En sistemas cada vez más intensificados, el análisis de suelo, la evaluación de balances de nutrientes y la planificación conjunta de la secuencia de cultivos constituyen herramientas fundamentales para sostener la productividad, mejorar la eficiencia de uso de los fertilizantes y preservar la fertilidad de los suelos en el largo plazo
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El análisis de suelo constituye la base para definir estrategias de fertilización eficientes. En sistemas intensificados, como la secuencia trigo-soja, la nutrición debe planificarse considerando los requerimientos de toda la secuencia de cultivos y no solamente de cada cultivo en forma individual.
La intensificación de los sistemas agrícolas ha incrementado la importancia de la planificación nutricional de los cultivos. La soja continúa siendo uno de los principales componentes de los sistemas de producción de la Argentina, tanto por la superficie que ocupa como por su contribución a la producción de granos. Su participación en secuencias de cultivos cada vez más intensificadas plantea nuevos desafíos para el manejo de los nutrientes y para el sostenimiento de la fertilidad de los suelos.
En este contexto, la secuencia trigo-soja es una de las principales estrategias para incrementar la producción anual de granos por unidad de superficie. La creciente participación de la soja de segunda dentro del área sembrada ha reforzado la necesidad de planificar la nutrición desde una perspectiva sistémica, considerando no solo los requerimientos de cada cultivo sino también las interacciones que ocurren entre ellos. Sostener estos niveles de productividad requiere una adecuada reposición de nutrientes y una visión integrada de la fertilización.
El diagnóstico de la fertilidad del suelo constituye el punto de partida para cualquier estrategia de manejo nutricional. El análisis de suelo permite conocer la disponibilidad de nutrientes, identificar posibles limitaciones y ajustar las dosis de fertilización a las necesidades reales de cada ambiente. Esta información adquiere una relevancia aún mayor en campañas donde el costo de los fertilizantes representa una proporción importante de los costos de producción.
Los relevamientos realizados en distintas regiones productivas muestran una disminución progresiva de los niveles de materia orgánica y de nutrientes disponibles en áreas con prolongada historia agrícola. Los niveles de fósforo por debajo de los umbrales considerados adecuados continúan siendo frecuentes en gran parte de la región pampeana, mientras que las respuestas a azufre son habituales en ambientes con una larga historia agrícola y balances negativos de nutrientes. En determinadas áreas también comienzan a observarse respuestas a micronutrientes como zinc y boro.

La soja presenta características particulares desde el punto de vista nutricional. Sus requerimientos de nitrógeno son elevados, del orden de 80 kg por tonelada de grano producida, pero alrededor del 60% de esta demanda es cubierta mediante la fijación biológica de nitrógeno. Por esta razón, la inoculación adecuada continúa siendo una práctica fundamental para asegurar el aporte de este nutriente. Sin embargo, la producción del cultivo depende también de una adecuada disponibilidad de fósforo, azufre y otros nutrientes esenciales que deben ser suministrados por el suelo o mediante fertilización.
La importancia de estos nutrientes se acentúa en los planteos de soja de segunda. En los sistemas de doble cultivo, la disponibilidad de nutrientes para la soja no puede analizarse aisladamente, ya que está condicionada tanto por la fertilidad del suelo como por las decisiones de manejo y fertilización adoptadas a escala de la secuencia de cultivos. El trigo extrae cantidades importantes de nutrientes y modifica la dinámica de disponibilidad para el cultivo siguiente, por lo que la evaluación de la fertilización debe realizarse considerando la secuencia completa. Como referencia, una secuencia trigo-soja con rendimientos de 4,5 t ha⁻¹ de trigo y 3 t ha⁻¹ de soja puede exportar en los granos alrededor de 30 kg de fósforo y 18 kg de azufre por hectárea, lo que pone de manifiesto la importancia de planificar la reposición de nutrientes para sostener la productividad del sistema.
En muchas situaciones, la fertilización del trigo se define principalmente en función de los requerimientos de ese cultivo. Sin embargo, cuando las dosis aplicadas no contemplan la demanda del doble cultivo, la soja posterior puede desarrollarse bajo condiciones de menor disponibilidad de nutrientes. Este escenario cobra especial importancia luego de varias campañas con altos rendimientos, donde la extracción acumulada de nutrientes ha contribuido al agotamiento progresivo de las reservas del suelo.
El fósforo constituye uno de los nutrientes más frecuentemente limitantes para la producción de soja. La probabilidad de respuesta a la fertilización aumenta cuando los niveles de fósforo extractable en el suelo son bajos, por lo que el análisis de suelo resulta indispensable para definir estrategias de manejo. Diversos trabajos realizados en la región pampeana han demostrado que, en secuencias trigo-soja, la fertilización fosfatada puede planificarse considerando los requerimientos de ambos cultivos, aprovechando los efectos residuales del nutriente.
Azufre
Una situación similar ocurre con el azufre. La soja de segunda suele iniciar su ciclo con una menor disponibilidad de sulfatos respecto de una soja de primera debido a la ausencia de un período prolongado de barbecho que permita su acumulación por mineralización. Además, los residuos del cultivo de trigo pueden favorecer procesos temporarios de inmovilización durante su descomposición. Como consecuencia, la probabilidad de respuesta a la fertilización azufrada suele ser mayor en estos planteos.
Los resultados obtenidos en diferentes redes experimentales muestran que la soja de segunda responde de manera similar cuando el fósforo y el azufre se aplican directamente al cultivo o cuando se incorporan al momento de la siembra del trigo en dosis planificadas para abastecer la demanda de toda la secuencia. Estos resultados resaltan la importancia de adoptar una visión integrada de la nutrición, considerando los efectos directos y residuales de la fertilización.

En un contexto de costos elevados de fertilizantes, la estrategia no debería centrarse únicamente en reducir dosis, sino en mejorar la eficiencia de uso de los nutrientes mediante diagnósticos precisos y una adecuada planificación. La fertilización de la soja no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de un cultivo individual. En sistemas cada vez más intensificados, el análisis de suelo, la evaluación de balances de nutrientes y la planificación conjunta de la secuencia de cultivos constituyen herramientas fundamentales para sostener la productividad, mejorar la eficiencia de uso de los fertilizantes y preservar la fertilidad de los suelos en el largo plazo.
El autor es investigador del INTA Oliveros
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