
Bruno Ruyú fundó Teramot, una compañía que resuelve un problema clave para que la inteligencia artificial realmente funcione dentro de las organizaciones
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Hubo una decisión que a Bruno Ruyú, físico egresado del Instituto Balseiro de Bariloche, le cambió la vida para siempre: dejar atrás la investigación sobre agujeros negros para dedicarse a la inteligencia artificial (IA). Fue en 2005, cuando términos como modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM, por sus siglas en inglés), alucinaciones o agentes todavía pertenecían exclusivamente al ámbito académico y científico, muy lejos de las conversaciones cotidianas.
Ruyú estaba convencido de que aquella tecnología marcaría un antes y un después en el mundo. De hecho, ese mismo año su curiosidad lo llevó a entrenar su primera red neuronal.
En paralelo, tenía otros intereses: las finanzas y los negocios, disciplinas que estudió tanto en la Universidad de San Andrés como en la Universidad de Stanford, Estados Unidos. “Siempre estuve en ese lugar de unir el mundo más normal con el mundo tecnológico. No pararme en un solo lado, sino ir pivoteando y entendiendo la visión de los dos lados”, cuenta a LA NACION.
Su perfil le permitió formar parte de importantes compañías, como YPF, donde se desempeñó como gerente de Control y Gestión. “Era difícil insertarse como físico en el mundo empresarial argentino y en el mundo de la tecnología. Fui encontrando mi lugar”, recuerda.

En aquel trabajo, identificó una problemática: la organización y el uso de datos dentro de las empresas. “Empecé a darme cuenta que la manera en que lo hacían no era eficiente. Era 2014, todo se hacía en Excel y obtener un reporte tardaba 15 días de un equipo de 15 o 20 personas”, explica.
No se trataba de un problema aislado, sino de una falla presente en miles de compañías alrededor del mundo. “Encontré un estudio de Harvard Business Review que dice que el 74% de las empresas del mundo tiene este problema, pero hay un 26% que lo resolvió. Las empresas que lo resolvieron es porque todo su modelo de negocio gira en torno a entender sus datos. También gastan mucha plata y hacen inversiones enormes”, apunta Ruyú.
Varios años después, en 2021, un colega del Instituto Balseiro le comentó sobre “GPT-2″, un modelo que venía estudiando hace tiempo. “Cuando empecé a usarlo, tuve como una primera intuición de que esto se iba a poder usar para resolver el problema que yo conocía en YPF”, comenta. Aquel fue el puntapié para comenzar a desarrollar agentes de IA, un concepto que recién tuvo nombre en 2025.
Un problema estructural
En medio del auge de la IA, surgía otro problema: el 95% de los proyectos de IA corporativa no generan ningún impacto en el balance financiero, según indica un estudio del MIT. ¿El motivo? Los datos de las empresas son “fragmentados, desordenados, silenciados en sistemas que no se hablan entre sí”, precisa Ruyú.
En detalle, modelos como ChatGPT o Claude fueron entrenados para entender el lenguaje humano, pero no “tablas enormes, con lógicas internas que no están escritas en ningún lado”.
La propia Anthropic plantea este desafío: “Incluso los modelos más sofisticados están limitados por su aislamiento de los datos: permanecen atrapados detrás de silos de información y sistemas heredados. Cada nueva fuente de datos requiere una implementación personalizada, lo que dificulta escalar sistemas verdaderamente conectados”, indica en un anuncio.
Así surgió, en enero de 2022, Teramot, una startup que construye la infraestructura de datos que hace posible que la IA realmente funcione dentro de las organizaciones. En ese sentido, Ruyú define al producto como “un puente” que une la información de los sistemas de las empresas con la IA. “Antes, no se podían comunicar porque vivían ‘planos distintos’”, especifica.

Los resultados son concretos: reducción de tiempos de implementación de hasta el 90% y costos que representan aproximadamente el 10% de los servicios tradicionales. En otras palabras, lo que antes tomaba ocho meses, hoy tarda menos de una hora, y lo que antes requería un equipo de arquitectos de datos, hoy lo hace la plataforma sola.
Teramot ya opera en la Argentina, Brasil, Colombia y Paraguay. Tiene clientes del Fortune 500 en consumo masivo, manufactura y seguros —entre ellos Grupo Sancor Seguros— y está cerrando acuerdos en Estados Unidos y Medio Oriente. Este año proyectan facturar US$2 millones. A su vez, cuenta con un equipo de 24 personas y oficinas en Buenos Aires, Rosario y San Pablo.
Por otro lado, llevan levantados US$2,5 millones en rondas sucesivas, con inversores argentinos y extranjeros, incluyendo perfiles vinculados al ecosistema de Stanford. Además, obtuvieron una patente provisoria en Estados Unidos por su tecnología de automatización de infraestructura de datos, y fueron seleccionados para el programa ScaleUp de Endeavor 2026, junto a otras cinco compañías con potencial de escala internacional.
Oportunidades y desafíos
Sin embargo, el desarrollo de Teramot estuvo lejos de ser sencillo. Uno de los principales desafíos, comenta Ruyú, fue conseguir los primeros inversores. “Un desastre esas reuniones”, admite.
Y agrega: “La primera vez que hablé con un inversor fue en noviembre de 2021, un año antes de que salga ChatGPT. Le tuve que explicar qué eran los LLMs, era imposible que me crea”. Por este motivo, buena parte del dinero para comenzar el proyecto lo obtuvo a través de amigos y familia.
En aquellos años, también fue clave conectar con emprendedores de Silicon Valley, sitio al que Ruyú viaja diariamente. “La gente tiene mucha voluntad de ayudarse. Es una cultura de mucho vínculo, mucha cercanía”, describe.
Fue así como, en una oportunidad, compartió un almuerzo con Eric Yuan, el creador del sistema de videollamadas Zoom. Tras contarle sobre Teramot, Yuan le dijo: “Si es un producto nuevo y encima hay que pagar, es el doble de difícil que la gente lo adopte. Encontrá una forma para que la gente lo pueda probar y sea gratis”.

Ruyú tomó la sugerencia del empresario y hoy Teramot cuenta con una versión gratuita. “Sirve para que las personas se animen, porque hay mucho miedo”, señala.
A su vez, recientemente se reunió con Andrew Musk —primo de Elon Musk—, quien está a cargo de xAI. “Fuimos a desayunar y hablamos dos horas de cualquier cosa. Entre medio le saqué 25 preguntas y como veía mi compañía”, dice.
De cara a los próximos meses, Ruyú planea construir alianzas con diferentes empresas y emprendedores, así como también continuar con mejoras sobre el producto.
Por otro lado, no pasa por alto el potencial del talento argentino en esta nueva era tecnológica: “Tenemos universidades zarpadas. También estamos acostumbrados a resolver mil problemas, a atar con alambre y seguir adelante y eso es un poco lo que necesita un emprendedor”.
Y concluye: “Hay argentinos que están resolviendo problemas no solo para Argentina o Latinoamérica, sino para el mundo. Eso requiere cierto grado de locura, y lo tenemos porque nos creemos que podemos hacer muchas cosas”.


