
Marcelo Elizondo, de la International Chamber of Commerce, afirmó que la creciente demanda mundial de alimentos abre una oportunidad para el país; señaló que será necesario reducir la carga impositiva, invertir en infraestructura y logística, ampliar el financiamiento, profundizar la innovación y avanzar en acuerdos comerciales
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El crecimiento de la población, la mejora de los ingresos y el avance de la urbanización impulsarán durante los próximos años una mayor demanda mundial de alimentos. En ese escenario, la Argentina tiene una oportunidad para aumentar sus exportaciones agroindustriales, aunque deberá avanzar en cinco reformas: reducir la carga impositiva, mejorar la infraestructura y la logística, ampliar el financiamiento, profundizar la innovación y celebrar nuevos acuerdos comerciales.
Así lo señaló hoy Marcelo Elizondo, de la International Chamber of Commerce, durante el encuentro Negocios del Campo organizado por LA NACION. Según explicó, en los últimos 30 años alrededor de 1500 millones de personas dejaron atrás la pobreza y se espera que otros 150 millones mejoren su situación de aquí a 2035.
Desde 2010, precisó, la producción agrícola primaria mundial creció casi un 30% y podría avanzar otro 13% hacia 2035. Las manufacturas de origen agropecuario aumentaron un 38% y se prevé que se expandan un 10% adicional. El mercado de alimentos elaborados, en tanto, creció un 62% entre 2015 y 2026 y podría sumar otro 43% durante los próximos nueve años.
“El mundo está generando un proceso de evolución incremental, cuantitativo y cualitativo en la producción de alimentos”, afirmó. Esa transformación también se refleja en el comercio: entre 2000 y 2025 las exportaciones globales de productos agrícolas y alimentos crecieron un 390%.

Para Elizondo, esa tendencia representa una oportunidad porque el agro es el sector argentino con mayor inserción internacional. “La Argentina es el tercer exportador neto de alimentos del mundo. Es el tercero mayor después de Estados Unidos y los Países Bajos”, indicó. Además, sus productos agropecuarios representan el 2,1% de las exportaciones mundiales del sector, mientras que en energía, minería, industria y servicios la participación argentina es inferior al 0,5%.
El país ocupa el cuarto lugar entre los exportadores de productos agropecuarios primarios, el segundo en manufacturas de origen agropecuario y el duodécimo en alimentos elaborados. Esa diferencia, explicó, marca una tarea pendiente: “La Argentina tiene que trabajar en la generación de valor, en la mayor manufacturación y en el avance en la cadena hacia la creación de mayor diferenciación”.
El sector agroindustrial explica cerca del 60% de las exportaciones totales del país. Sin embargo, después del fuerte crecimiento registrado durante la primera década del siglo, las ventas al exterior entraron en una etapa de relativa estabilidad. Elizondo atribuyó ese desempeño a la caída de los precios internacionales, pero también a “problemas más domésticos, de regulaciones, organización económica y de incentivos”, que limitaron la capacidad del sector para aumentar su presencia en los mercados externos.
Pese a esas dificultades, enumeró seis ventajas que le permitirían al país recuperar una trayectoria de crecimiento. La primera es la extensión de la siembra directa. “La Argentina es el país del mundo con mayor porcentaje de su producción agrícola amparada en la siembra directa. No somos los inventores del sistema, pero somos los que mejor lo hacemos”, dijo.

También destacó la eficiencia en el costo por tonelada producida; el complejo agroindustrial del Gran Rosario; las condiciones agroecológicas; la incorporación de tecnología y el desarrollo de las agtech, y el capital humano. “La Argentina es un ecosistema productivo con muchísima eficiencia, al punto incluso que puede soportar el sector privado produciendo y comercializando desincentivos como los impuestos a las exportaciones”, afirmó.
Elizondo consideró que la reducción de la brecha cambiaria, la estabilización económica, la disminución gradual de las retenciones, la desregulación y la apertura de mercados sanitarios comenzaron a conformar un escenario más favorable. También se refirió a las negociaciones comerciales con la Unión Europea, Estados Unidos y otros destinos.
Según las proyecciones que presentó, la producción primaria argentina podría crecer un 45% hacia 2035. Para las manufacturas de origen agropecuario se calcula una expansión del 66%, mientras que el ingreso de divisas generado por las exportaciones del sector podría aumentar un 58%.
No obstante, advirtió que para alcanzar esas previsiones quedan cinco reformas centrales. La primera es “una gran reforma impositiva que alivie costos y genere incentivos, no solamente con impuestos nacionales, sino también con impuestos provinciales”.
La segunda, detalló, consiste en la “gran inversión” que requieren el transporte, la logística y la conexión entre la producción, el comercio y los puertos. La tercera es ampliar el acceso al crédito, que “todavía no está en la condición esperada”. La cuarta comprende la innovación y la biotecnología, y la última es profundizar la integración mediante acuerdos comerciales.

“El mundo nos plantea un escenario de posibilidades, pero también de exigencias”, resumió. Según explicó, el aumento del comercio estará acompañado por mayores requisitos ambientales, sanitarios y tecnológicos. Por eso remarcó que la posibilidad de aumentar las exportaciones dependerá tanto de las reformas que realice el país como de su capacidad para adaptarse a esas nuevas condiciones.



