
La actividad recuperó rentabilidad y empiezan a notarse señales de mejoramiento: desde compra de carneros hasta acondicionamiento de instalaciones
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Tras la devaluación del peso, la ganadería ovina inició un proceso de recuperación caracterizado por la renovación genética, la reparación y ampliación de las instalaciones, y la inversión en el sector frigorífico, con miras la exportación de carne y cueros.
El camino por recorrer es largo si se tiene en cuenta la caída del stock ovino en la Argentina: en un siglo pasó de 74,3 a 13,5 millones de cabezas, según se estima hoy. Otro dato que indica todo lo que hay por hacer: de los 13.000 productores de ovinos en la Patagonia, 8000 llevan adelante una ganadería de subsistencia.
A pesar de ello, en los dos últimos años empezaron a manifestarse señales de recuperación: la retención de vientres, el interés por comprar carneros, la inversión en alambrados y galpones, y la adopción de paquetes tecnológicos para aumentar el porcentaje de señalada, el porcentaje de corderos logrados, la cantidad de kilos de lana por animal y, al mismo tiempo, mayor finura.
Respecto de este último aspecto hay que señalar que, según datos de la Federación Lanera Argentina, en los últimos 30 años la producción de lanas finas pasó del 30,8% al 51,6% del total, las cruzas finas pasaron de 46,5% al 30,3% de la zafra, mientras que las lanas gruesas disminuyeron su participación de 17,8% a 3,81 por ciento. Esto se explica por una menor caída de las existencias ovinas en Río Negro y Chubut -donde predomina el ovino fino y no hay otra alternativa económica que lo reemplace-, respecto del Litoral y la pampa húmeda.
Esta semana se produjo otro hecho que demuestra la confianza de los empresarios en el potencial de la actividad. Carlo Benetton, presidente de Cía. de Tierras Sud Argentino, anunció que invertirá unos 45 millones de dólares en la construcción de un frigorífico y de una curtiembre, en Comodoro Rivadavia.
Ahora bien, para que la Argentina se destaque en el mundo como productora de carne y lana ovinas la pampa húmeda debería recuperar protagonismo en la actividad, puesto que es la región con mayor capacidad forrajera y, como consecuencia, con posibilidades de aumentar significativamente la población ovina, señalan Alejandro Duhart, presidente de la Asociación de Criadores de Merino, y Pablo Borrelli, gerente de Ovis XXI. Sin embargo, es allí donde más tiempo llevará recuperar la cultura ovina, y donde el uso de la tierra aún está fuertemente condicionado por la expansión de la soja.
Si se tiene en cuenta que el país dispone de una cuota de 23.000 toneladas de carne ovina en la UE y que en los primeros meses del año se vendieron al exterior 4770 toneladas de carnes ovinas frescas, por un valor de 12,3 millones de dólares, se verá claramente la brecha que queda por cubrir.
Coinciden Duhart y Borrelli en la importancia de encarar planteos de alta eficiencia productiva puesto que competidores como Nueva Zelanda tienen márgenes de señalada de 130% en promedio, mientras que la Argentina no supera el 60 por ciento. "Habría que importar razas con mayor prolificidad y eficiencia en la conversión de pasto a carne, a lana y a leche", dijo Duhart.
"Si alguien quisiera producir soja en la pampa húmeda trataría de recurrir a los paquetes tecnológicos modernos, que incluyen nuevos conocimientos para optimizar la producción y reducir los costos. Lo mismo sucede con la producción ovina", comentó Borrelli.
En consecuencia, el interés que ellos notan hoy por la cría ovina no debería orientarse a la reconstrucción del viejo negocio sino a organizar uno nuevo, basado en una rigurosa planificación de los procesos que van de los cruzamientos y la selección a la organización del pastoreo, el manejo sanitario, el control del abigeato y la comercialización eficiente de las carnes y las lanas.
Esto supone que ya no se puede echar las ovejas en los peores campos o en los rastrojos. Por el contrario, Borrelli aconseja a los productores de la pampa húmeda asignar a la majada las mejores pasturas y darle prioridad respecto de la hacienda de invernada. Sólo mediante un planteo de alta tecnología -subrayó-, podría conseguirse un margen bruto cinco o seis veces más alto que el de la invernada de novillos (sobre la base de igual carga animal), similar al del maíz y superior al del trigo.
Según Borrelli, la ganadería ovina "tiene un costo de oportunidad nulo o muy bajo respecto de las actividades agrícolas. Para los campos mixtos, donde la rotación con ganadería tiene sentido por cuestiones edáficas, sanitarias y de diversificación de riesgos, este punto es significativo".
"Instalar una majada ovina significa una inversión única, luego se tienen bajos costos anuales de capital circulante. En cambio, hacer una hectárea de invernada o de agricultura implica necesariamente un desembolso de capital que debe hacerse todos los años", agregó.
El instrumento legal
Según Pablo Serres, vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), empieza a notarse el interés de los ganaderos por adherirse a los beneficios de la ley de recuperación de la ganadería ovina, a pesar de que en la Patagonia todavía quedan muchos que no pudieron saldar sus deudas con el Banco Nación. El dirigente, que pertenece a la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia, reclamó al Gobierno que revea la situación de esos productores que en los años noventa tuvieron la desgracia de que se combinaran emergencias climáticas con precios internacionales desfavorables.
Por su parte, Jorge Srodek, presidente de la unidad ejecutora de la ley en Buenos Aires, también señaló la demanda creciente por acceder a financiamiento para mejoras en la infraestructura y para la compra de ovejas y de carneros, entre otras inversiones.





