
Café soluble, un saldo positivo de la crisis del 30
Nescafé - Café instantáneo
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La Gran Depresión del 30, tras el crac bursátil de Wall Street, derrumbó los precios del café. Louis Dapples, que presidía la compañía de alimentos Nestlé por aquellos días, recibió una propuesta atípica del Banque Française et Italienne pour l'Amérique du Sud. La entidad poseía enormes volúmenes de café, estancados en depósitos de Brasil, que buscaba transformar en "cubos de café soluble" para llegar a los consumidores.
El químico Max Morgenthaler ayudó a los investigadores de la empresa a buscar una solución que diera salida a la commodity. Luego de tres años de investigación, hallaron que el café au lait (en polvo y mezclado con leche y azúcar) conservaba el sabor por más tiempo. Pero no era la solución que buscaban, ya que la mezcla no se disolvía fácilmente, y, además, la inclusión de leche y azúcar demandaba un desafío de producción. Finalmente, Morgenthaler dio con una fórmula soluble, con carbohidratos, que conservaba el aroma del café. Esta innovación, contradictoria de lo establecido, fue la base para crear un polvo con las características ansiadas. En 1938, bajo el nombre de Nescafé, se presentó en Suiza el primer café soluble. Desde allí, comenzó una expansión basada en su vida útil (superadora a la del café fresco), hasta convertirse en la marca con más participación en ventas y rentabilidad de Nestlé en el mundo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el café era suministrado a las tropas. Años más tarde, en 1952, la fábrica de St. Menet, Francia, volvió a innovar con un producto sin carbohidratos agregados. El siguiente avance fue llamado Nescafé Gold Blend, un café soluble liofilizado, un procedimiento de secado por el cual se mantiene la misma calidad y propiedades del producto.
En el presente, se consumen más de 5500 tazas por segundo de las distintas variedades (descafeinado, Gold Expreso, Frappé, Capuchino y Listo para Beber), que se sumaron con el tiempo a la línea de Nescafé.





