Cómo es por dentro el centro de desarrollo de robótica que tiene AiMOGA, del gigante chino Chery, en Wuhu
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Que la carrera por ubicarse primero en la inteligencia artificial y la robótica está cada vez más disputada, no caben dudas. Y que ambas tecnologías se están metiendo de lleno de otras áreas menos científicas, tampoco. Un claro ejemplo es lo que se pudo palpar en el último CES de Las Vegas o en el China Auto 2026 (el Salón del Automóvil de Beijing), donde además de robots y humanoides interactuando con los visitantes en los stands, se vio cómo la IA está avanzando sobre entornos cada vez más cotidianos (otros entornos de los vehículos particulares).
A ese microuniverso tecnológico hace poco tiempo se sumó un competidor de peso, que saltó de los laboratorios y se instaló directamente en el mercado de consumo masivo. Se trata de AiMOGA, el brazo de robótica y desarrollo tecnológico del gigante automotriz chino Chery —operado a nivel global a través de sus vanguardistas marcas de movilidad Omoda & Jaecoo—, que completó la transición tecnológica más difícil del sector: pasar de los prototipos de exhibición a la producción en masa y distribución internacional estandarizada.

Para el público argentino, el nombre de este ecosistema tecnológico comenzará a sonar con fuerza a corto plazo: ambas firmas automotrices desembarcarán en el país antes de fin de año con una filial directa de la casa matriz y, como si fuese poco, con una planta de producción de coches. Además, el arribo se producirá con varios modelos híbridos, que fueron diseñados nativamente bajo entornos digitales y con inteligencia artificial aplicada de serie.
Del asfalto al chip: ¿qué es AiMOGA?
AiMOGA es una sigla que remite a “Ai-Mission Original Global Aspiration”. Lo interesante es que esta firma no nació como una startup encabezada por un grupo de universitarios, sino como la división de pruebas y homologación de nuevos dispositivos y tecnologías de Chery. La automotriz descubrió que los componentes clave de autonomía de sus vehículos —sensorización espacial, procesamiento de lenguaje natural, visión computacional y plataformas de toma de decisiones en tiempo real— compartían exactamente el mismo ADN que requiere un androide autónomo. De ahí que pasar a aplicarlo a robots quedara solo un paso.
La especialización de AiMOGA se concentra en la robótica con inteligencia artificial incorporada (conocida en la industria como Embodied AI). A diferencia de los brazos mecánicos industriales que repiten tareas de ensamblaje en fábricas, los desarrollos de esta firma están diseñados para operar de cara al público, interactuar de forma empática y resolver problemas logísticos en entornos urbanos y comerciales.

Todo esto queda más que claro cuando se recorre el centro de difusión y visitantes de AiMOGA Robotics en la ciudad de WuHu, a unos 1200 kilómetros de Beijing. Ahí, al cruzar las puertas, realmente se siente que se está dando un paso hacia el futuro. Diseñado bajo la estética futurista denominada NeXt Cool, el espacio elimina los mostradores tradicionales y los reemplaza por estaciones interactivas de servicio inteligente.

La inmersión comienza en el acceso principal, donde la androide Mornine recibe a los visitantes. Con una fisonomía femenina estilizada, 1,67 m de altura y capacidad de ejecutar hasta 41 movimientos independientes (incluyendo 12 de ellos focalizados puramente en la expresividad facial), Mornine tiene mirada y gesticulación fluidas: no solo saluda con tono empático, sino que también ofrece agua de cortesía de forma autónoma. Utilizando un sistema de navegación con una precisión milimétrica de hasta 0,05 cm y modelos de lenguaje avanzados, entabla conversaciones naturales, responde dudas y coordina el flujo de personas en el salón.
Esta humanoide está programada para realizar tareas sencillas, tomar pedidos, interactuar con personas, etcétera, al punto que, por ejemplo, no resulta extraño verlos en los puestos de información de las estaciones de tren o reservando turnos con especialistas en centros médicos.
De ahí que Mornine sea también el mayor hito comercial y técnico de AiMOGA, al punto que hace pocos días la empresa entregó más de 200 unidades a distintos departamentos de policía locales que serán usadas para el control de tránsito. También concretó la venta de otros varios cientos de humanoides a más de 30 países, incluyendo mercados del sudeste asiático, Medio Oriente y Europa.

El recorrido dentro del centro continúa en el área de biónica avanzada, donde los perros robóticos Argos de segunda generación demuestran sus capacidades de asistencia para el hogar y entornos comerciales. Están pensados como extensiones asistentes de personas, y fueron programados con capacidades de patrullaje perimetral, transporte de carga ligera, conectividad IoT domótica y, por supuesto, compañía (aunque parezca surrealista, responden a las órdenes de voz y también a los estímulos que se les realizan con las manos…).
Quizás el sector que más llame la atención es donde se realiza el control mental y háptico de los humanoides: varios desarrolladores con cascos conectados con decenas de cables miden impulsos cerebrales para dirigir las máquinas por “telepatía” o bandas tendinosas que replican los movimientos exactos de tus manos en brazos robóticos industriales. Todo parece sacado de una película de ciencia ficción.
Finalmente, no faltan las demostraciones de los distintos ecosistemas en vivo, como por ejemplo el de los concesionarios de autos del mañana, donde se están entrenando a distintos androides no solo para que muestren los vehículos de Omoda & Jaecoo sino para que sean capaces de explicar sus prestaciones técnicas y hasta concretar una venta.
Todo el ecosistema de este centro de visitantes está sensorizado, lo que permite que humanos, vehículos inteligentes y androides coexistan sin fricciones. La experiencia deja de ser una simple muestra corporativa para convertirse en el primer testeo real de la vida cotidiana del futuro y demuestra que la robótica de servicio ya es una herramienta habitual, cálida y eficiente.
Buscando el alcance global
Mientras firmas occidentales avanzan a paso cauteloso, limitando sus robots a pruebas piloto en laboratorios cerrados, AiMOGA parece haber saltado las vallas hacia el mundo real.
Según explicaron, las pruebas de campo ya acumulan optimizaciones de software en más de 100 escenarios reales en países como Malasia, Vietnam e Indonesia. Además, la firma expandió la utilidad del ecosistema hacia la gestión urbana inteligente. Versiones modificadas de sus plataformas robóticas realizan hoy patrullajes auxiliares de rutas fijas, identificación de estacionamiento ilegal y guías de tráfico en tiempo real.
En síntesis, cruzar las puertas de AiMOGA es como dar un paso hacia el futuro. Y no teórico, sino real y palpable.
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