
La Bolsa de Comercio de Rosario calculó las precipitaciones para los últimos tres meses del año en la región agrícola núcleo; podría registrarse un 30% más de lo habitual en octubre, un 70% más en noviembre y un 90% más en diciembre
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El Niño ya está instalado y alcanzaría su mayor fuerza durante octubre, noviembre y diciembre. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en la región agrícola núcleo podría llover un 30% más de lo que suele registrarse en octubre, un 70% más en noviembre y un 90% más en diciembre. La entidad advirtió que la cantidad y la frecuencia de las precipitaciones podrían complicar el trabajo en los campos. El período más difícil sería entre noviembre y diciembre, cuando coinciden la cosecha de trigo y las siembras de soja y maíz tardío. Aunque el agua permite esperar una alta producción, un Niño fuerte o muy fuerte también puede generar problemas de piso y dejar pocos días para entrar en los lotes.
Para calcular cuánto podría llover, la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR ajustó un sistema desarrollado en 2023. El trabajo se hizo con los registros de sus 36 estaciones meteorológicas, la información de diez modelos climáticos y los datos de precipitaciones de los últimos 50 años.
“El resultado es un modelo estadístico predictivo que considera el comportamiento de las lluvias de los últimos 50 años y su relación con los valores de calentamiento mensual del Pacífico”, explicó Alfredo Elorriaga, consultor de GEA/BCR.

El especialista aclaró que el cálculo contempla solamente la influencia de un Niño fuerte o muy fuerte sobre las lluvias de la región central. No incluye otros factores regionales o globales que podrían modificar la cantidad de agua prevista. La temperatura de la superficie del océano Pacífico presenta actualmente una diferencia de 1,8 grados por encima de lo normal. Un mes atrás, ese valor era de 1,25 grados.
“La fase oceánica se inició en junio. Pero ahora la atmósfera comienza a acoplarse al sistema oceánico. Por eso vamos a empezar a sentir sus efectos”, señaló Elorriaga. Sobre la fuerza que podría alcanzar, las proyecciones muestran un pico inferior a 2,5 grados. Sin embargo, por la incertidumbre que todavía existe, los especialistas trabajan con un rango de entre 2 y 3 grados. “Nuestro análisis está más cerca de un evento con características muy parecidas a las del Niño de 2015/16”, indicó. En ese periodo, el océano alcanzó un máximo de 2,8 grados.

La entidad explicó que los cálculos muestran que las lluvias aumentarían a medida que avance la primavera. El mayor impacto llegaría en noviembre y, especialmente, en diciembre. Además de la cantidad de agua, preocupa que las precipitaciones se repitan con pocos días de diferencia y dejen ventanas muy cortas para realizar los trabajos en los campos. “Hay que entender que, por la particular dinámica que se prevé para este Niño, la recurrencia de las precipitaciones puede ser muy alta”, advirtió Elorriaga.
La actividad comenzará a acumularse desde octubre, con la siembra de soja de primera. Hacia fines de noviembre se sumarán la cosecha de trigo y las siembras de soja de segunda y maíz tardío.

“Cada semana que avancemos a diciembre se va a poner más difícil. Si se puede sembrar, habrá que hacerlo sin postergar nada, porque será clave evitar cuellos de botella”, afirmó.
El maíz tardío sería uno de los cultivos más complicados porque su siembra coincidiría con el momento más intenso de El Niño. El cereal es sensible a los anegamientos durante su nacimiento. En la soja, las lluvias abundantes pueden endurecer la superficie del suelo y dificultar la salida de las plantas.
Por otro lado, en la BCR dijeron que el Niño también suele estar relacionado con un aumento de las temperaturas. Durante el evento de 2015/16, el invierno de 2015 fue el más cálido de los últimos 60 años. “Este año, al darse un acoplamiento incluso antes que en 2015, es muy probable que volvamos a tener un final de invierno moderado por El Niño”, explicó.
También podrían registrarse olas de calor durante el verano. El especialista recordó que en enero de la campaña 2023/24 se produjeron varios episodios de temperaturas muy elevadas. Frente a este panorama, consideró que una siembra de maíz entre fines de agosto y principios de septiembre podría ser una opción válida.
En la campaña 2015/16, el momento de mayor fuerza de El Niño se produjo durante enero y febrero. Además, las lluvias abundantes y las altas temperaturas de abril provocaron una pérdida de seis millones de toneladas de soja en la Argentina. Para el ciclo actual, las curvas muestran una evolución diferente.

“A diferencia de 2016, cuando seguíamos bajo la influencia de El Niño, esta vez las curvas de evolución muestran que en abril estaremos muy cerca de la neutralidad”, explicó Elorriaga. De todos modos, aclaró que en abril suelen producirse eventos de ciclogénesis por el cambio de estación. Pueden aparecer tanto en años Niño como Niña, aunque el ingreso adicional de humedad puede agravarlos.
El océano Atlántico está actualmente más caliente de lo normal y tuvo mucho que ver con lo ocurrido durante julio, cuando ingresó aire húmedo y cálido desde el nordeste sobre gran parte de la región pampeana. Para los últimos tres meses del año, en cambio, los modelos muestran una anomalía fría. “Por lo tanto, no debería sumar humedad extra”, señaló Elorriaga. Según el especialista, esto puede ser favorable para la franja este de la Argentina, donde ya se esperan lluvias por encima de lo normal por El Niño.
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