
Génesis gauchesca de la música porteña
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En las tres últimas décadas del siglo XIX -que es la época en la que surge el tango-, las orillas de Buenos Aires tenían una cultura rural antes que urbana. Es cierto que la ciudad crecía con rapidez sobre el espacio virgen de la llanura, pero el campo resistía en esas márgenes y hasta la invadía por aquí y por allá, con reseros, carreros y el aroma de los productos frescos para la cocina. Las orillas dieron origen a un personaje que luego el tango exaltó: el compadrito. Muy poco lo diferenciaba del gaucho. Es posible, incluso, que se sintiera más gaucho que otra cosa, y no fue raro que, de tanto en tanto, marchara al campo "a ganarse algunos cobres", cuando no a buscar refugio ante el acecho de la policía.
La música de este arquetipo y de su geografía fue la milonga, especie presente en la génesis musical del tango y que su mundo incorporó como una hermana. No por nada, bailar tango se dice "milonguear".
En ese ámbito más bien agreste se gestó el tango primitivo, con aires que referían a las composiciones musicales rurales y exaltaban lo nativo. No hay que olvidar, además, que hubo entre sus primeros cultores destacados payadores. Incluso la imagen que del tango se divulgó en el mundo durante los primeros años del siglo XX, remitió también a los misteriosos confines de la pampa sudamericana. Así, en una de sus películas, Rodolfo Valentino bailó un tango con un atuendo que intentaba ser el de un gaucho.
Uno de los primeros nombres del tango, apenas iniciado el siglo XX, fue el de Angel Gregorio Villoldo, guitarrista, compositor y letrista que en su juventud trabajó como resero. Escribió la letra de "La morocha", que como todos saben vivía en un ranchito, le cebaba cimarrones a su gaucho amado y hasta tenía voz para cantar "un estilito".
En los tangos de la generación de Villoldo, a la que se denomina Guardia Vieja, abundaron títulos como "La payanca", "La yerra", "El jagüel", "A mi zaino", "Expresión campera", etcétera. El gran Horacio Salgán los homenajeó con una composición exquisita que tituló "Aquellos tangos camperos".
Pero, paulatinamente, el tango se corrió hacia los barrios mejor constituidos -es decir, a ese espacio que ya no denominamos orilla sino arrabal o suburbio- y al centro. En ese desplazamiento, las referencias camperas se hicieron esporádicas y sólo algunos mantuvieron su relación con los aires de la pampa: la milonga, el estilo, la vidalita. Se suele destacar, en este sentido, a Osvaldo Pugliese, figura líder de la Guardia Nueva.
Entre los creadores del tango canción, como Pascual Contursi y Celedonio Flores, es posible percibir un sustrato original en el que están la poesía gauchesca y el cantar del payador, aunque la temática ya es decididamente arrabalera.
Fue, en cambio, el posterior Homero Manzi el que le abrió un espacio a lo rural dentro del arte popular porteño, con tangos como "Sosteniendo recuerdos" y "Tapera" y con milongas tales como "Milonga sentimental" y "Milonga triste", que creó junto con el pianista Sebastián Piana. También compuso, con música de Mariano Mores, el tango-malambo "Una lágrima tuya". (Mores fue, con Francisco Canaro y el letrista Ivo Pelay, autor del más exitoso tango campero: "Adiós, pampa mía".) Tampoco puede olvidarse que Carlos Gardel desarrolló su primera etapa de compositor e intérprete con un repertorio que hoy llamaríamos folklórico. Incluso su primer éxito en París fue "El carretero", canción del payador Arturo de Nava.
En la huella de Gardel otros cantores como Edmundo Rivero, Angel Cárdenas y Nelly Omar-, se caracterizaron por incluir en su repertorio el aura de la pampa profunda.






