagadizábal y Santiago Socino, también por expresiones repudiables, también de hace más de ocho años.

Matera cerró inmediatamente su cuenta de Twitter, pero asumió la responsabilidad de sus acciones y respondió ya en la mañana del martes australiano a través de su Instagram: "Pasé momentos más duros. Estoy muy avergonzado. Disculpas a todos los que salieron ofendidos por las barbaridades que escribí. En ese momento no imaginaba en quién me iba a convertir. Hoy me toca hacerme cargo de lo que dije hace 9 años. Perdón también a mi equipo y mi familia por el momento que están pasando por mis acciones y gracias a la gente que me quiere por su apoyo". En términos similares se expresaron Petti Pagadizábal y Socino.

Escándalo: Matera, Petti y Socino, jugadores de los Pumas, expuestos por posteos racistas

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Poco después, alrededor de las 22 (de nuestro país), la Unión Argentina de Rugby (UAR) informó a través de un comunicado que: repudiaba los comentarios discriminatorios y xenófobos publicados por integrantes del plantel de los Pumas en las redes sociales; revocaba la capitanía de Pablo Matera y solicitó al staff que propusiera un nuevo capitán; suspendió a los tres jugadores hasta tanto se defina su situación disciplinaria; inició un proceso disciplinario a los tres jugadores mencionados, a cargo de la Comisión de Disciplina. "Si bien los mensajes fueron expresados hace algunos años y no representan la integridad como personas que los tres mostraron durante este tiempo en los Pumas, desde la UAR condenamos cualquier expresión de odio y consideramos inaceptable que quienes las expresen representen a nuestro país", agregó. Una condena prudente, que por lo pronto les impedirá actuar el próximo sábado en el partido contra Australia, por la última fecha del Personal Tri-Nations.

En 2015, unos días después de haber firmado su primer contrato profesional con la UAR, Matera ya había sido castigado por la institución por agarrarse a golpes de puño en una discoteca bailable de Pilar. En aquel entonces fue sancionado levemente por sólo dos partidos y no pudo actuar en un par de amistosos con Pampas XV, pero sí en el Pacific Challenge y luego en el Mundial de Inglaterra.

Pablo Matera, en la derrota frente a Nueva Zelanda
Pablo Matera, en la derrota frente a Nueva Zelanda Crédito: VillarPress

Las implicaciones de este nuevo desplante exceden ampliamente la coyuntura. El año ya empezó con una mancha para el rugby argentino a partir del asesinato de Fernando Báez Sosa a manos de un grupo con vínculos con este deporte. La condena mediática al deporte fue brutal y exageradamente excesiva. La primera victoria en la historia ante los All Blacks obtenida tres sábados atrás, conseguida a fuerza de garra y contra enormes adversidades, queda ahora como un oasis en el desierto. Quizás nada de esto habría ocurrido si el homenaje a Maradona del sábado hubiera sido más digno. Pero ese desliz volvió a poner al rugby en el patíbulo. En un país ávido de divisiones y enfrentamientos, los Pumas quedaron en la mira. Alguien reflotó viejos pecados de juventud injustificables y la bola de nieve se convirtió en una avalancha.

Crédito: VillarPress

Luego del partido del sábado, los Pumas no volverán a jugara hasta julio, si la pandemia lo permite. Hay tiempo para enfriar la cabeza y tomar medidas justas. Aquí aparece un abanico de opciones. No parece atinado que Matera siga portando la cinta de capitán. ¿Pueden él y los otros dos involucrados seguir vistiendo la celeste y blanca? La respuesta es más compleja. Hay dirigentes que piensan que su carrera en el seleccionado está terminada porque no representan los valores que entienden entraña tal responsabilidad. Lo que publicaron es muy grave, eso es ineludible. Tanto como que ocurrió hace muchos años. En el transcurso pueden haber reflexionado, aprendido, madurado. O pueden hacerlo ahora. Qué mejor que el deporte para cambiar a las personas.

Además, ¿quién lo va a sancionar? ¿Las mismas personas que expusieron al capitán y al resto de los jugadores al no ocuparse ellos de que el homenaje a Maradona estuviera a la altura que exigía tamaño acontecimiento, hecho que desencadenó todo?

Paralelamente, los jugadores deberán enfrentar denuncias que anunciaron que iban a iniciar la Defensoría de la Ciudad de Buenos Aires y el Inadi, que pueden llegar derivar en la Justicia. "Vamos a realizar las denuncias respectivas y a ofrecer cursos y programas a la UAR para deconstruir esta postura inconcebible e inaceptable en nuestra sociedad democrática y heterogénea. Deben disculparse ante la sociedad, responder si corresponde ante la justicia, y cambiar sus reprochables conductas", reza el comunicado. También la DAIA manifestó su repudio: "Frente a la difusión de tuits misóginos, xenófobos y antisemitas publicados en el pasado por el capitán de los Pumas, Pablo Matera, que se han viralizado en la fecha, la DAIA expresa su rechazo y preocupación por los valores que manifiesta el capitán del equipo nacional de rugby. El odio y el racismo con el que se refiere a diferentes colectivos deja en evidencia el desprecio por la igualdad y la diversidad humana de quien hoy es uno de los representantes de la Argentina en el campo del deporte internacional".

¿Fuga de patrocinadores?

El rugby argentino, en tanto, deberá seguir lidiando con una estigmatización creciente de parte de la sociedad. Un efecto colateral de ese fenómeno, que había comenzado con el caso Báez Sosa en enero, es la fuga de sponsors. Varios clubes de la URBA ya fueron víctimas de esta situación. LA NACION pudo saber de distintas fuentes que uno de los principales auspiciantes de los Pumas está analizando la factibilidad de rescindir unilateralmente el contrato con la UAR.

En términos deportivos, el entrenador Mario Ledesma debe enfocarse en que la tormenta afecte lo menos posible al equipo de cara al último partido del año, ante Australia. Una tarea nada sencilla para un equipo que además llega golpeado por la reciente derrota amplia ante Nueva Zelanda (38-0). A esta altura, el partido queda para la anécdota. Después de la decepción Mundial de Japón, Ledesma encaró una transformación profunda fundamentada principalmente en cuestiones intangibles, como la identidad. El resultado fue satisfactorio y por primera vez en nueve años en el certamen hemisférico los Pumas encadenaron dos partidos sin derrotas. Ahora, al margen de lo que ocurra el sábado en Sydney, deberá volver a trabajar en la materia.

El objetivo es el Mundial 2023, cuyo sorteo se realizará el 14 de diciembre. Indefectiblemente, ese camino sufrirá una enmienda. Otra vez, volver a empezar.

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