
Francisco Vera Méndez cree en las posibilidades de la apicultura
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Emblema de un nivel de orden y laboriosidad nunca alcanzado por los humanos, el mundo que se encierra en una colmena ofrece un interés apasionante que inspiró cantos de Virgilio y observaciones agudas de Maeterlinck. Y, más importante que todo, nos dio la miel, sabroso manjar de alto valor nutritivo e indudables propiedades medicinales.
Francisco Vera Méndez no escapó al embrujo de ese alado personaje zumbador que es la abeja y, con vocación y entusiasmo, se hizo apicultor. Está convencido de que quien se dedica a la apicultura no la puede tomar como un hobby. "Para que sea productiva hay que dedicarle todo el tiempo posible". Piensa que es preciso, de manera constante, "estar encima" de las colmenas y tratar, en lo posible, de no delegar tareas, "porque el ojo del amo engorda el ganado".
No significa ello que no busque colaboradores de ocasión durante la primavera, que es el período que requiere más horas de trabajo, pero Vera Méndez es de los que no imaginan la apicultura sin la presencia permanente del productor "en el lugar de los hechos".
Como es, además, abogado y docente rural, debió seguir el consejo de Gregorio Marañón de convertirse en "trapero del tiempo", es decir no desperdiciar ningún momento libre en nada que no conduzca a satisfacer su pasión fundamental:la producción apícola. Vera Méndez cree que fracasan los que buscan sólo el rendimiento económico. Paradójicamente "a que se desentienden de éste y trabajan por el fervor y la satisfacción interna, les va mejor que a los que viven la apicultura como un medio, mas que como un fin".
Tiempo para producir
En su niñez recorrió con su padre casi todo el país y luego, ya irremediable enamorado del campo, estudió derecho, sin perder la esperanza de "algún día hacer algo vinculado con lo agropecuario". Ejerció la abogacía varios años en Ushuaia y cuando se le dio la posibilidad empezó poco a poco a afianzar su vinculación con la actividad apícola.
Además del derecho, ejerce una actividad tan problemática económicamente, hoy día, como productor:la de docente. Da clases de Derecho y Educación Cívica en la Escuela Media de San Antonio de Areco y de legislación agraria en una escuela de Dugan, pueblo cercano a Areco.
El espíritu de la colmena
Opina que la apicultura está en condiciones de jugar un papel más importante que el actual: "El clima y la flora de nuestro país ofrecen amplísimas posibilidades, dados los favorables y múltiples factores de que disponen diversas regiones "de clima y flora más que propicias".
En los momentos de mayor trabajo que requiere la producción, redobla su esfuerzo y atención al máximo. Cuando hurga en la colmena se cubre el rostro, "pues la nariz, la boca y los ojos corren riesgos inflamatorios". Sin embargo desecha usar guantes. Aunque, de repente, recibe una que otra picadura, le resulta mucho mas fácil trabajar con las manos descubiertas "cuando uno cría reinas, usar guantes es como tocar la guitarra con ellos".
Refiere que la Argentina, como productora de miel, está dentro de los cinco más importantes del mundo y que una colmena entera, refiere, cuesta entre 75 y 100 pesos y, según las regiones, puede rendir desde 25 kilos para arriba.





