No comer para pagar los viajes del hijo taekwondista: a eso llegó al amor de la familia de Lucas Guzmán, una esperanza argentina en los Panamericanos

Lucas Guzmán, una de las esperanzas argentinas en Limas 2019.
Lucas Guzmán, una de las esperanzas argentinas en Limas 2019. Crédito: Marcelo Gómez
Fernando Vergara
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24 de julio de 2019  • 23:59

Todo empezó en el hogar de la familia Guzmán, en Merlo, provincia de Buenos Aires. Específicamente, en la casa de Eduardo, integrante del seleccionado argentino de taekwondo a principios de los años noventas, y su esposa, Elizabeth, profesora de educación física. Un espacio donde a diario se respiraba deporte. En ese ambiente se crió Lucas Lautaro Guzmán, hoy uno de los mejores taekwondistas del continente y una de las mayores esperanzas albicelestes en los Juegos Panamericanos Lima 2019. Su historia encierra años de esfuerzo, dedicación y sacrificio, por parte de padres que aportaron sudor y lágrimas. Que dieron todo por su hijo con un solo objetivo: que él pudiera cumplir sus sueños.

Lucas, nacido el 17 de julio de 1994, se crió en un gimnasio en Libertad, partido de Merlo. Desde pequeño sintió atracción por el taekwondo y, repleto de empeño e impulso, abrió un camino que lo llevó a convertirse en un atleta de talla internacional. Todos los días el chico debía despertarse a primera hora para ir al lugar de entrenamiento, ubicado a unas ocho cuadras de su casa. Y surgían las primeras dificultades. Las jornadas de frío intenso, y sobre todo las calles peligrosas, motivaron una idea en la familia: tener un gimnasio propio. Así fue como en 2011, con mucho sacrificio económico, los Guzmán crearon en su hogar la Academia Sung-Do, un gimnasio de 10 metros por 10. "Durante muchos años invertimos todo nuestro dinero en construir ese espacio dedicado al taekwondo. Todavía tiene muchas cosas por terminar, pero es de gran ayuda para mis entrenamientos y para otros chicos y chicas", cuenta Lucas, ahora a sus 25 años.

Ya en la cotidianeidad de esta familia se respiraba deporte, y así el taekwondo quedaba al alcance de la mano. Guzmán siempre valoró la entrega de sus papás, cuyo deseo era que Lucas pudiera entrenarse en su casa y que el espacio estuviera siempre disponible, a la hora en que fuera necesario. "Mi padres se esforzaron mucho. Muchas veces hacíamos rifas, comidas, bailes, de todo para sustentarme la carrera. Y en algunas ocasiones en las que yo estaba de viaje a mi familia no le alcanzaba para comer, porque mis traslados eran muy costosos. De eso estoy muy agradecido, y jamás voy a olvidarlo", relata.

Con mucho esfuerzo económico, Eduardo y Elizabeth apuntalaron la carrera de Lucas construyendo un gimnasio en su propia casa; la mamá falleció en febrero.
Con mucho esfuerzo económico, Eduardo y Elizabeth apuntalaron la carrera de Lucas construyendo un gimnasio en su propia casa; la mamá falleció en febrero. Crédito: Lucas Guzmán

¿De qué manera trabaja hoy Sung-Do? "La escuela tiene muchos talentos. Acompañamos el crecimiento de los atletas y los conducimos al alto rendimiento con un bagaje de recursos para que puedan llevar a tope todo su potencial", sostiene Guzmán. "Nuestra misión es brindar a través de los distintos niveles de graduación una amplia gama de técnicas que van desarrollando en el individuo la seguridad y confianza en sí mismo, pero por sobre todas las cosas el sentido de la lealtad, el compañerismo y el respeto por sus superiores y semejantes, aún del ocasional rival", es uno de los lemas de la academia.

Lucas acompaña con garra su talento y no está solo en el camino. En este recorrido tuvo como espejo a Sebastián Crismanich, el argentino que fue medallista dorado en los Juegos Olímpicos Londres 2012. En varias ocasiones, el correntino lo cobijó en su casa para disfrutar de varios entrenamientos con su hermano Mauro, también taekwondista. "Todo esto me apasiona. Si no lo hago por dos semanas, si no estoy practicando, siento que me falta algo. Necesito descargarme, patear. Me acostumbré a hacerlo desde chico", comenta Guzmán.

"Todo esto me apasiona. Si no lo hago por dos semanas, siento que me falta algo. Necesito descargarme, patear", apunta Guzmán, de 25 años.
"Todo esto me apasiona. Si no lo hago por dos semanas, siento que me falta algo. Necesito descargarme, patear", apunta Guzmán, de 25 años. Crédito: Marcelo Gómez

Los pergaminos de Lucas se acumulan. Los Juegos Olímpicos de la Juventud Singapur 2010, con una medalla de bronce, fueron su plataforma de despegue. A los 20 años ya figuraba sexto en el ranking olímpico de su categoría (hasta 58 kilos), tras el quinto puesto en el Mundial de Rusia. Además, sumó tres medallas en el campeonato Panamericano de taekwondo entre los años 2014 y 2018. En Toronto 2015 volvió a conseguir una presea de bronce. Y en 2019 se ubicó en el tercer lugar en el Mundial de Manchester. "Este último fue uno de mis mejores logros, por lo importante que es ese certamen. Me preparé demasiado y creo que éste es el principio, porque todavía estoy en crecimiento y motivado para mis siguientes competencias", enfatiza.

Este último resultado en Inglaterra es un hito para este deporte en Argentina, dado que fue el quinto podio del país en la historia de esta disciplina. "En Inglaterra le agradecí a Dios, y el resultado fue para mi mamá. En los últimos 15 segundos del combate contra Mikhail Aratamonov el ruso se me venía, y pensé en mi mamá, en todo lo que ella había peleado hasta el final, y me dije: «voy a dejarlo todo, al 100 por ciento, y no va a ganarme»", relató el bonaerense en aquellos días al sitio MasTKD.com. Ahora se emociona cada vez que menciona a su madre, que falleció en febrero de este año. "Algunos usamos los huracanes más fuertes para impulsarnos adelante. Sé que Dios está conmigo y va delante de mí. No tengo dudas de que todas las cosas que pasan, son para bien", sostiene. Y vaya si sabe Lucas Guzmán, como el resto de su familia, lo que significa eso de dar batallas.

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