Por qué Pichot va a ser el Nº 1 de World Rugby, ahora o en una próxima elección

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Agustín Pichot en Francia 2007, como mirando el isologo de International Rugby Board, antecesor del actual World Rugby.
Agustín Pichot en Francia 2007, como mirando el isologo de International Rugby Board, antecesor del actual World Rugby. Crédito: agustinpichot
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24 de abril de 2020  • 23:59

Todavía no podemos saber quién será el presidente de World Rugby durante el período 2020-2024, pero sí es posible aventurar que si Agustín Pichot no es elegido en esta compulsa, lo será en otra. En estos pocos días de campaña electoral, el ex capitán de los Pumas pisó fuerte en sectores que si bien no votan -ex jugadores y entrenadores y prensa, sobre todo anglosajona- forman parte del escenario. Si a eso se agrega que más allá del resultado cosechará una buena cantidad de votos -de perder, será por poco-, está claro que tiene todo por delante y que no dejará de ir por su objetivo. No será un aspecto por soslayar cuando se analice la gran foto del escrutinio. De todos modos, el partido aún no terminó y el actual vicepresidente continúa en carrera en pos de lo que sería un batacazo.

En la política existe un lema que muchos llevan a la práctica: hay que presentarse a todas las elecciones, sea para el cargo que sea. Pichot siguió esa lógica. La decisión ya estaba tomada, desde octubre pasado. Nos la contó con lujo de detalles en una charla que mantuvimos en el hotel donde la dirigencia de World Rugby se alojaba en Tokio. Fue al día siguiente de la derrota de los Pumas ante Inglaterra por el Mundial de Japón. En ese momento confiaba en ir en dupla con el francés Bernard Laporte. Y esperaba un respaldo comprometido, y bajo firma, de la Sanzaar. El pase de Laporte al equipo de Bill Beaumont y otras cuestiones -su vida familiar y sus negocios, varios vinculados íntimamente con el rugby- lo abrazaron a la duda, pero dada la profunda crisis que dejará la pandemia, se lanzó al combate.

El rugby posee un problema estructural que lo mantiene estancado desde el éxito que generó en todo sentido -economía, difusión, juego- la Copa del Mundo de 2007, curiosamente el punto de partida del Pichot dirigente. Sigue siendo un juego de pocos, si se lo compara con las disciplinas más convocantes. Países poderosos económica y deportivamente están fuera del circuito grande: China, Rusia, Brasil, entre otros. Y los que permanecen, como Japón, Estados Unidos, Canadá, forman parte de un segundo o tercer grupo. Los mundiales son jugados siempre por los mismos y los ganan siempre los mismos (los tres colosos del Sur). Además, el rugby contiene una extraña variable: el poder del dinero está en el Norte, pero el del juego vive en el Sur.

Salir de esa burbuja es aquello a lo que apunta Pichot y esa es su gran diferencia, no tanto con Beaumont (dirigente de amplia y valiosa experiencia; no es el típico blazer , ya que viene del riñón del juego), sino con el bloque británico que domina Europa. Allí hay una lógica no escrita pero que más o menos dice "nosotros lo inventamos, nosotros lo regulamos y nosotros lo abrimos cuando creíamos necesario". Ergo: el poder -la caja y las decisiones- sigue quedándose acá.

El incomparable Hugo Porta fue uno de los motores del salto de calidad de los Pumas.
El incomparable Hugo Porta fue uno de los motores del salto de calidad de los Pumas. Fuente: LA NACION

De la mano de Carlos Tozzi y del enorme Hugo Porta

En esa sintonía, el Board de World Rugby es como un club privado. Hay voto calificado: 10 países reúnen más de una mitad del total de los votos a la hora de definir algo. La Argentina consiguió una silla recién en los años ochentas gracias a la muñeca del entonces presidente de la UAR, Carlos Tozzi, y a unos Pumas que jugaban mano a mano contra cualquiera, con Hugo Porta como figura mundial excluyente.

A su gran pasado como jugador, Pichot agregó como dirigente su alta participación en la llegada del rugby a los Juegos Olímpicos, en el desarrollo del juego entre las mujeres y en la expansión del seven. Pero si llegó a la vicepresidencia, lo hizo porque Beaumont, un inglés, le abrió la puerta. El argentino, de 45 años, entendió en este tiempo que el límite de su poder estaba ahí. Pero ya puso un pie dentro. Pisar con los dos será una cuestión de tiempo.

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