La plataforma permite a los escritores revisar, modificar y perfeccionar planes de historia y guion; sus límites y desafíos, según los expertos
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“Escribir es abrirse paso en una jungla a machetazo limpio. En principio hay que avanzar y hacerse camino, superando todos los estorbos que surjan”. Así describe Emanuel Diez, guionista de las series El Encargado, Nada y Coppola, el representante, el proceso creativo detrás de una obra artística. Su visión es clara: escribir no es un camino lineal, sino un recorrido de idas y vueltas en el que las ideas se transforman constantemente hasta alcanzar su forma final.
Ahora bien, ¿qué pasaría si un escritor pudiera contar las 24 horas del día con un asistente experto en narratología, capaz de destrabar ideas y abrir nuevas posibilidades de historias? Bajo esta premisa, un equipo de investigadores e ingenieros de Google creó Fabula, una herramienta diseñada para guionistas.
En detalle, se trata de una aplicación interactiva que permite a los escritores revisar, modificar y perfeccionar sus planes de historia y guion. Sin embargo, no es un generador de historias en sí mismo.
“Fabula es una herramienta pensada para potenciar al escritor durante el proceso creativo de explorar su historia, ofreciéndole sugerencias coherentes basadas en IA que le permiten iterar distintas versiones de sus relatos, personajes y arcos narrativos”, explica el sitio oficial de la aplicación.
Meet Fabula: an interactive AI writing tool helping authors structure & refine stories. Co-designed with 42 expert writers, the demo showcases how convergent iteration supports creativity. Catch the demo at the Google booth at 10:30AM! #CHI2026 pic.twitter.com/SpKfhheBOl
— Google Research (@GoogleResearch) April 15, 2026
Las sugerencias de Fabula se basan en modelos clásicos de narratología utilizados en la escritura de guiones y obras teatrales. Para ello, la herramienta fue entrenada con bibliografía sobre el tema, como The Classical Plot and the Invention of Western Narrative, del académico especializado en literatura y narratología Nick Lowe, y Story, del escritor Robert McKee.
El equipo detrás de Fabula también recurrió a profesionales del cine, el teatro y la televisión. “Estamos trabajando con escritores de diversas culturas para evaluar cómo nuestras decisiones de diseño pueden ajustarse o adaptarse a distintas tradiciones narrativas”, comentó el investigador Piotr Mirowski.
Por el momento, la herramienta se encuentra en fase de experimentación y solo funciona con un máximo de diez páginas de guion.
IA en la escritura: límites y desafíos
Para Sebastián Meschengieser, guionista de la película The Letter y la serie documental Bilardo, el doctor del fútbol, y director de Desarrollo en la productora Pan Contenidos, herramientas como Fabula son válidas en el ámbito de la escritura, aunque no indispensables. “Se han escrito historias desde muchísimo antes de que existan estas tecnologías, incluso la imprenta”, analiza en diálogo con LA NACION.
En este sentido, destaca el uso de IA para tareas específicas, como la búsqueda de fuentes de investigación.
No obstante, Meschengieser advierte sobre dos posibles riesgos de implementar IA en la industria del entretenimiento: la repetición de historias y la falta de creatividad. “Es el peor de los escenarios”, asegura.
“Si la IA te sugiere un determinado camino, y vos tenés una pereza o una falta de educación que no le generás un contrapeso a esa sugerencia, tiende a ser todo medianamente parecido”, profundiza. El experto también señala la pérdida de puestos de trabajo como un límite que la tecnología no debe sobrepasar.

Por su parte, Diez opina que cualquier herramienta puede usarse “para fines nobles o espurios al mismo tiempo”. “Es correcto en tanto y en cuanto no se pretenda usar como atajo para la verdadera creación. Si uno le pide a la IA soluciones a problemas narrativos concretos, sus devoluciones suelen ser banales y clichés, justamente porque son un refrito de todo lo que se utilizó previamente para alimentarlas. Lo mismo ocurre con el diálogo”, detalla.
Bajo esta línea, Diez considera que el límite es “el propio buen gusto”. “El uso de la IA como atajo creativo te expone, lejos de ayudarte”, enfatiza.
El valor de lo humano
Meschengieser y Diez consideran que el proceso creativo no solo siempre será humano, sino también para humanos. “Uno escribe porque tiene algo que decir, porque tiene una mirada sobre el mundo y ha desarrollado un estilo, una forma específica de transmitir esa mirada”, reflexiona Diez.
La IA, en cambio, no percibe el mundo, sino que lo “regurgita”. “A la IA no la dejaron plantada en un café ni la humillaron en la infancia, ni se enamoró, ni acumuló rencores o frustraciones, éxitos y fracasos. Es miope a los verdaderos misterios del alma humana. No hay que olvidarse jamás de eso”, subraya el experto.
“Si yo no veo que tengo las mínimas inquietudes o la potencialidad para desarrollar una historia desde el punto de vista creativo, ni lo empiezo”, suma Meschengieser.
Para ambos guionistas, es fácil imaginar un escenario en el que historias escritas por humanos conviven con historias escritas por máquinas. “Ese futuro ya está ocurriendo, pero es felizmente notorio. Todo el tiempo me cruzo en las redes y en los medios con cosas que burdamente fueron escritas con uso indiscriminado de IA. Se nota, hay fórmulas muy evidentes que lo delatan”, comenta Diez.
Sin embargo, no se trata de un fenómeno que le preocupe. “La escritura no es una competencia de suma cero. Para yo escribir no necesito que otro no esté escribiendo. Y cuando veo algo escrito casi exclusivamente con IA pienso: ‘No saben de lo que se pierden’”.
Diez compara este escenario con un fragmento de El Principito, del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: “Es como cuando un comerciante le ofrece al protagonista las pastillas para aplacar la sed, y hace el cálculo de todo el tiempo que se ahorraría semanalmente al no tener que caminar hasta la fuente a tomar agua. El Principito piensa qué haría con todo ese tiempo libre y sentencia que lo mejor para hacer con ese tiempo es caminar hasta la fuente a tomar agua. Con la escritura pasa igual”.
Meschengieser comparte esta mirada, aunque no descarta la posibilidad de que la IA también pueda crear buenas historias. “Estamos rodeados de productores y de gente influyente que debe estar buscando la manera de hacer más eficiente rentable la escritura a través de tecnologías”, indica.
Y agrega: “Malas historias escritas por máquinas y malas historias escritas por personas, al final no le hace daño a nadie. A lo sumo, no lo ves. Me parece mucho más preocupante cosas hechas por máquinas en áreas relevantes para la salud ciudadana”.
Bajo esta línea, sostiene que no hay que temerle a la tecnología, sino “acompañar su desarrollo como corresponde”. “Lo importante es que no alimente nuestra pereza. En todo caso, que nos ayude a enfrentar nuestra curiosidad”, concluye.
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