
La oferta de una empresa agropecuaria es más atractiva para el mercado que un simple terreno
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Una reflexión sobre la historia de nuestro país agropecuario nos lleva a encontrar varias etapas sucesivas bien diferenciadas.
Una primera, de características primitivas, en la que muchas tierras, a veces ganadas a los indios, eran adjudicadas o simplemente ocupadas, y en las que el esfuerzo, titánico por cierto, consistía en poblarlas frente a una naturaleza dura y salvaje. El nuevo colono debía transformar una extensión absolutamente inhóspita en su hogar, su sustento y su forma de vida. Eran campos abiertos, el valor más importante era el ganado y de ahí la denominación de hacienda como sinónimo de patrimonio.
Sin alambrado, el trabajo diario consistía en reunir los animales con la ayuda de numerosos peones "agregados" que trabajaban por la comida y el pastoreo para sus caballos.
Surgen luego los alambrados, los molinos, las aguadas y las mejoras, entre otros avances. Las tierras se han transformado en estancias con títulos legales más firmes, lo que facilita la venta de las mismas. El Código Civil y la legislación sobre sucesiones se constituye en un factor importante en la subdivisión de las estancias que se fraccionan en campos.
Y éstos son los que en la etapa actual aparecen en el mercado. El potencial comprador se encuentra con que va a adquirir sólo uno de los elementos que necesitaba para organizar una empresa económicamente rentable.
Deberá pensar a qué tipo de producción lo va a dedicar, qué carga animal va a poder introducir o a qué cultivo lo va a dedicar. Deberá analizar alternativas y buscar el personal adecuado (y encontrarlo). Incluso si compra un establecimiento a tranquera cerrada, esto es, con su hacienda y maquinaria, no tendrá claras las posibilidades de desenvolvimiento del mismo.
En suma, deberá imaginar un nuevo negocio por desarrollar en el campo que está comprando, con el consiguiente riesgo de equivocarse. Como consecuencia, y de acuerdo con inexorables leyes económicas, ese mayor riesgo determinará un menor precio de venta para el campo en cuestión.
¿Cómo minimizar ese riesgo y así dar así un mayor valor al campo? Pues bien, lo que proponemos es sustituir la idea de vender un campo por la transferencia de una "empresa agropecuaria". Es decir que el comprador no adquiera un elemento de una empresa que deberá desarrollar, ni siquiera un proyecto para la misma, sino una empresa eficiente ya en marcha. Una realidad que el comprador podrá analizar.
Todos los antecedentes y la historia de una empresa manejada técnicamente deben demostrar la evolución de ésta.
En cuanto a la producción, estará disponible la rotación realizada en los potreros, la evolución de las praderas, etcétera, los rendimientos agrícolas de cada cuadro, etcétera.
En la faz comercial, las alternativas de venta para los distintos productos, costos, beneficios, distancias y fletes.
En el aspecto administrativo deberán comprobarse los resultados de una buena gestión mediante una correcta contabilidad, controles establecidos, sistemas de comunicaciones, etcétera.
El tema impositivo es hoy decisivo, pues puede convertir en un mal negocio lo que hubiera podido ser una transacción razonable. Esto lleva a la faz legal, pues habrá que decidir si conviene o no la forma de sociedad anónima y otros aspectos.
Y dado que hoy no es fácil conformar un equipo de personal idóneo y responsable, el tenerlo ya confiere un mayor valor a la empresa en cuestión.
Aun para los que hoy no piensan en vender su campo, mañana pueden desear hacerlo y entonces se verá si ha hecho lo suficiente para no tener que ofrecer un "campo", sino una "empresa agropecuaria" en pleno funcionamiento.
Este enfoque está en línea con los nuevos conceptos en cuanto a estrategia de los negocios que, al lado de los objetivos tradicionales como aumentar las ganancias, reducir costos, etcétera, busca ahora "crear un mayor valor" para los dueños o accionistas de las empresas. Y el transformar nuestro campo en una empresa manejada técnicamente y registrando su buen funcionamiento significa en términos económicos "agregar valor" a nuestro capital.
El autor es ingeniero agrónomo.






