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LONDRES.- En Wimbledon, la tradición es una seña de identidad. Uno de esos hábitos que hacen a su esencia es que tras la primera semana de competencia se descansa el domingo. Eso no ocurre en ninguno de los otros tres Grand Slams. Sólo en alguna ocasión, cuando la lluvia se ensañó con el torneo durante varios días seguidos, se recurrió al domingo intermedio para que no se atrasara la programación. Este año no fue necesario, ya que sólo el viernes cayó una tenue llovizna, que apenas obligó a una postergación de una hora y media. Por eso, las puertas del All England estuvieron ayer cerradas. Una pausa que incrementa la expectativa y ansiedad de las más de 40.000 personas que concurren por día para disfrutar de jornadas de alrededor de nueve horas de tenis. Algunos aprovecharon el domingo para comenzar a hacer la cola y pernoctar en las veredas del complejo para asegurarse el ingreso al día siguiente.
Otro rasgo distintivo de Wimbledon es que se disputa sobre césped. Lo contrario sería como tratar de concebir a Ferrari con otro color que no sea el rojo o de imaginar la NBA sin el concepto de show que se le ofrece al espectador. Sin embargo, en el mundo del tenis se extiende la idea de que jugar sobre pasto se parece más a una excentricidad, a una entelequia que no tiene nada que ver con el resto del circuito. En la temporada, sólo hay cinco semanas de competencia sobre pasto: las dos anteriores a Wimbledon (Queen s, Halle, s Hertogenbosch) y la siguiente (Newport, en los Estados Unidos).
En la semana pasada, el diario progresista inglés The Guardian se animó a preguntar "si el tenis tenía los días contados sobre la hierba", en virtud de que cada vez hay menos especialistas y que los tenistas sustentan sus campañas sobre las superficies duras y sintéticas o sobre el polvo de ladrillo. Wimbledon defiende su especificidad desde que otros dos Grand Slams, el Abierto de Australia (Guillermo Vilas obtuvo el título dos veces sobre la hierba) y Flushing Meadows, hace más de dos décadas cambiaron el césped por pistas duras.
Los responsables de Wimbledon son conservadores y fieles guardianes de un legado que viene desde fines del siglo XIX, pero tampoco fueron tercos o insensibles a los cambios y transformaciones. En el ánimo de ellos no está la voluntad de hacerles la vida imposible con el césped a los tenistas. Por eso, todos, jugadores y entrenadores, coinciden en que desde hace algunos años las canchas están más lentas, y ya no son un territorio exclusivo de sacadores y voleadores, como ocurría en décadas pasadas. Los tenistas de fondo de cancha, que son la inmensa mayoría en el circuito, tienen cabida en la actualidad de Wimbledon, sin necesidad de ser unos superdotados desde la línea de base como lo era Björn Borg, que con ese estilo obtuvo cinco títulos consecutivos a finales de la década del 70. Y además existen otras dos cuestiones importantes: las raquetas de fibra de carbono les permiten a los tenistas un mayor control de la pelota, que se va poniendo cada vez más pesada durante el encuentro. Stan Smith, campeón en 1972, opinó sobre el tema: "Las raquetas cambiaron totalmente el tenis. Los jugadores pueden pegar mucho más allá de la línea de fondo. Por eso la volea ya no es tan efectiva. Es más fácil pasar al que va a definir el punto a la red. Eso sí: hay menos variedad en el juego, los tenistas se parecen mucho entre sí".
El español Feliciano López, que se clasificó para los octavos de final y es uno de los pocos que proponen una estrategia ofensiva en la red, expresó: "La hierba de Wimbledon es cada año más lenta". El inglés Tim Henman, que se retiró sin poder darle a su país el título que no se consigue desde que lo hiciera Fred Perry en 1936, ahora comenta para la televisión británica: "La hierba de Wimbledon es mil veces más lenta que antes. Si ven los videos de cuando Federer empezó a jugar aquí [a principios de 2000], el 90 por ciento era saque y volea. Ahora Roger casi no sube a la red. Sólo lo hace para cambiar el ritmo. Y para que el pasto no se estropee, se le echa un producto que hace más lento el juego".
Rafael Nadal, que viene de conquistar en Queen s su primer torneo sobre césped y aspira a destronar aquí a Federer, fue más elíptico: "Todo es cuestión de mentalidad". El máximo ganador de Wimbledon en la era moderna, Pete Sampras, se mostró nostálgico esta semana desde Chile: "Desafortunadamente, está quedando extinto el tenis de saque y volea".
En síntesis, Wimbledon se modificó en algo, pero no cambiará del todo, si por ello se entiende levantar los panes de pasto y poner cemento o una carpeta sintética. Ya hizo una concesión y no está dispuesto a más. Sería ir contra sus principios.




