
Una correcta revisión de las mediciones del metano emitido y de los sumideros de carbono le abriría al país y a la ganadería nuevas oportunidades
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El título quizás suene obvio para una opinión pública convencida de que la producción bovina emite un exceso de gases invernadero que agrava el calentamiento del planeta. Pero la obviedad no es tal si se mira el asunto desde una perspectiva más novedosa.
¿Cumplen los países los compromisos que firmaron a partir de la COP 21 de París, en 2015, para detener el calentamiento global? La respuesta es sencilla; algunos sí; otros no. Aunque las emisiones globales aumentan a tasas menores, la temperatura media del planeta ya rebasa los umbrales que acordaron no transgredir. Mientras tanto, muchos países informan la evolución de sus emisiones a través de Inventarios Nacionales (INGEI), Informes Bienales de Transparencia (IBT) y Contribuciones Nacionales Determinadas (CND).
El último cálculo oficial de la Argentina indica que el país emitió 401 millones de toneladas de equivalente dióxido de carbono (ton eqCO2) en un año. Vale la pena recordar que esa cifra representa menos del 1 % de las emisiones globales. El agro aportaría un 38 % a esas emisiones, de las cuales un 20 % provendría de la ganadería bovina. En materia de compromisos, la Argentina asumió que sus emisiones netas hacia el año 2030 no superarían los 359 millones de ton eqCO2. En la reciente COP30 de Brasil, elevó esa cifra a 375 millones para el período 2030-2035, lo cual generó no pocas críticas.

Los números de emisión y captura de carbono que informan los países provienen de métodos de cálculo que caen en una zona gris expuesta a revisión científica. La mayoría de los países en desarrollo calculan sus inventarios en base a estándares originalmente calibrados para climas templados y húmedos del hemisferio norte. Aunque hay algoritmos de ajuste, esos modelos no siempre reflejan fielmente la realidad de otros ambientes.
Zona gris
Desde un punto de vista práctico, la existencia de zonas grises nos habilita a indagar y replantear impactos. El de la producción bovina en uno de ellos. Por ejemplo, investigaciones recientes invitan a reanalizar dos impactos importantes: la emisión de metano de los bovinos y la captura de carbono en el sistema ganadero pastoril.

Que los bovinos emiten metano, y que el metano tiene alto potencial de calentamiento global, no es novedad. Pero el metano cae en una zona gris cuando su impacto es reanalizado en el tiempo. Hoy disponemos de dos opciones de cálculo (A y B) que producen resultados discordantes. El Camino A convencional, que se utiliza para elaborar los inventarios oficiales, asume que el metano se acumula en la atmósfera durante un lapso prolongado de tiempo y tiene, por lo tanto, una persistencia similar a la del gas dominante, que es el dióxido de carbono. Sin embargo, investigaciones recientes advierten que el metano es un gas de vida corta que se desactiva en 10-12 años, y que en el largo plazo tiene un impacto mucho menor al que estima el Camino A. Como opción, surge así un Camino B que reinterpreta su potencial de calentamiento en el largo plazo (100 años). Si para Argentina el Camino A estima que el metano bovino aporta como emisión unos 80 millones de ton eqCO2 por año, el camino B reduciría esa cifra a 8 millones debido a la corta vida del metano en la atmósfera, lo cual redundaría en una emisión evitada de unos 72 millones de ton eqCO2 por año.
La otra zona gris involucra a los sumideros que capturan carbono (C). La métrica convencional estima cambios de largo plazo (en promedio, 20 años) en los stocks de C orgánico del suelo. Solo si el stock aumenta se infiere que hubo un secuestro estable de C. Pero el método conlleva una asimetría no resuelta. Calcular las emisiones de C un un año, y tener que esperar varios años para saber si hubo o no secuestro de C, acarrea complicaciones prácticas para estimar el balance. El mundo moderno funciona a otra velocidad y el balance de C se imbrica cada vez más en la producción, la economía y los negocios. Si de medir la captura anual de C se trata, es más expeditivo estimar cuánto C se acumula en la vegetación por fotosíntesis en igual período que se mide la emisión. Existen mediciones satelitales que facilitan esos cálculos; la Productividad Primaria Neta (PPN) puede servir a ese fin. Pese a que no refleja la complejidad del secuestro de C en suelo, la métrica de la PPN permite cuantificar la ganancia neta de C en la vegetación y usarla para compensar la emisión dentro del mismo año.
Áreas de pastoreo
Como sumideros de C, los bosques reciben más atención que las tierras de pastoreo por su capacidad para producir biomasa y facilidad para medir esa producción. Sin embargo, las áreas de pastoreo en Argentina son mucho más extensas que las boscosas, e incluyen no solo pastizales, pasturas y pastoreos anuales, sino también sabanas, bosques nativos, arbustales, etc. La FAO reporta que la Argentina tiene unos 176 millones de hectáreas dedicadas al pastoreo bovino. Simplificando cálculos, si asumiéramos una PPN media muy modesta, de apenas 0,5 ton anuales de materia seca (aérea + subterránea) por hectárea, la mitad (0,25 ton/ha) sería ganancia de C. Convertido a eqCO2 y extrapolado a los 176 millones de hectáreas, la Argentina acreditaría un sumidero adicional de unos 160 millones de ton eqCO2 por año.
Si a este sumidero de 160 millones le sumamos la emisión evitada de metano (72 millones), obtendríamos una cifra de 232 millones de toneladas de eqCO2 que podrían ser descontadas de la emisión de 401 millones estimada por nuestros inventarios. Este cálculo rudimentario muestra que Argentina podría hoy mismo sobre-cumplir el compromiso de reducir sus emisiones a los niveles acordados para el 2030-35.

Podemos discutir hasta el infinito si ambas formas de contabilizar el carbono son igualmente válidas. Algunos autores proponen a los países en desarrollo mantener el método convencional para elaborar los informes oficiales, y en paralelo incluir otro que contemple la vida corta del metano y la captura de carbono de sus sistemas pastoriles. Poniendo el foco solamente en la ganadería bovina, esta simple revisión contable le abriría al país una oportunidad para renegociar a escala global el cumplimiento de sus metas climáticas. Y en una escala más pequeña le abriría al sector ganadero una oportunidad para negociar con inteligencia compensaciones (como ventajas impositivas, certificaciones para exportar, emisión de bonos de carbono) por sus aportes a la mitigación del cambio climático.
El autor es miembro correspondiente de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria





