
El deterioro de suelos provocado por la falta de rotación de cultivos y por la insuficiente reposición de nutrientes está hipotecando el potencial de la agricultura argentina. Los técnicos cuestionan cada vez más la viabilidad del monocultivo de soja, por ejemplo, en el entendimiento que compromete la sustentabilidad de los planteos y que generará efectos negativos en el corto y mediano plazo.
Este tema fue tratado en el reciente congreso de los CREA de la zona Centro, en el que intervino el profesor Otto Solbrig, de la universidad de Harvard, a través de una videoconferencia en la que trasmitió su visión del concepto de sustentabilidad global.
El experto dijo que la sustentabilidad comenzó a preocupar al mundo en los últimos años, a raíz del aumento en el área cultivada de todo el planeta del 6 al 12%, de la reducción del área de bosques del 40 al 30% y del incremento de la tierra ocupada por las ciudades, que pasó de 1 al 3 por ciento. A partir de esa situación primero surgieron problemas locales, que luego se transformaron en regionales y finalmente en mundiales. Cuando se llega a la última instancia resultan más difíciles de resolver, como ocurrió con el no respeto del protocolo de Kioto, que buscaba reducir la emisión de gases que producen el calentamiento global del planeta.
Según Solbrig, hay que valorizar el ámbito regional, donde hay más posibilidades de atención del problema llevando adelante, por ejemplo, prácticas agrícolas conservacionistas como la siembra directa, la rotación de cultivos y el menor uso de agroquímicos.
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Solbrig admitió que las actividades económicas humanas generan algunos efectos no deseados sobre el ambiente, como la contaminación que produce la agricultura. Pero también planteó que el desafío consiste en alimentar a 3000 millones de personas combinando una producción sustentable con los menores efectos negativos posibles.
El orador criticó que últimamente se plantee un debate entre la producción agrícola extensiva -que llega al extremo de la agricultura orgánica- y la producción intensiva. "El debate es inútil: ambas alternativas son complementarias, porque hay un mercado específico para productos orgánicos, constituido por el 20/30% de la demanda con mayor poder adquisitivo, que está dispuesta a pagar más por productos con rótulo. Pero si toda la producción agrícola fuera de este tipo, el precio de los alimentos subiría y la gente pobre -que gasta el 60/70% de su presupuesto en alimentos- comería peor que ahora", sostuvo.
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Al ser consultado respecto de los factores comunes entre sustentabilidad y biotecnología, Solbrig contestó que son muchos: "La biotecnología no es una práctica artificial, sino una técnica para manipular genes más eficientemente que antes. Mucha gente no sabe que algunos genes que tenemos los humanos nos vienen de otras especies, no por herencia, sino porque nos los traen los virus", explicó Solbrig.
"Un 5/10% de nuestro genoma proviene de especies animales e incluso vegetales transmitidas a través de los virus. Entonces, no se puede decir que lo que hace la biotecnología es antinatural, sino que nos permite aprender cómo funciona la naturaleza, y eso se está utilizando" dijo Solbrig.






