
Tyler Cowen: “Borges, Sarmiento, Sabato y Piazzolla son los primeros unicornios de la Argentina”
El economista, principal referente en temas de innovación y transformación, dice que “por el momento” no es optimista respecto del país, pero cree que a largo plazo va a salir de la crisis por su liderazgo cultural y su escenario de startups
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De la economía argentina a recomendaciones minuciosas sobre cómo elegir un restaurante, de Borges al mejor país en el mundo para trabajar por Zoom, de la administración Biden al cambio climático: si hay un economista al que le cabe la descripción de “polímata” (espíritus renacentistas con vastos conocimientos en un rango muy variado de disciplinas), ese es Tyler Cowen.
El profesor de 59 años de la Universidad George Mason aprovecha esta curiosidad voraz para divulgar y “unir puntos” como ningún otro economista lo hace y es uno de los máximos referentes en temas de innovación y transformación a nivel mundial. Junto a su amigo Alexis Tabarrok coordina y escribe el blog Marginal Revolution, uno de los más populares en los Estados Unidos, publica un libro por año sobre los temas más disímiles y opina sobre la realidad macroeconómica en columnas semanales en distintos medios.
“¿Cuándo abren la frontera para que los turistas puedan viajar a la Argentina? Leí que lo van a hacer el 1 de noviembre, ¿es cierto? Muero por viajar ahí”, dice Cowen antes de comenzar la entrevista. “Estuve ya cinco o seis veces, en Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Quiero conocer el norte y el sur”, agrega el economista, que el viernes próximo será uno de los oradores principales en el Coloquio de IDEA, donde tendrá una conversación virtual con Juan Marotta, economista y CEO de HSBC (Ver aparte).
En una entrevista exclusiva con LA NACION, Cowen se mostró “optimista con el mediano y largo plazo de la Argentina” (pero no con el corto) y habló de Biden, de China, del cambio demográfico, de su método para elegir lecturas y, como buen polímata, de muchos temas más.

–¿Cuál es su visión sobre la economía argentina?
–Sigo bastante de cerca la economía de la Argentina; leí mucho sobre las crisis financieras de las últimas décadas y sobre su historia económica. Siempre me intrigó saber por qué la prosperidad que tuvo entre 1910 y 1930 terminó desapareciendo. No sé si tengo buenas respuestas para eso, más allá de que el ciclo alcista de materias primas no fue estable. Siempre leo sobre la Argentina, soy un fanático de su cultura, de su música y, especialmente, de su literatura (de Borges, sobre todo). Por el momento, no soy optimista, pero estoy seguro de que al final del día van a salir de esta crisis. No tengo dudas de eso.
–¿Es pesimista respecto del corto plazo, pero optimista con el mediano y largo?
–Correcto. Creo que en los últimos cinco años tuvieron chances de superar la mala situación económica y no lo supieron ejecutar bien. Y con el covid estas posibilidades no van a volver a llegar tan rápido. Pero la escena de startups está revitalizada, con muchos unicornios, mucha creatividad y mucho talento humano. Por ese camino van a retomar el liderazgo y a recuperar el terreno perdido.
–En medio de una crisis macro profunda el país tiene más de diez unicornios, ¿le sorprende esta paradoja?
–No me sorprende en absoluto. Creo que en la Argentina hay mejores conexiones con Europa y EE.UU. que en el resto de América Latina. Piense en Borges, en Sarmiento, en Sabato, en Piazzolla. Esos son sus primeros unicornios. Este liderazgo cultural y el escenario de startups explica mi optimismo de mediano y largo plazo con la Argentina.
–¿Cómo impactan las transformaciones de la economía mundial en países de ingresos medios como la Argentina?
–Es un momento difícil, porque no se puede depender solo de los precios de las commodities, y creo que China, el gran consumidor de materias primas, llegó a su pico y va a desacelerar. Cuando uno mira la región, Brasil es un desastre y Chile también desacelera, con una suerte de crisis constitucional. América Latina está en un callejón sin salida y además está lejos de otros países, por eso mi pesimismo de corto plazo. Todo eso hoy es viento en contra para la economía argentina.

–Si uno pone en tendencias de Google las menciones al término “sin precedentes”, hubo un pico en su uso en los últimos meses. ¿Qué de lo que vemos hoy en economía no tiene antecedentes?
–Sin dudas, la economía de la pandemia es algo completamente nuevo. Además del costo en vidas, la destrucción económica, los problemas de salud mental que se agravaron y que perdurarán. Ese es el gran tema.
–Días atrás usted escribió en Marginal Revolution sobre “el mejor país para trabajar por Zoom”, en base a husos horarios (su respuesta: Irlanda, Inglaterra, España o Portugal). ¿Cuál es su predicción sobre el mercado de trabajo post Covid?
–Trabajar a distancia es un factor de mucho peso, ni siquiera es una predicción, es algo que está ocurriendo, es el presente. Va a beneficiar mucho a algunos países y perjudicar mucho a otros. No está claro cómo le va a ir a la Argentina en este terreno. En este momento, si tuviera que elegir un lugar en la región para teletrabajar iría a Uruguay y no a la Argentina. Es posible que esto cambie hacia Buenos Aires, que es una ciudad mucho más excitante, pero hoy Uruguay tiene mejores reglas de gobierno, y además excelente comida. Sin embargo, esa realidad es fluida y puede volver a cambiar a favor de la Argentina. Hoy, comprar un departamento en Buenos Aires es una ganga, están en una buena zona horaria y tienen un clima ideal. A veces un poco caluroso en verano, pero está muy bien.
–Y a nivel global, ¿qué piensa sobre el futuro del trabajo?
–El valor de hablar inglés fluido está creciendo rápidamente, lo mismo que el valor de estar en una buena zona horaria. Se va a fortalecer una clase de trabajadores globales, con sueldos muy altos. Pero, por el lado de los desafíos, si sos de clase media, ahora tendrás que competir con todo el mundo. Y luego está el tema de quién es bueno trabajando en Zoom: sin duda está relacionado con quién es bueno trabajando presencial, pero no es exactamente lo mismo.
–¿Dónde se ubica usted en el debate entre tecnooptimistas y tecnopesimistas? ¿Se puede retomar el camino de progreso mundial de 1920-1970?
–Desde 1973 hasta hace muy poco tiempo, el progreso se hizo más lento. Pero hoy eso cambió: mire las vacunas, lo rápido que se hicieron. Es una gran cosa, no una pequeñez. Vacunas y trabajo a distancia son avenidas de mucho impacto. Creo que pronto veremos cambios profundos en la cura de malaria, dengue y diabetes, entre otras enfermedades. Y esto en los próximos diez años, no en 40. Volvimos a la senda de progreso.
–¿Y qué opina de cambios menos inmediatos, en biotecnología, inteligencia artificial, computación cuántica o descentralización?
–Todo va suceder. Las vacunas son sólo el comienzo: imagínense esta dinámica de cambios coordinados tan acelerados para todo en la vida. Nos va a desorientar y seguramente vamos a estar incómodos, como sucedió con la Revolución Industrial.
–¿La alta inflación en EE.UU. le parece un fenómeno estructural o temporario?
-Creo que no va a bajar en los próximos meses, pero que es un fenómeno de dos o tres años. La gente está gastando su dinero, las cadenas logísticas colapsaron, la energía está cara. Pero no la veo como una dinámica permanente en Occidente.
–¿Y qué opina de la gestión económica del presidente Biden?
–No saben lo que están haciendo. Están paralizados por los grupos demócratas del ala que está más a la izquierda. Y Biden tiene esta idea de sí mismo de que él es competente y Trump era incompetente, que muchos medios compraron, porque odian a Trump. Pero esto es falso. Que quede claro que prefiero a Biden antes que a Trump, pero no hay nada que celebrar. Y muchas políticas, como la relación con China, son idénticas a las de Trump. No hay tantas diferencias.

–Ya que nombra a China, ¿cuál es su impresión sobre la burbuja inmobiliaria allí?
–Hace mucho que no voy a China y hay mucha censura, así que no puedo opinar desde cerca. Pero puedo pintar algunos trazos gruesos. Parece obvio que hay una burbuja inmobiliaria, pero no creo que esto derive en una explosión financiera, como ocurrió con Lehman Brothers en EE.UU. Va a producir una desaceleración y a dañar sus perspectivas de largo plazo, pero no veo una explosión.
–Una vez comentó que hay muchos titulares en los medios sobre cómo “los robots van a robar nuestros trabajos” y pocos sobre el impacto del cambio demográfico en la economía. ¿Está subestimado el efecto de un mundo con población más adulta?
–En Occidente el trabajo se volvió un recurso escaso y la pandemia lo mostró. Hay poca gente para el mercado laboral, de golpe nos despertamos en EE.UU. (y esto es así en otros países) y vemos que todos los negocios tienen su cartel en la puerta de “Help Wanted” [se necesita ayuda]. Los salarios van a subir algo, y también las regulaciones para poder contratar a personas de mayor edad, pero esto llevará algunos años. Y en China, con su política de un hijo por familia, esto también se ve claro. No creo que esto esté subestimado, ya es una realidad obvia.
–¿Qué impresión tiene de la economía del cambio climático?
–Veo un desastre ahí. Con la escasez de energía de nuevo hay más demanda de carbón. Y los países europeos están tratando de bajar el precio de los combustibles fósiles, al revés de lo que debería suceder. Creo firmemente en la opción de la energía nuclear, no sé si estamos a tiempo de hacerlo. Pero la situación general a nivel climático es desastrosa. Muchos países tendrán enormes pérdidas económicas por este factor.
–¿Cuántos libros lee por año?
–Uff… no tengo idea. No es raro que esté leyendo cinco al mismo tiempo, seriamente comprometido con ellos, pero a muchos no los termino.
–¿Tiene algún consejo de cómo selecciona sus lecturas o es al azar?
–No creo que sea completamente al azar, aunque sí es bastante pasivo. Mi consejo es que conviene nacer como un lector rápido (risas). Hablando en serio: la gente me manda sus libros: esta tarde llegué a casa y tenía ocho nuevos libros esperándome. Trato de mirar al menos la mayoría. Y visito regularmente bibliotecas públicas, veo los estantes de novedades en las librerías, voy siempre a buenos negocios de libros cuando viajo. Me gustan mucho las librerías de Londres, trato de ir lo más seguido que puedo ahí.
–Usted escribió libros de temas que van desde la historia económica a recomendaciones de restaurantes. ¿Hay alguno que haya disfrutado más?
–¡El próximo!
–¿Y cuál será su próximo libro?
–Va a salir en mayo. Está coescrito con el inversor y emprendedor Daniel Gross y se llamará Talento. Nos preguntamos qué saben las ciencias sociales para identificar talento, va a ser una especie de guía para esto. Cuando uno contrata gente o debe asignar premios, ¿quién es verdaderamente talentoso? Estoy muy contento con este libro, nada de lo que investigué apareció es mis escritos anteriores, así que es un conocimiento 100% nuevo y fresco.
“La economía hoy es una ciencia estática”
Sylvia Nasar, la autora del libro “Una mente brillante” (la biografía de John Nash) observó años atrás que los Nobel de Economía, ya desde hace décadas, suelen destinarse a tres candidatos cada año, “como si de alguna forma los aportes teóricos ya no fueran lo suficientemente buenos como para valer un Nobel entero”. Cowen coincide con esta apreciación del estancamiento de la teoría económica. “Creo que no hubo grandes avances al menos en los últimos 20 años. Tuvimos grandes papers empíricos, con cuestiones de medición. Pero desde el punto de vista del cuerpo teórico, la economía hoy es una ciencia estática”, dice.
¿Cree que los economistas en la actualidad tienen herramientas para lidiar con la mayor complejidad del mundo? Ante la pregunta de LA NACION, el economista responde: “La economía, como disciplina, es muy limitada, siempre lo fue. No lo digo como una crítica, creo que hay que ser realistas. Tenemos la ‘ley de la demanda’, los precios suben, la gente compra menos de ese producto. Y luego desde ahí queremos atacar problemas enormes y eso es difícil. Creo que hay que ser modestos en algún punto, así que no nos veo con buenas herramientas para atacar el cambio climático, o la pandemia, o ni siquiera el desempleo”.





