
Federico Pinedo, un viajero que recorrió la Argentina a caballo
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Si ser gaucho es sentir la patria, Federico Pinedo lo es, y con más títulos que muchos que llevan rastras y botas de potro. Ello se torna evidente cuando se recorren las páginas de "De a caballo entre pampas y andes", el libro en que acaba de volcar la rica experiencia de sus travesías por llanuras, montañas y esteros de la Argentina.
Criado en el campo sureño, Pinedo, de 48 años, sabe que al país se lo quiere más cuando se lo recorre a caballo.
Antes de ir al colegio ya sabía montar y aprendió pronto a hacer del caballo su amigo entrañable y el fiel seguidor de sus aventuras viajeras.
Con su primer caballo, "el Tobiano, un mañero que me permitía pavonear mis compadradas" salía a pasar en la madrugada con su abuelo, el famoso político y economista, recordado por su gestión como ministro de Hacienda durante el gobierno de Agustín P. Justo,
Sin restar tiempo a su profesión de abogado y a su actividad en la función pública, Pinedo ha cabalgado, a través de los años, miles de kilómetros con el fin de que los demás argentinos vislumbren esa Argentina profunda quepocos conocen y valoran.
Llanuras y montañas
El que abre este libro se adentra en el campo. Olvida por un momento las contingencias de una Argentina ruidosa y superficial y comparte con el autor el descubrimiento de cómo puede transmitir un paisaje la sensación de que se escuchan los latidos del país esencial y eterno.
El libro comienza con el relato de sus tempranas recorridas por el sudeste bonaerense.
Como Fabio Cáceres, el personaje de "Don Segundo Sombra", inició con la participación en el arreo de ganado su aprendizaje criollo.
El primer arreo lo hizo desde la estancia San Lorenzo, en el partido de Maipú, hasta la estancia San Mateo, en General Madariaga:"Era una distancia de 70 kilómetros que cubrimos en un día y medio", recuerda.
En la segunda parte, Pinedo nos traslada a otros paisajes diferentes: las tierras altas del Norte.
Aquí, su periplo se enriquece con el valor agregado de verdaderos descubrimientos, ya que Pinedo accede a lugares que en pleno siglo XXIpermanecen inexplorados y olvidados.
Explora el camino del inca o el probable derrotero en tierras salteñas del conquistador Diego de Almagro.
"Al andar a caballo entre los cerros del Norte, sentí una honda emoción de ver que pisaba el suelo donde se encontraban por primera vez las tres culturas: la de los indios locales, la de los incas y la de los conquistadores."
Naturaleza e historia
Todo sirvió en sus viajes para dejarle recuerdos imborrables, desde el diálogo con la gente "sencilla y sabia" de las montañas hasta el hallazgo de antiquísimas piedras incaicas.
"En el cerro -comenta- se aprende lo verdadero, se habla poco, uno siente al cuerpo fortalecerse y al espíritu dispararse o achicarse en esas inmensidades."
Agrega que los "limitadísimos recursos de la gente de allí no impresionan por su pobreza sino por contraste con la infinidad de superficialidades inútiles que atormentan la psicología urbana, permanentemente insatisfecha por lo artificial".
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