Bernardo Kosacoff: "La crisis es muy profunda, pero el Gobierno logró evitar el apocalipsis"

El economista y académico sostiene que la Argentina atraviesa una situación muy particular, en la que convive el avance en ciertas variables macroeconómicas con una notable caída en el bienestar de la población
El economista y académico sostiene que la Argentina atraviesa una situación muy particular, en la que convive el avance en ciertas variables macroeconómicas con una notable caída en el bienestar de la población
Carlos Manzoni
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28 de abril de 2019  

Bernardo Kosacoff no intenta suavizar su diagnóstico sobre la actual situación económica. Pero aun así su visión deja un resquicio para la esperanza. Es que este destacado economista, actualmente profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Torcuato Di Tella, afirma que, aunque todavía su efecto no sea percibido por una población que sufre la caída de su bienestar, se ha logrado un avance en términos de consistencia macroeconómica: en los números fiscales, en la hoja del balance financiero del Banco Central y en la balanza comercial. "La crisis es profunda, pero el Gobierno tuvo la habilidad de evitar el apocalipsis", opina.

-¿Qué gravedad le adjudica a la actual crisis económica?

-Es muy profunda y arrastra un problema que tenemos desde 2011, en el que la economía no crece, no se crea empleo privado, la tasa de inversión es notablemente baja, hay caída de productividad e incertidumbre en un contexto en el que la alta inflación genera dudas de todo tipo, por lo cual estamos en un momento complicado.

-¿Qué hizo mal el Gobierno para desembocar en esta situación?

-En principio, no es como se dice por ahí que hicieron todo mal. Es claro que el punto de partida tenía problemas de inconsistencias muy fuertes para resolver: llegaron sin reservas y con un nivel inflacionario notablemente alto, que estaba contenido por el atraso cambiario y el congelamiento de tarifas. En ese contexto, había que administrar una situación en la que los mecanismos de financiamiento anterior ya no existían más, porque nos habíamos comido todos los stocks. Además, la presión impositiva y el gasto público eran muy altos. Así, el margen de acción era muy limitado, sobre todo para un gobierno que tenía minoría en las cámaras.

-Pero aun con ese punto de partida la economía pareció mejorar hasta el año pasado...

-Sí. Hubo un proceso de recuperación de la economía desde finales de 2016 hasta el primer trimestre de 2018. Pero ahí, por factores exógenos y errores propios no forzados se dio una situación muy complicada. Aun así, le digo: la crisis es muy profunda, pero el Gobierno tuvo la habilidad de evitar el apocalipsis, porque esto podría haber sido mucho peor.

-¿Cómo es eso?

-El Gobierno, con una receta macroeconómica, evitó que se produjera una explosión como la de la hiperinflación o la de 2001/2002. Incluso se podría decir que en términos de consistencia macroeconómica en este último año se lograron avances significativos: en los números fiscales, en la hoja del balance financiero del Banco Central y del balance comercial. Sin embargo, los efectos colaterales de este programa fueron mucho más negativos de lo previsto. Y esto es lo que afecta el humor social, con aceleración del proceso inflacionario, caída del empleo e incertidumbre sobre la posibilidad de recuperación. Vivimos un dilema muy particular, con mayor solvencia de la macro y una notable caída del bienestar de la población.

-La inflación de marzo fue de 4,7%. ¿Por qué es tan difícilbajarla?

-Pasa que el control de la emisión monetaria y el manejo de la tasa de interés es importante para parar el proceso inflacionario, pero no suficiente para la complejidad que tiene todo el sistema de formación de precios en la Argentina. Aquí hay una historia inercial muy fuerte y componentes de costos que se expresan con total claridad en los últimos meses. El componente inercial nos muestra que todo el mundo trata de ver cómo ganar en el próximo mes, suponiendo que la inflación se va a acelerar. En este contexto, es necesario un mecanismo de coordinación de todo el sistema de precios y de ingresos.

-¿Cree que son útiles las medidas anunciadas para tratar de contener la inflación e incentivar el consumo?

-Creo que es fundamental hacer algo para modificar este comportamiento inercial de la gente y darle a la sociedad una perspectiva de que puede haber un control de la situación económica. Pienso que aún estamos a tiempo de generar un ejercicio colectivo para salir adelante y evitar una crisis mayor en el sistema económico.

-¿Por qué después de décadas de procesos de industrialización en el país aún se dice que la industria argentina no es competitiva?

-Esa es una visión absolutamente parcial. Sin duda, gran parte del aparato industrial argentino tiene que avanzar para ser competitivo, pero en términos complementarios hay pocos países en el mundo que tengan algunos de los modelos de organización industrial que tenemos acá. Por ejemplo, tuvimos 50 años de estancamiento en la producción de granos (entre 1930 y 1980), pero a partir de los 90 tuvimos la revolución biotecnológica: ahí se puede ver claramente la ruptura del falso dilema entre el campo, la industria y los servicios. Para tener ese mundo de bioeconomía hay una organización con fuerte participación de gente que hace genética, semillas, biotecnología, drones e ingeniería financiera. Eso mismo lo podemos replicar ahora con Vaca Muerta o con el litio.

-¿Qué falta para que eso sea una realidad palpable?

-Hay que hacer encadenamientos que amplíen el tejido productivo, lo que a su vez permitirá la incorporación de mano de obra calificada y de procesos de desarrollo de capacidades tecnológicas endógenas, que son centrales para la competitividad. Hay que invertir, hay que innovar y hay que calificar los recursos humanos. Además, no hay que olvidar la importancia del mercado doméstico.

-Se compara a la Argentina con Australia o Canadá, entre otros, para mostrar que partiendo del mismo punto esos países hoy están mucho mejor. ¿Qué fue lo que cortó el desarrollo acá?

-No hay un único determinante. Fundamentalmente, hubo un deterioro del aparato educativo y de las instituciones. Además, hubo errores enormes en el manejo de la política macroeconómica y se generaron procesos inflacionarios de largo plazo. A eso se le suma la existencia de un fenómeno de aumento de gasto público que se hizo sin evaluar si eso mejoraba la eficiencia de la economía y la equidad de la sociedad. Otro problema es que, acá, en los momentos en que crecemos creemos que ya somos ricos y fomentamos el aumento del consumo público y privado, en muchos casos financiado por una burbuja financiera. Como eso no es sostenible, después vienen los ajustes terribles. Esto de no haber puesto un modelo de crecimiento con fomento en el ahorro, la inversión, la innovación y la educación, combinado con el exceso de gastos públicos y privados ajenos a la riqueza generada, ha tenido efectos muy negativos.

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