
En un año en que las bajas temperaturas parecen extenderse, se recomienda esperar a que éstas se adecuen a las necesidades de las semillas
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"Lo que el productor necesita es una emergencia rápida y uniforme."
En este concepto pusieron especial énfasis los ingenieros Diego Batlla, docente de la cátedra de Cerealicultura de la Fauba e investigador asistente del Conicet, y Roberto L. Benech-Arnold, profesor asociado de la cátedra de Cerealicultura de la Fauba e investigador principal del Conicet.
¿Y por qué destacaron significativamente esta frase? Porque este año, a diferencia de los anteriores, el invierno fue muy frío y si las bajas temperaturas se prolongan en el tiempo perjudicarán las siembras de los cultivos estivales, fundamentalmente las del maíz, porque ese frío se traslada al suelo y, en consecuencia, perjudica a la semilla.
"Este año, por lo tanto, a la hora de sembrar, hay que tener muy en cuenta la temperatura de los suelos", agregaron los especialistas.
Por lo tanto, según los técnicos, de no producirse un cambio en las condiciones térmicas durante las próximas semanas es probable que las siembras de los cultivos estivales se encuentren caracterizadas por temperaturas frías durante la etapa siembra-emergencia.
Si eso ocurre, la exposición de las semillas a bajas temperaturas durante la fase siembra-emergencia suele determinar un alargamiento excesivo del tiempo necesario para la emergencia del cultivo. Este hecho trae aparejado un mayor tiempo de exposición de las semillas al ataque de patógenos (bacterias y hongos) e insectos, pudiendo determinar una reducción en el número de plantas logrado y, en ciertos casos, afectar el rendimiento del cultivo .
A su vez, las bajas temperaturas durante la siembra pueden producir daños por imbibición (toma de agua del suelo) en frío y, consecuentemente, disminuir el número de plantas logradas. Esto se puede producir porque la imbibición en frío provoca un daño en las membranas como consecuencia de la rápida entrada de agua en la semilla.
Según los especialistas, para evitar los daños por imbibición en frío, más allá de evitar sembrar los cultivos en suelos excesivamente fríos, es imprescindible que la semilla sembrada no haya sufrido daños en la integridad del tegumento. Esto es particularmente importante en el cultivo de soja.
En cuanto a las reducciones por las bajas temperaturas en el número de plantas logradas, son críticas en cultivos que tienen menor capacidad de compensar fallas en la emergencia, como es el caso del maíz y en menor medida el girasol.
Para los investigadores, además, más allá de los efectos sobre el número de plantas logradas, la exposición de las semillas a bajas temperaturas suelen generar importantes diferencias en el momento de emergencia de las plántulas.
En el cultivo de maíz ha sido debidamente documentado que esta diferencia en la emergencia de los individuos determina una alta desuniformidad en el tamaño de las plantas provocando disminuciones en el rendimiento, ya que las plantas dominantes no pueden compensar la pérdida de rendimiento de las plantas dominadas. Por ejemplo, en maíz, el establecimiento de un stand desuniforme puede determinar pérdidas de rendimientos de alrededor de un 10%.
Por otra parte, las plántulas que crecen en condiciones de estrés térmico (bajas temperaturas) suelen ser más susceptibles a los daños por fitotoxicidad debido a la aplicación de fertilizantes o herbicidas posemergentes; de igual manera, tienen una menor tolerancia a ataques de patógenos.
Por ese motivo, para los especia- listas, más allá de la importancia de sembrar semillas que presenten un alto poder germinativo y vigor, y que hayan sido previamente curadas con productos de alta eficacia, es importante tener en cuenta la temperatura del suelo al momento de la siembra si se quieren evitar muchos de los problemas mencionados.
Generalmente, los productores están acostumbrados a sembrar en una fecha determinada que tiene que ver con lo zonal. Para los técni- cos, nadie pone en duda las ventajas de las siembras tempranas, pero en casos como este año, en que cambian las condiciones climáticas y el suelo está muy frío se torna muy importante esperar a tener una temperatura adecuada para que el período siembra-emergencia sea lo suficientemente corto.
En el caso del maíz, se considera que para tener una etapa de emergencia más o menos normal, la temperatura del suelo tiene que estar por encima de los 10, 11 o 12 grados centígrados. "Yo diría por arriba de los 12 grados; esto es lo que se llama temperatura base, por debajo de ella la germinación no avanza", enfatizó Batlla.
El concepto central es que si el maíz se siembra con temperaturas por debajo de 8 grados, la germinación no va a avanzar; entre 8 y 12 grados, sí va a avanzar, pero en forma muy lenta. Finalmente, si se siembra con temperaturas por encima de los 12 grados, no se presentará ninguno de los problemas mencionados. Estos mismos números pueden ser tenidos en cuenta a la hora de hablar del girasol.
Para la soja, que se siembra más tarde, las temperaturas que se requieren tienen que estar por encima de los 15 o 16 grados. Estos valores también deben ser considerados en el caso del sorgo.






