
Una antología de literatura popular de la provincia de Buenos Aires recoge cantares y versos tradicionales
1 minuto de lectura'
La tradición oral de la provincia de Buenos Aires corría el riesgo de perderse en la dispersión y la mera acumulación de materiales, según reconoce Adolfo Colombres, coordinador de una antología de literatura popular bonaerense, que fue presentada hace pocos días en el Museo Histórico de Luján.
Cuentos, leyendas, adivinanzas, coplas, dichos, proverbios, conjuros, payadas de contrapunto y cantos de improvisación fueron seleccionados por los investigadores Rubén Pérez Bugallo y Angel Hechenleitner, con la intención de sistematizar los relevamientos y las compilaciones previos y la enorme producción popular de los últimos cincuenta años, publicada en libros, folletos, diarios, revistas y hojas sueltas.
El frondoso panorama literario que se ofrece incluye entonces composiciones tradicionales y otras de creación reciente, aun cuando el folklore desdeña a las innovaciones artísticas contemporáneas por considerarlas una degradación de las formas antiguas.
Explica Colombres que, hasta el momento, el territorio bonaerense había quedado fuera del proceso recopilador que comienza en 1926 con la publicación del Cancionero popular de Catamarca, de Juan Alfonso Carrizo, y se cierra en 1947, con el Primer cancionero popular de Córdoba, de Guillermo A. Terrera, a pesar de las valiosas contribuciones que en distintos campos de la literatura oral hicieron autores como Ventura R. Lynch, Estanislao Zeballos, Jorge M. Furt, Robert Lehmann-Nitsche, Horacio Jorge Becco, Ismael Moya y Berta Vidal de Battini.
Este trabajo monumental, editado por Catálogos y por el Instituto Cultural bonaerense responde a una inquietud compartida por puebleros y estudiosos del folklore frente al patrimonio cultural que muere con los viejos memoriosos y la disgregación de antiguas recopilaciones.
Si bien existe conciencia de que la pérdida de la literatura oral es una forma de suicidio cultural, insiste Colombres, a menudo no se encuentra el camino apropiado para contribuir a su revitalización. En consecuencia, la principal finalidad de la obra es realimentar los declinantes circuitos de la oralidad y acercar esta producción literaria a las escuelas.
A la hora de transcribir las composiciones, los investigadores se permitieron cortar las repeticiones que no cumplen con una función estética y aligerar el texto de las excesivas deformaciones de palabras, introducidas a menudo por personas que no hablan así en su vida cotidiana, sino que se proponen remedar un estereotipo.
"El habla de la comunidad y el narrador deben estar presentes en toda su fuerza, pero no hasta el extremo de distraer al buen lector de lo universal del relato, de su sustancia narrativa, ni de alimentar la idea de que esa gente nada tiene que ver con la literatura", aclara Colombres.
De pago en pago
En el volumen dedicado al canto payadoresco se reconoce que el antecedente directo de la payada criolla fueron las pujas verbales de los gauchos que se encontraban en las pulperías y que podían terminar en duelos de a cuchillo.
El gaucho cantor, cronista de la sociedad iletrada de la primera mitad del siglo XIX, "andaba de pago en pago cantando a sus héroes de la pampa perseguidos por la Justicia, así como al llanto de la viuda a quien los indios robaran sus hijos, o a la muerte de Facundo Quiroga", describe Colombres. Entre esos cantos heroicos de su entorno cultural, el cantor introducía sus propias hazañas y penurias, las muertes que debía y las razones con las que las justificaba.
Los temas que predominaron inicialmente en la payada rioplatense fueron las luchas por la independencia y las libradas por los caudillos. Más tarde, recrearon los enfrentamientos políticos de los grandes partidos y enfatizaron la oposición entre el campo y la ciudad.
La época de oro del canto improvisado se extendió de 1890 a 1915, y fue fundamentalmente urbana pues la mayor parte de los payadores vivía y actuaba en Buenos Aires y en las principales ciudades del interior. Desaparecidas las pulperías o transformadas en almacenes de ramos generales, los payadores actuaron en bodegones y confiterías, y después pasaron al circo criollo y al teatro. Ellos recuperaron los olvidados arcaísmos castellanos en la llanura pampeana, modismos locales que resultan de una alteración de términos castizos del tiempo colonial y otros provenientes de lenguas indígenas.





