
Daniel Escasany se distingue entre los pilares de la platería criolla, que en estos tiempos ocupa un espacio importante en la cartelera cultural
1 minuto de lectura'
El desorden de las herramientas sobre la mesa de madera y el prolijo reposo de la platería sobre estantes de vidrio son imágenes elocuentes. Así como la biblioteca o el escritorio de un erudito pueden descubrir secretos, el taller de un orfebre es huella abierta para indagar en su estilo.
Daniel Escasany nació en Buenos Aires en 1961. Su perfil urbano no es incompatible con la vocación por la artesanía criolla. Su nombre da continuidad a la antigua y prestigiosa casa que atesoraba exquisitas piezas de colección.
Descubrió las artesanías en cuero crudo y plata con la frescura de los ojos infantiles, durante las temporadas veraniegas que pasó en Castelli. Como testigo de las faenas rurales evaluó la combinación de diseño y practicidad.
La productiva austeridad del soguero Luis Alberto Flores fue un espejo para el aprendizaje. Cuando la curiosidad se tornó en interés, Daniel Escasany acudió a Juan José Draghi. Como aprendiz, adquirió la técnica e inevitablemente el sello del maestro.
"La importancia de tener referentes como ellos no sólo radica en el conocimiento específico que comparten, sino en la sabiduría campera que los caracteriza", evalúa Escasany.
De hobby a trabajo
En esa época la platería era un hobby para él. Entonces le parecía inalcanzable lo que Flores y Draghi hacían. "Ellos son pilares de la platería nacional y yo aspiro a imitarlos", explica.
"Era un trabajo que me apasionaba y que, al mismo tiempo, me daba algún dinero. Así, sin darme cuenta, me convertí en platero", apunta.
¿Por qué ama su oficio? Porque incluye diseño, dibujo, escultura, ebanistería, carpintería, herrería... De esa mezcla de conocimientos surgen las piezas.
Además, Escasany adora las herramientas y las inventa constantemente.
Encaró la actividad como un negocio cuando abrió un local en la galería Bond Street, sobre la avenida Santa Fe, hace 13 años. Después se trasladó definitivamente a Juncal al 1500.
Participó en más de 20 muestras nacionales y también expuso en Europa y los Estados Unidos.
En 1994 obtuvo la beca del Fondo Nacional de las Artes en la disciplina Expresiones Folklóricas, "para investigar las técnicas de platería del siglo XVIII y realizar una serie de piezas".
Al año siguiente obtuvo una mención en el Primer Concurso Nacional de Plateros, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación.
En la actualidad también se desempeña como restaurador de la platería colonial que se conserva en museos.
Más allá de su talento manual, sus piezas evidencian su erudición histórica. "Es necesario estudiar la evolución de la platería para conservar los patrones de diseño y conocer los usos que adquiere en el campo. De lo contrario, se corre el riesgo de hacer una pieza muy bonita pero que en la práctica resulte inútil", explica Escasany.
¿A qué fuentes recurre? "Hay motivos tradicionales que se pueden observar en libros, en colecciones privadas y museos. Nunca se termina de aprender."
Su grado de conocimiento le permite sopesar el pasado y el presente.
"En los grandes talleres de antaño las funciones estaban repartidas. Había un maestro cincelador, un maestro soldador, un maestro tornero... Hoy, en cambio, los talleres son unitarios y si alguien tiene un ayudante, éste domina todos los procedimientos", explica Escasany.
Acto seguido agrega: "En el 1700 había en Europa máquinas que yo no sospechaba que existieran. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, las herramientas fundamentales siguen siendo el martillo y el cincel".
Cuando se le pregunta por la progresión de la actividad en nuestro tiempo, admite que "todo está hecho en materia de diseño y técnicas".
Le basta un ejemplo para sostener su opinión: "Un amigo me encargó un cuchillo que él demoró dos meses en diseñar. Pero sucedió que, durante una exposición, un cliente trajo para vender un antigua pieza que resultó muy parecida a la que mi amigo había creado".
Escasany distingue la influencia de las características geográficas en la platería. Valora el aporte de dos importantes escuelas: la de Olavarría, "que se caracteriza por un cincelado barroco" y la de San Antonio de Areco, "que no busca llenar las piezas de motivos".
Menciona la importancia de la tradición orfebre en Entre Ríos y Corrientes, "que antiguamente estaba influida por la cultura portuguesa" y también rescata la trayectoria de los plateros salteños, "que tuvo ascendiente boliviano".
Proyección de crecimiento
La excelencia que alcanzó Escasany lo distingue como referente de la platería actual.
Hoy se observa que las manos aún se mueven ansiosas por superar su destreza y que el temperamento va adquiriendo paciencia.
El talento del artista evoluciona en un contexto de revaloración de su disciplina.
Cuchillos, rastras, espuelas, chifles, estribos, facones, cabezadas, mates y pavas, que antes conformaban el repertorio de objetos en uso, se convirtieron en reliquias que se cotizan alto en las subastas de arte.
La revitalización que adquiere este circuito estético se advierte en el refinamiento técnico de los jóvenes plateros y en la organización de exposiciones colectivas en los museos de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, de Motivos Populares Argentinos José Hernández y de Arte Decorativo.
La cartelera cultural de las últimas décadas trasluce el creciente interés de los coleccionistas de platería por adquirir las obras de autores vivos.
Escasany cierra los ojos y sueña con el inmenso caudal de posibilidades que encierra el arte que eligió.
"Las mejores piezas son las que uno todavía no hizo, son un desafío...", confiesa Escasany.
1
2“Arrancó de una”: se encontró con una vieja cosechadora parada y como conocía todos sus secretos le devolvió la vida
3Un empresario del agro identificó una importante oportunidad de negocio en medio de la rivalidad entre Estados Unidos y China
4“Hay desesperación”: advierten que hace seis meses los empleados de una empresa láctea no cobran



