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ROSARIO.– Talía Rodich ya estaba adentro del in-goal en condiciones de apoyar, pero optó por cederle el try a ella. Sofía González no sólo es la jugadora más experimentada de las Yaguaretés, sino que también es la mayor referente dentro del equipo. Si hoy la selección femenina de seven atraviesa el mejor momento de su historia, es por la seriedad con que se está desarrollando el proyecto y el crecimiento de la disciplina en el país, pero también por la persistencia de esta jugadora emblemática. No es exagerado afirmar que es la mejor rugbier argentina de todos los tiempos.

La medalla dorada conseguida en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 fue un resultado esperado considerando los antecedentes recientes, aunque todo un logro para una selección que, cuando Sofía se sumó en 2013 convocada por el entonces entrenador Santiago Gómez Cora, apenas daba sus primeros y sacrificados pasos en una disciplina todavía en ciernes. El trayecto estuvo repleto de frustraciones y vaivenes, pero el esfuerzo valió la pena y hoy disfruta de la primera conquista en la historia de estos Juegos, acaso la conquista más importante para esta selección.
“Estoy muy emocionada. Esta medalla significa mucho para nosotras”, dijo a LA NACION minutos después de subirse a lo más alto del podio en la cancha del Hipódromo Independencia. “Es la primera vez que ganamos la medalla de oro en los Suramericanos. Estoy muy contenta. Por mí, pero sobre todo por las chicas, por el equipo y por lo que venimos construyendo”.
Del cuarto puesto en Asunción 2022 a este presente venturoso, que incluye el boleto a los Panamericanos de Lima 2027 (regresan tras quedarse afuera de Santiago 2023) y la ilusión de repetir, como la temporada pasada, la clasificación al SVNS World Championship, la elite del Circuito Mundial.

Sofía jugaba al vóley hasta que a los 13 años una vecina de la Zona Oeste la convenció de probar con el rugby. No entendía nada, pero en la primera práctica en Sitas se enamoró del deporte. Había un inconveniente: por entonces no existían divisiones juveniles y había que tener 18 para participar del certamen de primera, por lo que estuvo cinco años entrenándose sin jugar un partido. Los inicios en la selección tampoco fueron sencillos. Llegó tarde al primer entrenamiento (“casi al final”), después de tomarse cuatro ómnibus y viajar tres horas desde Haedo al anexo del SIC. Dejó el colegio en quinto año para dedicarse al rugby (lo terminó un año más tarde a distancia), vivió seis años en el Cenard (hasta 2020), donde mejoró su alimentación y entrenamiento, y así llegó a ser capitana y emblema de las Yaguaretés. Este año, tras la primera participación del equipo en el SVNS World Championship, fue elegida la Mejor Jugadora Novata del torneo. Por potencia física y, sobre todo, visión de juego, a veces parece que jugara otro deporte. En la reciente Rugby Premier League de India, donde son invitadas las mejores del mundo, demostró estar a su altura.
“Para mí es un placer y un orgullo poder contribuir de una manera positiva para el grupo”, continuó Sofía con la gran medalla reluciente en el pecho. “Es muy importante el hecho de la experiencia. Con todos estos años he sumado muchos minutos en cancha, entonces eso me da la posibilidad de tener otra visión de juego y estar adelantada a algunas cositas. Pero también es mucho esfuerzo personal, porque la verdad es que me rompo el alma entrenando para superarme todos los días un poco más. Y lo más importante es poder mantenerme en el seleccionado, que es mi principal objetivo siempre.”
–¿Cómo se explica el crecimiento repentino de este equipo?
–Si bien hay mucho trabajo de muchas jugadoras que han pasado durante muchos años desde que se inició el rugby femenino, este último proceso con el staff que tenemos fue clave. Ellos hicieron que confiáramos en nosotras, que eleváramos un poco más la vara. Son muy exigentes y muy profesionales en su manera de trabajar y lograron transformarnos y, de alguna manera, transmitirnos esa manera que ellos tienen de trabajar. También fue clave la competencia que tuvimos en los últimos meses. Fue importante jugar con potencias mundiales, con los mejores equipos del mundo. Más allá de que no todos los resultados fueron positivos, el hecho de tener ese roce hizo que nosotras también eleváramos la vara un poco.

–Ese roce internacional también se lo ganaron ustedes, con los resultados que fueron consiguiendo…
–Sí, obvio, por supuesto. Y hubo mucho trabajo también en lo físico y en lo mental. Pasamos de jugar uno o dos torneos al año a jugar, de repente, cuatro o cinco, cruzarnos con los mejores equipos del mundo y comernos el garrón de tu vida por perder por goleada. Pero también es eso la transformación, y eso fue lo que nos llevó al éxito que tenemos hoy en día, por lo menos acá en Sudamérica.
–Festejaste un try poniéndote la pelota en la panza debajo de la camiseta. ¿Qué quisiste decir?
–Quería hacer una acción de marketing. Estoy embarazada de un proyecto que estoy gestando hace un tiempo con mi pareja de merchandising corporativo para empresas grandes y mayoristas.
–¿Cómo es la vida de una jugadora de Las Yaguaretés?
–Yo creo que es profesional, por lo menos hablo por mí, por la manera en la que me comporto y eso es lo que amerita pertenecer a un seleccionado nacional. Nosotros obtenemos una pequeña ayuda de una beca de Enard y, por otro lado, yo trabajo porque no me alcanza solamente con esa ayuda. Lo mismo veo de mis compañeras, que se esfuerzan mucho por ser profesionales con el entrenamiento y comprometidas tanto o más que yo con las Yaguaretés pese a que también todas tienen su vida laboral y hasta varias son más.
–¿Cómo hacés para entrenarte, trabajar y estudiar?
–Trato de organizarme lo mejor posible. Entreno todos los días por la mañana la parte del gimnasio y por la tarde la parte aeróbica. En el medio estudio y trabajo. Estudio en la Universidad Siglo XXI la Tecnicatura en Marketing y Publicidad Digital de manera virtual y estoy a cinco materias de recibirme en el profesorado de Educación Física; quizás el año que viene la termine.

–Después de haber jugado el Circuito Mundial temporada pasada, ¿el objetivo ahora es volver?
–Antes de llegar acá, nuestro objetivo era obtener la medalla dorada y la clasificación a los Panamericanos, que pudimos obtener. Ahora hay que trabajar de cara a eso, para ganar el Circuito 2, obviamente, y volver al Circuito 1.
–¿Qué significa para ustedes poder jugar un torneo como este en Argentina, con el público, las familias y los clubes cerca?
–Este es apenas el tercer torneo que jugamos en Argentina, fueron poquitos, así que es una emoción tremenda poder jugar de local una vez más, porque son pocas las oportunidades. Y que estén en la tribuna nuestros familiares, nuestras amigas, las chicas de otros clubes... Porque nosotros, por ahí, no nos damos cuenta de que somos referentes de muchas nenas que hoy vinieron a vernos. Así que la emoción es tremenda.
–¿En qué estado creés que está hoy el rugby femenino argentino? ¿Qué avances consiguieron y qué falta todavía?
–Creo que la base de jugadoras se amplió un poco más. A comparación de años anteriores, se duplicó la cantidad de jugadoras. Creo que todavía hace falta un pasito más. En los clubes todavía no jugamos rugby de 15, que tiene que ver mucho también con la cantidad de jugadoras. Entonces, las juveniles no tienen un torneo fijo como las mayores, y tampoco tenemos por ahí bases infantiles, que es lo fundamental para que el futuro del rugby femenino siga. Ellas son la base de esto y tenemos que tratar de seguir trabajando en ese semillero.
–En este torneo hubo tres chicas nuevas. ¿Qué importancia tiene ese recambio para Las Yaguaretés?
–El recambio es fundamental, porque hay muchas jugadoras como yo que son experimentadas y estamos hace muchos años. Cuando termine este ciclo olímpico ya no vamos a estar, y que estas chicas nuevas ahora se sumen y se vayan fogueando, por decirlo de alguna manera, en el equipo va a hacer que también continúe este legado que venimos trabajando las más grandes.


