
Para tomar las mejores decisiones, la consigna es saber manejar los tiempos de cada movimiento de la oferta y la demanda
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El reporte del USDA del jueves 12 de este mes fue un importante desafío para el organismo con sede en Washington. Luego de un cierre del ciclo 2020/2021 ajustadísimo en materia de reservas, proyectar el balance de oferta y demanda estadounidense 2021/2022 –se inicia el 1º de septiembre y es el “termómetro” del mercado– no era tarea sencilla.
Aunque ya se sabía que vendría con un aumento de área (800.000 hectáreas en maíz y 1,8 millones de hectáreas en soja), lo cierto es que la evolución de los cultivos planteaba interrogantes. Algo que no deja espacio para sorpresas luego de un ciclo con muy fuertes alzas interanuales en las cotizaciones.
En el caso de la soja, un año atrás la oleaginosa se cotizaba en Chicago en torno de los US$315 por tonelada y ahora se ubica próxima a los 500 dólares. Un alza de casi el 60% que no fue generada por una crisis de oferta (como los anteriores rally’s) sino por un estallido de la demanda asiática motorizada por China. Hoy, la pregunta del millón es si la historia se terminó.
En nuestra opinión, los buenos precios de la soja en Chicago (referencia ineludible para nuestras cotizaciones FOB) se extenderán por una temporada más. Tener en cuenta que, aunque el USDA plantea un aumento de área con rindes similares a los del año pasado (discutible) y con recortes en las exportaciones (también discutible), los stocks de cierre para el 31/8/2022 pasarían del 3% al 3,5%. Y eso es proyectando un aumento en la producción 2022 de Brasil de 8 millones de toneladas (probable) y una cosecha argentina de 52 millones. Este último guarismo es hoy absolutamente improbable, toda vez que la campaña 2020/2021 habría sido de 45 millones de toneladas y que se proyecta una menor superficie para el ciclo 2021/2022 y un año probablemente Niña.
En el caso del maíz, la historia es también muy opinable. El USDA proyecta rindes algo mejores que el año pasado siendo que ellos mismos califican peor a los cultivos, recortan el consumo forrajero y reducen las exportaciones de 72 a 61 millones de toneladas, cuando ya tienen compromisos por casi el 30% y antes de empezar el ciclo. Aun así, y a un año vista, las reservas sólo mejorarían del casi angustiante 7,2% de este año al 8,5%.
Más de un lector debe estar pensando que lo del USDA “huele a dibujo”. Pero no es así. Lo que el organismo no explica es a qué precios podrían cumplirse sus pronósticos. En otras palabras, las cotizaciones son las que deberán “encargarse” de racionar la demanda externa, como lo hicieron este año con un interesante rally. Garantizado entonces otro año de cotizaciones altas no exentas de volatilidad.
En trigo las novedades también son muy estimulantes para el productor argentino. Solo la UE presenta una buena cosecha (y algo Ucrania). Luego se verifican recortes de importancia en Rusia (primer exportador mundial), EE.UU. y en Canadá. Entonces, ¿por qué Chicago muestra cierta pasividad en las últimas semanas?
A nivel global se nota algo de incertidumbre respecto de la demanda mundial como consecuencia de los crecientes casos de la variante Delta del Covid-19 en China y otras naciones relevantes. También es necesario tener en cuenta que el inminente ingreso al circuito comercial de la cosecha en el hemisferio norte le pone “paños fríos” al mercado. En definitiva, saber manejar los “tiempos del mercado” es la consigna.
El autor es presidente de Nóvitas
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