El futuro de la inteligencia artificial depende de encontrar más personas cualificadas para algunos trabajos que requieren un gran esfuerzo físico
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WARREN, Michigan.— Como electricista en formación en Detroit, Tyler Shelton pasa la mayor parte de sus días entrando en cámaras subterráneas para reparar cables y otros equipos eléctricos. Pero últimamente, su empresa ha enviado a muchos de sus trabajadores a un enorme centro de datos cuya construcción comenzó hace poco, a aproximadamente una hora de allí.
“Todos quieren ese dinero”, dijo Shelton, de 29 años, durante el almuerzo en una de las jornadas presenciales de capacitación de su programa de aprendizaje, que se realizan dos veces al mes. “Tenemos trabajo para hacer, pero también estamos perdiendo una buena parte de nuestra mano de obra por estos centros de datos”.
Pronto, él mismo podría sumarse: el proyecto de OpenAI en Saline Township es la mayor inversión individual de la historia de Michigan, según el estado, y requiere cientos de electricistas trabajando jornadas de 10 horas, siete días a la semana. A pesar de la oportunidad de ganar mucho dinero con las horas extra, Shelton tiene sentimientos encontrados.
“Me gustaría poder comprar una casa el año que viene”, dijo. “Entiendo por qué atrae tanto, pero también me gusta tener una vida fuera del trabajo”.
El auge de los centros de datos está en boca de todos en el Detroit Electrical Industry Training Center, donde unos 850 aprendices se capacitan después de largas jornadas laborales. Estos megaproyectos están atrayendo a trabajadores especializados hacia zonas alejadas, ofreciéndoles algunos de los salarios y bonificaciones más altos que la industria haya visto.
La próxima generación de electricistas también ocupa un lugar central en la agenda de las empresas de inteligencia artificial, que están invirtiendo cientos de millones de dólares para asegurarse de contar con suficientes trabajadores para construir y operar sus centros de datos.

Ese compromiso incluye este centro de capacitación, uno de los 270 respaldados por una alianza entre el sindicato International Brotherhood of Electrical Workers (IBEW) y empresas contratistas. Como parte de un programa de US$50 millones financiado por Google, el grupo planea aumentar la inscripción anual de aprendices de 19.500 a 30.000 durante los próximos tres años en las localidades seleccionadas por la compañía. Otra subvención, otorgada por la gestora de activos BlackRock, ampliará los programas de formación para abastecer de personal a sus centros de datos en Texas, como parte de una iniciativa de US$100 millones destinada a expandir la mano de obra especializada.
Tina Williams fue contratada para administrar estas subvenciones, las primeras que la alianza recibe del sector privado. Su objetivo es que el financiamiento fortalezca lo suficiente a la fuerza laboral como para satisfacer la demanda de los centros de datos sin descuidar a otros clientes, como el empleador de Shelton.
“Queremos incorporar suficientes trabajadores para cubrir las necesidades de los centros de datos, mientras mantenemos el trabajo habitual de cada una de nuestras filiales”, afirmó.
Construidos por personas
No existe un antecedente comparable en la historia de Estados Unidos al auge que atraviesa actualmente la construcción de centros de datos, impulsado por empresas con recursos prácticamente ilimitados que compiten por satisfacer la creciente demanda de sus modelos de inteligencia artificial.
Esta explosión de inversiones ha compensado la desaceleración de otros sectores, como la construcción de oficinas, que nunca se recuperó por completo tras la pandemia. La construcción de viviendas se ha visto afectada por las altas tasas de interés y la energía eólica marina se frenó debido a la oposición política. Aun así, la competencia por la mano de obra —sin mencionar la tierra y los materiales— ya está empezando a afectar al resto de la industria.
“No hay dudas de que los recursos son muy limitados, de modo que la decisión de construir una cosa termina restándole recursos a otra”, explicó Mario Iacobacci, quien dirige el área de asesoría en construcción e infraestructura de Oxford Economics.
Los desarrolladores están pagando primas salariales para atraer trabajadores, especialmente en las zonas rurales donde se levantan los centros de datos. Según un análisis del sitio de empleo Indeed, los puestos de instalación y mantenimiento en centros de datos pagan, en promedio, un 42% más por hora que empleos similares en otros sectores.

Detrás de esos salarios inflados hay una verdadera guerra de ofertas. En mercados con mucha actividad de construcción de centros de datos, como Dallas y el norte de Virginia, los trabajadores cambian de empresa atraídos por bonificaciones o viáticos más elevados. Esa competencia ha llevado a los contratistas a recurrir a firmas especializadas en contratación de personal, como Aerotek.
“Está generando una tensión laboral muy delicada”, afirmó Marty Schager, director de desarrollo del mercado de centros de datos en Aerotek. “Hay una comunidad de trabajadores que hoy no está buscando activamente empleo, pero que podría verse tentada a aprovechar esta fiebre del oro de los centros de datos, que ocurre una vez por generación”.
Existen algunos antecedentes de empresas tecnológicas formando personas para mantener sus instalaciones. Microsoft comenzó programas de capacitación para técnicos de centros de datos en 2018 y actualmente opera 39 sedes en todo el mundo, donde ya formó a 15.000 personas.
Pero la era de la inteligencia artificial ha llevado a las empresas tecnológicas mucho más adentro del negocio de la construcción. Están trabajando con colegios comunitarios y sindicatos para diseñar cursos que permitan incorporar trabajadores a las obras lo más rápido posible, aunque continúen aprendiendo mientras trabajan.
Tony Qorri, vicepresidente de construcción de DataBank, empresa desarrolladora y operadora de centros de datos, dedica gran parte de su tiempo a planificar junto con sus contratistas la estrategia de contratación para los próximos años. Incluso les pide que rechacen otros proyectos para poder asignar personal al suyo, en caso de que no logren encontrar y capacitar suficientes trabajadores.
“Incluso algunos jóvenes que recién terminan la escuela secundaria ya están siendo contactados por estas empresas, que les dicen: ‘Tenemos que capacitarte; esta es la manera de ganar dinero’”, señaló.
En una de las iniciativas más ambiciosas, Meta destinó US$115 millones para el primer año de lo que, según la compañía, será un compromiso plurianual destinado a capacitar trabajadores de la construcción, comenzando con unos 5.000 participantes. Ellos realizarán un curso intensivo de cuatro semanas —con los gastos de viaje y alojamiento cubiertos— y luego trabajarán en una obra junto a uno de los contratistas de Meta.
El programa es gestionado en parte por Associated Builders and Contractors, una asociación del sector de la construcción que no está afiliada a sindicatos. La organización está desarrollando un plan de estudios con habilidades básicas de construcción adaptadas específicamente a los centros de datos, con la esperanza de mantener los proyectos dentro de los plazos y presupuestos previstos.
“El objetivo inicial es: ‘Bueno, tratemos de incorporar a la mayor cantidad posible de estas personas a las obras de Meta y mantenerlas dentro del ecosistema’”, explicó Joel Thames, vicepresidente de desarrollo de la fuerza laboral de la asociación. “Si alguien se va a otro sector o a un contratista que no trabaja en una obra de Meta, todos coincidimos en que tampoco hay problema”.
Sean McGarvey es presidente de North America’s Building Trades Unions, una alianza que representa a tres millones de trabajadores. Sus organizaciones afiliadas destinan unos US$2500 millones al año a programas de aprendizaje y otras instancias de capacitación continua, financiados por empleadores y afiliados sindicales. McGarvey sostuvo que su organización podría formar a tantos trabajadores como necesitaran las grandes empresas de IA, siempre que estas se comprometieran desde el principio a contratar mano de obra sindicalizada.
OpenAI hizo precisamente eso en marzo, al comprometerse a trabajar con los sindicatos para dotar de personal a sus proyectos. McGarvey calificó la iniciativa de Meta como “una brillante maniobra de relaciones públicas” y argumentó que un mes de capacitación no puede compararse con un programa de aprendizaje de cuatro años que enseña una amplia variedad de habilidades.
“Cualquier inversión en la industria es positiva al final del día, pero aquí estamos comparando cosas completamente distintas”, afirmó.
Con la mirada puesta en el futuro
A medida que aumenta la preocupación pública por el posible impacto de la inteligencia artificial sobre los empleos de oficina y por los efectos de los centros de datos en las comunidades locales —una inquietud que quedó reflejada esta semana en una protesta durante una aparición del presidente Donald Trump en las afueras de Detroit—, estos llamativos compromisos con los oficios especializados cumplen más de un objetivo.
Meta inundó Facebook e Instagram con anuncios de su “America’s Workforce Academy”. Además, está trabajando junto con la National Urban League y la Cámara de Comercio Hispana de Estados Unidos para difundir el programa.
Ramiro Cavazos, presidente de la cámara, quiere que las empresas de IA contraten a más contratistas hispanos. Según explicó, construir mejores vínculos con las empresas locales podría facilitar la aceptación de Meta en comunidades donde existe escepticismo.
“Escuchamos de nuestras propias comunidades y de pequeñas empresas que realmente sienten que existe una desconexión”, dijo Cavazos. “Nuestro papel apoyando a estas compañías es mejor que no tener ningún papel en absoluto”.
Trabajar con los sindicatos de la construcción también aporta respaldo político. Anthony Abrantes, secretario tesorero ejecutivo adjunto del Eastern Atlantic States Regional Council of Carpenters, explicó que los sindicatos locales suelen apoyar un proyecto cuando sus afiliados van a trabajar en él. Si no es así, prefieren mantenerse al margen del debate. Al igual que ocurrió con la industria de la energía eólica marina —que se debilitó frente a una fuerte oposición—, los desarrolladores de centros de datos necesitan toda la credibilidad local posible.
“Esas industrias hicieron un muy mal trabajo para frenar la narrativa negativa y educar a las comunidades”, afirmó Abrantes. “Es casi como si nosotros estuviéramos haciendo por ellos el trabajo de promoción y desarrollo de negocios”.
Los propios trabajadores de la construcción también tienen sentimientos encontrados respecto de los centros de datos.
Starr Sciortino cursa el segundo año del programa de aprendizaje del sindicato de electricistas. Le encanta resolver problemas técnicos y acaba de comenzar a trabajar en la importante remodelación que General Motors está realizando en su planta de Lake Orion, Michigan. Sin embargo, compara trabajar en un centro de datos con ayudar a construir una fábrica de armas.
“No creo que ninguna cantidad de dinero justifique sacrificar recursos que son beneficiosos para las comunidades”, dijo Sciortino, de 22 años. “Por mucho que dure, ¿realmente vale la pena al final?”.
La pregunta también ronda entre los aprendices que se convertirán en oficiales justo cuando la construcción de centros de datos alcance su punto máximo. Una vez plenamente capacitados, los electricistas podrían pasar a trabajar en centrales nucleares, edificios de departamentos o plantas farmacéuticas. Pero resulta difícil imaginar otro proyecto de una escala semejante a la actual.
“El mejor escenario sería formar a todos estos trabajadores especializados y que, justo cuando los centros de datos dejaran de estar tan de moda, se produjera un boom de la construcción de viviendas”, dijo Jeff Strohl, director del Center on Education and the Workforce de la Universidad de Georgetown. “Pero eso probablemente no ocurra”.
Joe Ottenbacher ya cambió de carrera: dejó la educación inicial debido a la burocracia y la falta de financiamiento. Ahora teme que, cuando termine el auge de los centros de datos, el regreso masivo de electricistas que hoy ganan hasta US$200.000 al año en ese sector termine presionando a la baja los salarios del resto de la industria.
“Si ahora tenemos una avalancha de trabajadores por la construcción de centros de datos, ¿qué pasa cuando esas obras terminen? ¿Adónde irán todos esos trabajadores?”, se preguntó. “¿Cuántas personas hacen falta realmente para operar un centro de datos después de haber ocupado tanta superficie y tanta tierra que podría haberse destinado a otra cosa?”.
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