
El Libertador dio muestras de su afición por el campo
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Pocos se han ocupado en destacar la vocación del Libertador por las tareas rurales y el deseo de terminar sus días retirado en su campo.
El 8 de febrero de 1825, desde Bruselas, donde se había instalado por lo barato que le resultaba vivir allí, le confesaba a su amigo Bernardo O´Higgins que pensaba quedarse allí hasta finalizar la educación de su hija: "Regresaré a América para concluir mis días en mi chacra, y separado de todo lo que sea cargo público, y si es posible, de la sociedad de los hombres".
Sin duda pensaba que la tranquilidad rural iba a consolar sus días, amargado del trato de los ingratos.
San Martín era propietario de la chacra Los Barriales, en las afueras de la ciudad de Mendoza, que le había sido donada por el gobierno local el 18 de diciembre de 1816, un mes antes de la partida del ejército libertador. Tenía una superficie de cincuenta cuadras y a su hija Mercedes Tomasa le habían adjudicado otras doscientas.
En magnífico gesto el 19 de julio de 1817, San Martín se dirigió al gobernador y al Cabildo de Mendoza, agradeciendo haber sido beneficiado "con una finca en recompensa de mis pequeñas, y debidas fatigas por la libertad de Chile; he creído que debía aliviar las de ese heroico pueblo, asignando la tercera parte de sus productos para el fomento del Hospital de Mujeres en esa capital, dotación de un vacunador, que corriendo la provincia, le libere de los estragos de la viruela. Aún no se sabe a qué asciendan sus frutos. Tendré la satisfacción de avisarlo a V.S. oportunamente".
El 17 de agosto de 1818, don José de San Martín y don Pedro Moyano presentaron al escribano Cristóbal Barcala un contrato de explotación que habían firmado con anterioridad en el que disponían: "Pedro Moyano se obliga a cuidar y administrar los terrenos que José de San Martín posee en el paraje llamado del Estado por el término de ocho años. Las utilidades que produzcan dichos terrenos deducidos los costos, serán partibles entre ambos".
El 14 de octubre de 1818, ante el mismo escribano, firmó un poder de administración de la chacra y otros bienes a favor de su capataz Pedro Moyano. Al año siguiente, ante el notario Barcala manifestó que "debiendo ausentarse de esta capital, dejando en ella intereses, bienes muebles y raíces, le es indispensable dejarlo todo a cargo y administración de un sujeto de su confianza y teniendo en la de don Pedro Núñez, natural y vecino de ella, quiere Su Excelencia otorgar un documento que conste por él". En el mismo escrito, ante su eventual fallecimiento, San Martín lo nombraba su albacea, y en prueba de la estima y confianza que le dispensaba agregó: "Ruega a su referida esposa (Remedios de Escalada de San Martín), que no sólo debe permanecer dicho Núñez en la administración de la Hacienda por el término de la contrata, sino que suplica a dicha señora, que en lo sucesivo permanezca siempre en la administración de la expresada Hacienda, por estar cerciorado de su honradez y buena comportación".
El prócer habitó la chacra mendocina desde febrero a noviembre de 1823, en que regresó a Buenos Aires. Como una prueba de su acendrado apego a la tierra, especialmente a la mendocina, quiso premiar a su amigo, el general Tomás Guido, "por la buena armonía con que se ha conducido en todo el tiempo que han sido compañeros de armas y deseando de algún modo manifestarle el buen afecto que le profesa por su libre y espontánea voluntad". Ante el escribano Justo Moreno el 29 de julio de 1823, le obsequió "cincuenta cuadras de tierra de su propiedad, en la Villa Nueva de San Martín, con todas sus entradas y salidas, aguas, usos, costumbres, derechos y servidumbres".
El viajero inglés Robert Proctor, que pasó entonces por Mendoza, escribió: "Llevaba una vida muy tranquila, residiendo habitualmente en una propiedad suya a ocho leguas de la ciudad, que estaba mejorando rápidamente. Parecía muy apegado a Mendoza como los habitantes lo eran a él-, y, sin duda como este lugar fue el punto donde comenzó su brillante carrera, érale el más querido" En 1827, le escribía a O´Higgins: "Yo pienso permanecer en Europa dos años más, tiempo que creo necesario para concluir la educación de mi hija; si para este tiempo las Provincias Unidas se hallan tranquilas, regresaré a mi país, para retirarme a mi Tebaida de Mendoza".
El Libertador amó la vida del campo, en numerosas cartas aparecen manifestaciones sobre el particular, "prefiero la vida que seguía en mi chacra a todas las ventajas que presenta la culta Europa", también proyectó "sí me dejan tranquilo, sentaré mi cuartel un año en la costa del Paraná, porque me gusta, y otro en Mendoza".
En una carta declaró que sus grandes amigos con los que tenía intimidad eran: Bernardo O´Higgins, Gregorio Gómez y Tomás Guido, a todos les comunicó sus intenciones de retirarse a la vida rural.
El autor es académico de Número de la Academia Argentina de la Historia .





