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Un encanto sólo a corto plazo

Entre planteos más conservadores e inminentes transferencias, los cuatro fantásticos no integran una fórmula duradera.
Claudio Mauri
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29 de agosto de 2000  

En su primera función conjunta, Ariel Ortega, Pablo Aimar, Javier Saviola y Juan Pablo Angel se transformaron en los cuatro fantásticos y dejaron una impresión inmejorable. Un repertorio variado, con espacio para los lujos y la efectividad. Desde la brillantez del toque, la gambeta, la pared y la precisión en velocidad, se llegó a la goleada. Una combinación ideal: satisficieron el gusto futbolístico de todos y cumplieron con la demanda del resultado.

Detrás del placer y el disfrute momentáneos, esta versión de River sembró una ilusión muy importante. Una esperanza de continuidad, de que lo hecho ante Central se recree en el futuro y se mantenga en el tiempo como un estilo de juego y una manera de encarar los partidos. Está claro que no todos los partidos son iguales y que entre la oposición rival y los imponderables del juego, no siempre se hace lo que se quiere, sino lo que se puede. Y frente a Central, River quiso mucho y pudo bastante.

A la base del bicampeón, se agregó Ortega, un complemento de lujo que tomó las banderas del ataque ya en su primer partido. Compartir responsabilidades con sus tres compañeros de adelante le ofreció continuas variantes y renovados estímulos.

En estos días se cuentan por miles a los hinchas de River que se ilusionan con más producciones como la vista frente a los rosarinos y se imaginan un tándem ofensivo capacitado para marcar una época inolvidable. Sin embargo, la permanencia de esta nueva fórmula tiene amenazas más serias y difíciles de eludir que una defensa aguerrida o una pegajosa persecución individual.

La de los cuatro fantásticos surge como una asociación de corta vida, de paso fugaz y horizonte limitado. Para lamento de los que se deleitaron con esta primera muestra, difícilmente puedan disfrutarla más allá de diciembre.

El primer e inmediato factor de desintegración obecede a cuestiones de planteo. Ya Américo Gallego advirtió que no siempre mantendrá este esquema tan audaz y ambicioso; exigencias del rival lo inducirán a posturas más conservadoras, con el inevitable sacrificio de alguno de los cuatro ases.

La otra barrera que se adivina insuperable será la de la una -o varias- transferencias millonarias. Hace poco estuvo a punto de partir Javier Saviola a Barcelona. En el corto plazo, River está urgido por una venta que lo ayude a disminuir su pasivo cercano a los 40.000.000 de dólares. El destino europeo de Aimar, Saviola o Angel es cuestión de unos pocos meses. Sólo este Apertura los tendrá juntos. Esta coincidencia estelar está de paso por nuestro fútbol. Aunque breve, seguramente no dejará de provocar futuras nostalgias.

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