
La imagen tradicional y actual del gaucho arquetípico y sus diferenciaciones regionales
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Cuando un extranjero llega por primera vez a nuestro país en viaje de turismo -y no de negocios-, seguramente pedirá ver gauchos y conocer su origen y sus hábitos. Traerá una imagen elaborada por la folletería de promoción.
En la jerga criolla, a este visitante actual solemos llamarlo "el forastero", perteneciente a la nomenclatura viajera y al tipo de turista provechoso. Similar curiosidad tendría yo si visitara Japón, donde me afanaría por ver a un samurái de cuerpo presente; o los EE.UU., por ver a un cowboy; en Rusia, por contemplar un cosaco.
La propuesta a futuro está en presentar al gaucho en las semejanzas y diferencias que lo caracterizan. Al gaucho en su memoria y réplica, no como versión de consumo.
Pretender que la presencia actual del gaucho es la exhibición real de la vida rural activa del país sería una tramoya o engaño irrespetuoso. "El forastero" o no nos creería o, acaso, nos juzgaría como país atrasado en más de un siglo. El gaucho, aún como idea, no merecería este trato.
Está a la mano el libro "Los gauchos. Su paisaje, sus costumbres, destrezas y lujos", editado en 1997. En ellos hallamos una correcta guía de la imagen y los hábitos del gaucho en su trascendencia a través de las épocas, expuestos en ocho regiones del país.
Valores raigales
Haré referencia a la permanencia de la idea-fuerza que es la inclinación conservatista de gente de campo y de tradicionalistas vocacionales por sostener el carácter de lo que en estos tiempos puede denominarse -valga la suntuosidad de la frase- vivencias de valores telúricos o raigales.
En los encuentros y fiestas tradicionales es posible observar fervor, orgullo y autenticidad en esos hombres de generaciones anteriores a la presente y a jóvenes cultores de hábitos y destrezas, que "ensillan" para probarse y mostrar modelos del pasado.
En las estancias de tierra adentro pueden presenciarse tareas a la antigua usanza, participadas por patrones y peones fieles, réplicas vivientes de tiempos que no tienen por qué ser añorados con abatimiento de nostalgias.
Existen cosas que se demuestran por la negativa. Los "hombres que saben" critican ciertas improcedencias especialmente en las pilchas de la vestimenta gaucha: trabas de hueso para el pañuelo de cuello, camisas despechugadas con cuello volcado, alpargatas para asociar modestia o humildad, boinas "vascas" de amplio y exagerado vuelo supliendo al típico sombrero, poncho atado al cogote y no puesto por la boca como corresponde y le da singular elegancia; y otras fantasías. Pero los llamados ballets folklóricos agregan su aporte a las adulteraciones.
Estas exhibiciones son demostrativas de que el modelo auténtico no se ha extinguido y existe en plenitud. Obran los contrastes.
El caso es aplicar la desaprobación oponiendo la autenticidad, sin caer en el engañoso "todo tiempo pasado fue mejor". En esto de tradición, gauchos y destrezas mucho tenemos para sostener. Convengamos, nada más, en que es verdad que el tiempo fue otro. El noble gaucho, con su airoso recuerdo, continúa dando ejemplos de presencia y de negación de rémoras. La Argentina, nuestro país, se presenta también en sus congruentes diversidades. Entre ellas, el gaucho.
Postura clásica
Creo no exagerar si animo la idea de que el culto de la tradición gaucha está contenida en una original disposición de protocolo, en cuyo ejercicio están no solamente la palabra, la imagen y el tono de voz, sino también el gesto del hombre, su postura clásica.
Podría ensayarse si, aún en lejano parentesco, las tareas del rodeo y el aparte, la yerra, la doma (no la "jineteada" espectáculo), el arreo, la rueda del fogón y de las danzas no tienen, según la región, visos de ceremonial.
"El forastero" tendrá cómo conocernos mejor. En esta aproximación a lo que son las semejanzas, mucho aportará que se descubra -vaya paradoja- al gaucho único en los distintos regionalismos.
Lector y ocasionalmente colaborador de Rincón Gaucho, encuentro en él un espacio para que desde la provincianía se divulguen los rasgos del gaucho.
Las Federaciones Gauchas tienen a su alcance y en su compromiso procurar que se promuevan los modos provincianos para componer el cuadro de una tradición abierta en sus desplazamientos. Las diferencias regionales hacen a la calidad de la cultura de un país.
Al no propiciar la "globalización" de sus valores, estaremos contribuyendo a la creación de esa suerte de colorido abanico que hace verosímil la aceptación de que en cada pago, el rasgo de semejanzas está en un paisano (o gaucho, como cuadre) y en el estilo nativo que es su cuño.
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