
La crisis por la que atraviesan las explotaciones tradicionales se contrapone con el potencial agropecuario de las nuevas empresas
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Basta un fugaz recorrido por esta geografía para percibir que las formaciones montañosas ocupan el setenta por ciento del territorio y que la principal limitante para la actividad agropecuaria es la falta de agua.
Al revés de lo que sucede en las provincias semiáridas, las cadenas montañosas que recorren el territorio de Norte a Sur impiden que los ríos de deshielo desciendan hasta los valles para generar verdaderos oasis productivos. De ahí que el abastecimiento de agua debe generarse en cada cuenca.
Las zonas irrigadas representan una proporción muy baja del total de tierras disponibles (que ascienden a 280.000 hectáreas, lo que significa el 2,7% de la superficie total), debido a la postergación de las obras de riego (por las limitaciones financieras y el insuficiente desarrollo de mercados potenciales para la producción adicional).
Varios factores se conjugan para diagnosticar una delicada situación rural: el predominio de los minifundios, que cargan con el estigma de la baja productividad; el desconocimiento por parte de los campesinos de técnicas que eviten el deterioro de los recursos naturales; la falta de organización entre los productores para obtener materias primas a menores costos y para acceder a mercados con productos elaborados; las irregularidades en la titularidad de un porcentaje importante de tierras.
Muchas de las fincas que en otros tiempos aportaron recursos genuinos a la provincia se convierten en explotaciones descapitalizadas y administradas por gente mayor.
Las escasas posibilidades de tecnificación y la desinformación respecto de la demanda de los mercados, de las condiciones de continuidad para abastecerlos y de las variaciones de precios son las señales del atraso.
A ello se agrega el éxodo de los jóvenes, alimentado por la necesidad de buscar tierras prometedoras, la falta de solución al reclamo por mejoras en la infraestructura de riego y por un ordenamiento de la distribución del agua y, finalmente, las diferencias en términos de oportunidades que distancian a los productores tradicionales de las empresas amparadas por el régimen de promoción económica.
Para los medianos productores, el principal escollo es la dificultad para obtener créditos que les permitirían diversificar o mejorar los niveles de rendimiento.
La participación del sector agropecuario en el producto bruto provincial es poco significativa, apenas llegó al 6,6 % en 1995. Sin embargo, se estima que las recientes inversiones, que apuntan a conjugar la producción primaria con la industrialización y la exportación, incrementarán esta incidencia en la economía.
También se espera que el acuerdo firmado entre La Rioja, Catamarca y la región de Atacama (en Chile), permita dinamizar el intercambio comercial entre ambos países mediante un intenso flujo de mercaderías por la red vial y facilitar el acceso a los mercados asiáticos desde los puertos del Pacífico.
Mapa productivo
Los suelos más aptos para la agricultura se concentran en los departamentos del Sudeste: Santa Rosa, La Paz, Paclín y El Alto. Allí predominan cultivos tradicionales como maíz, sorgo, poroto negro, vid, nogal, olivo, tabaco y soja. También se desarrolla la explotación de caprinos y bovinos.
El valle central de la provincia congrega las nuevas explotaciones de algodón, jojoba, olivo, citrus y frutales de carozo, encaradas en los últimos cinco años por las empresas que aprovechan los beneficios del diferimiento y la desgrabación impositiva.
En la zona andina, la principal actividad económica es la producción y procesamiento artesanal de lanas de camélidos y de ovinos.
En los valles calchaquíes, se extienden las plantaciones de vid, olivo, nogal y especies bajo riego. Allí también tienen lugar las industrias vitivinícola y textil, como también la elaboración de dulces regionales.
Estado de las explotaciones
Catamarca es la primera provincia productora de nueces, con un volumen anual cercano a las 4000 toneladas. Sin embargo, las explotaciones de nogal evidencian rendimientos bajos por deficiencias en el manejo del riego, en los cuidados sanitarios y en las podas. A eso se agrega el envejecimiento y la baja densidad de las plantaciones como la lentitud del cambio de variedades criollas a californianas y francesas.
"Los productores están convencidos de la necesidad de renovar los montes para lograr una oferta de calidad, pero el proceso es muy lento, pues ellos no cuentan con capital de respaldo para esperar varios años a que la planta injertada entre en plena producción", explica Rafael Caeiro, coordinador del área de Desarrollo Rural del INTA Catamarca.
Desde hace una década, esta entidad también impulsa el recambio de variedades en los viñedos para que los productores puedan optar entre destinar la producción a las bodegas, al consumo en fresco o a la elaboración de pasas, según la conveniencia de los precios.
La mayoría de los montes de olivo se compone de variedades aceiteras o doble propósito (para aceite y conserva) y su antigŸedad promedio es de 45 años. La cosecha es manual y el destino de la producción es San Juan, Mendoza y La Rioja.
Los pequeños productores padecen una gran incertidumbre frente a la competencia que representa la avalancha de proyectos productivos de gran envergadura, con tecnología de punta y rendimientos que pondrían en evidencia el potencial productivo de Catamarca.
Actividad pecuaria
La mayoría de los productores ganaderos encara un ciclo completo y cuenta con un stock promedio de 300 cabezas de raza criolla. Los resultados de las explotaciones no son alentadores debido a un escaso o nulo apotreramiento y a la falta de aguadas. Si bien se impulsa la implantación de pasturas subtropicales para contar con buena alimentación durante todo el año y evitar un mayor deterioro del suelo, la introducción de esta estrategia es muy lenta.
Un situación productiva diferente es la de los campos de cría, que cuentan con razas como Hereford, Aberdeen Angus, Limousin y Braford para obtener mejores precios.
Para los pequeños y medianos tamberos, agrupados en una cooperativa, que producen entre 50 y 1500 litros de leche por día, la dificultad es la disponibilidad de agua para irrigar la alfalfa.
"Gracias a la elaboración de lácteos obtenemos mayores ingresos. Sin embargo, todavía no alcanzamos a aprovechar la capacidad industrial en su totalidad. De ahí que aconsejamos a los tamberos más chicos la integración para producir más a menores costos. Nuestra mayor limitación es la falta de capital para instrumentar cambios tecnológicos", expresó el presidente de la cooperativa de tamberos, Gustavo Walter.
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