
Una delegación de 62 productores de Alabama recorrió campos y el Mercado Agroganadero de Cañuelas; destacaron la calidad de la hacienda y la genética argentina y contaron cómo atraviesan la caída del stock bovino en su país; también cuestionaron el momento elegido por el presidente norteamericano para aumentar las importaciones de carne, aunque relativizaron su impacto
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Desde una de las pasarelas elevadas del Mercado Agroganadero (MAG) de Cañuelas, Jimmy Parnell mira los animales que llenan los corrales debajo de la enorme estructura techada. Llegó desde Alabama y es uno de los 62 productores estadounidenses que por estos días recorren la Argentina para conocer su ganadería. La calidad de los animales y la genética fueron algunas de las cosas que más lo sorprendieron. “Estaría orgulloso de tener esas vacas en Estados Unidos”, contó.
La visita llega en un momento particular para la ganadería de Estados Unidos. Frente a la caída del stock y la suba de los precios, los productores aseguran que, después de años difíciles, finalmente recuperaron rentabilidad. Pero en medio de ese buen momento, la decisión de Donald Trump de aumentar las importaciones de carne no cayó del todo bien entre los ganaderos. Aunque respaldan el objetivo de bajar los precios al consumidor, cuestionan especialmente el momento elegido. En la Argentina, además, quedaron sorprendidos por la calidad de la hacienda y mostraron interés por su genética, que hoy no puede ingresar al mercado estadounidense. La delegación estuvo en San Antonio de Areco y recorrió un feedlot, hoy pasó por el Mercado Agroganadero de Cañuelas y este miércoles visitará un tambo robotizado en Castelli.
Parnell es productor ganadero de quinta generación y presidente de la Alabama Farmers Federation. En su establecimiento compra terneros de alrededor de 200 kilos, los recría a pasto hasta los 400 kilos y luego los envía a feedlots del centro de Estados Unidos, donde terminan su engorde con granos.

Estados Unidos atraviesa un momento de baja disponibilidad de hacienda, después de varios años en los que se redujo su rodeo. Para Parnell, detrás de esa caída hubo una combinación de factores. “La cantidad de vacas bajó por la sequía, la falta de rentabilidad de los últimos diez años y la edad de los productores”, explicó.
Según contó el productor estadounidense, la falta de lluvias golpeó especialmente al centro del país, donde se concentra una parte importante de la producción. “Tuvimos una sequía prolongada durante unos cinco años. La gente tuvo que vender vacas por la sequía”, señaló. En Alabama, en cambio, las condiciones climáticas fueron mejores y pudieron sostener la producción.
A eso se sumó el envejecimiento de los productores y la dificultad para lograr un recambio generacional. Muchos ganaderos mayores comenzaron a dejar la actividad y los jóvenes que continúan son menos. “Hay algunos interesados, no quiero hacer parecer que no hay ninguno, pero tenemos menos jóvenes que productores mayores”, contó.
Después de esos años difíciles, el negocio cambió. Los precios mejoraron y los productores recuperaron rentabilidad. “Ha estado realmente bien durante aproximadamente dos años”, dijo Parnell. Ese buen momento explica también la reacción frente a una de las decisiones del presidente Trump. En febrero pasado, Estados Unidos amplió de 20.000 a 100.000 toneladas el cupo anual de carne vacuna argentina con acceso preferencial. Meses después, en agosto, Trump habilitó de manera temporal otras 300.000 toneladas de carne vacuna magra sin aranceles para aumentar la oferta y contener los precios internos. Esta vez, sin embargo, la Argentina quedó afuera del nuevo contingente porque ya cuenta con una cuota preferencial propia.
Parnell contó que votó por Trump y que, en términos generales, respalda su gestión. Sin embargo, cuestionó el momento elegido para aumentar las importaciones de carne. “No nos gustó cuando abrió la puerta a toda esta carne que entró recientemente a nuestro mercado en el momento equivocado del año”, afirmó.
La medida coincidió con una época en la que muchos establecimientos destetan sus terneros y salen a venderlos. Para Parnell, ahí estuvo el principal problema. “Si la hubiera traído meses atrás, probablemente no habría tenido ningún impacto. Pero lo anunció en un mal momento”, sostuvo.
Chris Carroll, otro de los productores de Alabama que integra la delegación y vicepresidente de la Alabama Farmers Federation, compartió parte de esa mirada, aunque relativizó el efecto que puede tener la medida. “No es bueno para nosotros, pero creo que los medios lo han exagerado bastante respecto del impacto económico que realmente va a tener”, afirmó.

Carroll trabaja en una etapa intermedia entre la cría y el feedlot. Recibe terneros de alrededor de 180 a 225 kilos, los agrupa, vacuna y acostumbra a comer en comederos antes de enviarlos al centro de Estados Unidos, donde completan el engorde. “Soy un paso entre el productor de cría y el feedlot”, explicó. Por su establecimiento pasan entre 3000 y 3500 terneros por año.
Al igual que Parnell, Carroll recordó que la actividad viene de atravesar varios años difíciles. “Fue como una tormenta perfecta. Tuvimos sequías, incendios y después precios bajos durante varios años”, afirmó. Mientras recorría el MAG de Cañuelas, Carroll también se mostró impresionado por la organización del mercado. “Me gusta cómo está organizado. Es muy avanzado y tiene muchos aspectos positivos. Es muy impresionante”, afirmó.
Durante su estadía en la Argentina, Parnell contó que quedó impresionado por lo que encontró en los campos. “Es un país hermoso, muy fértil”, señaló. La calidad de la hacienda fue uno de los aspectos que más destacó. “Hay muy buenas vacas. Estaría orgulloso de tenerlas en Estados Unidos”, afirmó.
Es por eso que el productor mostró interés en poder llevar genética argentina a Estados Unidos, algo que hoy no está habilitado. “Creo que sería bueno para todos nosotros si pudiéramos hacer eso”, afirmó. Parnell contó que tiene un pequeño rodeo Shorthorn en el que ya utiliza líneas de sangre argentinas [llega genética desde Canadá] y que la incorporación de genética de otros orígenes es un tema habitual entre los criadores. “Hay discusiones todo el tiempo entre los criadores sobre cómo conseguir buena genética”, señaló.
Para Parnell, ese intercambio es importante porque, según su mirada, cruzar líneas de sangre de distintos países puede aportar mejoras productivas. “Si podemos ir a otro país y mezclar genética, obtenemos algo parecido al vigor híbrido”, dijo y agregó: “Es mejor incorporar genética de afuera. Se obtiene un pequeño impulso en la producción que no cuesta nada”,
Carroll también destacó la genética que encontró durante las recorridas y señaló que le pareció “realmente buena”. “Me impresionaron mucho los rodeos de vacas y la calidad de los terneros”, afirmó. Además, se mostró sorprendido por el tiempo que los productores de cría argentinos mantienen a los terneros en sus establecimientos, mayor que en Estados Unidos. Allí, explicó, lo habitual es destetarlos entre los seis y los nueve meses y enviarlos directamente al mercado para que continúen con la siguiente etapa productiva.
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