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Delmo y su mujer, Marta, en su campo de Runciman, donde reciben todos los Domingos al resto de su familia.
Delmo Gallo nació y se crió en una chacra cercana a Runciman, en plena "pampa gringa".
Fue a fines del siglo anterior cuando su abuelo Antonio llegó a la Argentina, tras abandonar un pequeño pueblo del norte de Italia.
"Tuvo varios trabajos, hasta que encontró el momento de hacerse agricultor, primero como arrendatario y más tarde comprando una chacra que pudo pagar con el producido de una sola cosecha", recordó el nieto.
Fue el comienzo de un destino definitivo para los Gallo, de Runciman. En ese campo pudo don Antonio criar siete hijos; también nacieron allí muchos de sus nietos que, como Delmo y sus hermanos Mario y Celso, sintieron el ser chacareros como una impronta que los define y los llena de orgullo.
"Toda la primaria la hice en una escuela rural; quedaba a cinco kilómetros, que recorría a caballo; el secundario lo cursé en Venado. Era el menor de los tres hermanos y mi padre, con ese sentido de equilibrio innato que significa ser responsable de una familia, decidió que si a mí me pagaba estudios universitarios, era necesario compensar a los otros hijos que trabajaban en el campo; cuando le fue posible compró 150 hectáreas especialmente para ellos."
Ya ingeniero agrónomo -carrera que estudió en la Facultad de Agronomía de La Plata-, Delmo volvió al pago chico dispuesto a aportar sus conocimientos al manejo de la chacra familiar; además, fue parte de un equipo cuya tarea consistía en procurar que medianos y pequeños productores se integraran en el movimiento CREA; el proyecto era parte de un convenio entre el gobierno de Santa Fe y la Asociación Argentina de CREA.
A treinta años de aquella aventura, el ingeniero Gallo analiza sus resultados, que "si no fueron en el tiempo todo lo positivo que esperábamos, tienen mucho de rescatable".
-¿Lo mejor?
-Comprobar que la dinámica grupal en que se basa el método CREA no sabe de escalas y puede brindar a los chacareros -como comenzó haciéndolo con los estancieros del oeste bonaerense- herramientas muy valiosas para obtener mayor producción física y económica. Fue notable, en ese momento, percibir además cómo los buenos resultados dieron seguridad a quienes formaban los "CREA chacareros" que, a la par de producir con eficiencia, se sintieron capaces de encarar la defensa de su producción, valorando realmente las posibilidades que tienen a su alcance.
-¿Lo peor?
-Que algunos de los proyectos -transformados en realidad exitosa hace treinta años- se hayan frustrado. Hoy son pocos los CREA fundados con aquel plan. Encontrar las causas de la desaparición de muchos no resulta fácil; un análisis a fond -y muchas veces lo intenté-, da como resultado un espectro demasiado amplio y poco definido para sacar conclusiones. Hoy, tampoco yo estoy en el movimiento CREA de modo activo.
El paso de los días
Delmo Gallo es actualmente presidente de la Sociedad Rural de Venado Tuerto, "en la que se integran tanto grandes como pequeños productores".
Además, como cabeza de Delmo Gallo y Asociados, procura que el servicio de asesoramiento que se brinde tenga el nivel productivo que la empresa necesita para apuntalarla y darle identidad, adecuándola a sus especiales circunstancias productivas, financieras y de demandas: "No queremos ser simplemente asesores técnicos y empresarios, sino que tratamos de determinar qué necesita y cuál es el proyecto del grupo familiar vinculado a la empresa.
Durante su conversación con La Nación, Delmo Gallo pasa de una aparente timidez a una definida seguridad. Percibimos que está totalmente convencido de lo que expresa y dispuesto a defenderlo a muerte. Quienes lo conocen desde hace mucho tiempo dicen que esta forma de ser, bonachona pero muy segura y hasta frontal, le ha dado muchos seguidores y también le ha valido opositores. Delmo lo sabe y ni una ni otra circunstancia lo conmueven; no tiene dudas sobre el camino elegido: "Pese a que ello me costó más de una discusión con dirigentes y colegas, sostengo a muerte que es preciso priorizar la persona que tenemos delante, que como productor acumuló experiencia a lo largo de su vida. Escuchar y hacernos escuchar es, en estos casos, muy importante".
La empresa, la familia...
Durante muchos años, la chacra de los Gallo fue manejada por los tres hermanos, hasta que... "una tarde, mientras mateábamos en el patio de la casa paterna -hace algo más de veinte años-, llegamos a la conclusión de que ya éramos muchos para opinar.
En ese momento recordamos cómo nuestro padre repetía aquello de "los hermanos sean unidos..." y percibimos que para seguir siéndolo era mejor independizar cada grupo.
Delmo Gallo y Marta Munge viven en Venado Tuerto y están casados hace treinta y un años; tienen cuatro hijos y, "por ahora, tres nietos; son "familieros": "Gracias a Dios compartimos el almuerzo del domingo en una mesa que los años han hecho crecer", dicen con total sinceridad, mientras se empeñan en seguir construyendo el futuro.
El final de la entrevista con La Nacion transcurrió con el matrimonio Gallo en Don Antonio, chacra que es casi un estreno, pues "hace apenas un año pudimos vender nuestra parte en Runciman y armar esta empresa -algo más de 150 hectáreas-, que proyectamos manejar con producción intensiva tipo granja; de otro modo no sería rentable; además, será la posibilidad de estar más tiempo en el campo y vivirlo como siempre quisimos; para los hijos, puede significar un aprendizaje y un cable a tierra en su profesión, ya que, de los dos varones, uno es ingeniero en producción agropecuaria y el otro estudia agronomía, con el agregado de que el yerno es también agrónomo".





