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LA PLATA.- Jorge Ojeda fue un jinete exitoso en las dos décadas que montó caballos de carreras, y hoy no es olvidado por sus colegas ni por el público, pese a que lleva seis años y medio sin actuar.
Llegó al Bosque en 1981, con antecedentes en Paso de los Libres, donde había ganado dos estadísticas. En la década del 90 emuló ocho temporadas esa cosecha en La Plata y salió segundo en otras dos, para erigirse en uno de los mejores jockeys del turf nacional, hasta que un accidente truncó su carrera.
Sobre ese fatídico día, Jorge Ojeda, que durante varios años no volvió a acercarse a los hipódromos, recuerda: "Tengo presente la fecha, que fue el 2 de julio de 2000, pero no el caballo que montaba, que era de Jorge Marsiglia (N. de R.: el ejemplar se llamaba Coral Parade). El mío se fracturó, cayó a poco de ingresar a la recta y me llevó por delante el de Karina Rachid, y la chica a los pocos días falleció. Fue todo terrible y me dio tanta indignación esa muerte y cómo fui atendido que no quería saber más nada de la profesión. Tengo incluso dolores en la espalda que no me abandonaron hasta hoy".
-Creo que sí. A la altura de los 400 metros había un pozo del que siempre nos quejábamos. Mi caballo pisó ahí y rodó. Ese pozo, sin dudas, fue determinante para la rodada. Además, la muerte de la colega me dejó muy mal, porque el caballo de Karina se llevó por delante al mío.
-A mí me llevaron al hospital en una ambulancia que si no me iba teniendo el entrenador Agustín Corso me hubiera caído de la camilla. En el hospital me trataban por algunos golpes y detectaron tapados los dos pulmones.
Jorge Ojeda cuenta, además, que un médico que no lo venía revisando le descubrió un grave problema en las vértebras y lo salvó de quedarse inválido.
-Los primeros dos años no quería saber nada con las carreras; además intentaba montar y siempre me dolía la espalda. Nunca hubiera podido apilarme. Hoy, en los días de humedad, el dolor sigue siendo insoportable.
-Sigue habiendo grandes pilotos y aparecen muchos aprendices que ganan mucho. Antes, en mi época, no era fácil que un aprendiz disputara la definición de una estadística.
-¿Qué recuerdos le quedaron de su época de jockey?
-La tarde de mayor gloria fue cuando gané el Dardo Rocha con Magnificente, un caballo de Derli Gómez. Y algunos meses antes de la rodada recuerdo el triunfo del Anchorena, que gané con Cafetín, un tordillo que entrenaba Enrique Clerc.
-Tratar de reacomodarme a una nueva vida sin montar caballos. No sé si alguna vez seré cuidador, pero no me siento para esa función. Lo mío era correr y correr. Vivía arriba de los caballos. No poder hacerlo es como si a un futbolista le cortaran una pierna.


